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jueves, 10 de noviembre de 2011

Cerámica ibérica.



Lo que mejor conocemos es la pintura vascular (cerámica). Bosch Gimpera realizó una clasificación de la cerámica ibérica por regiones que, salvo pequeñas modificaciones, se sigue manteniendo. En el libro de Pericot tenemos los seis tipos más característicos: ánforas, tinajas, grandes recipientes, kálatos o "sombrero de copa" (de creación ibérica), jarros y platos (Ver ilustración). También podemos hablar de varias zonas respecto a la decoración de las cerámicas: andaluza, sudeste, Liria (Valencia), Azaila (Teruel) y zona catalana. También aparece cerámica en Castilla, concretamente en Numancia, pero esta cerámica es celtibérica y tiene como característica dibujos rojos sobre fondo amarillento. (esto se muestra para ver la diferencia con la cerámica ibérica)
De todas estas formas hay una a destacar por ser genuinamente ibérica, indígena6; el kálatos ibérico o “sombrero de copa”. Aparece en la fase tardía, a mediados del s. III . la vamos a ver muy utilizada por los talleres de Elche-Archena. También aparece en los talleres del sur.
Esta forma, a lo largo del s. II y 1ª mitad del I , la vamos a encontrar en las Baleares, Córcega, Cerdeña, Sicilia, Norte deÁfrica, e Italia. La dispersión puede estar unida a su funcionalidad. Se utilizó para el transporte de productos, por ejemplo, miel, frutos secos,.. Es una pieza que se pudo usar también como urna cineraria. El borde horizontal es algo desarrollado. Estos vasos son apropiados para el desarrollo de la decoración.
Tenemos diferentes focos dentro de los talleres. Hay otros tipos aparte de la cerámica pintada y también una cerámica de engobes o barnices rojos.
6 Pese a que el nombre es griego y designa otro tipo de vaso en la cerámica griega

Fue Emeterio Cuadrado el que hizo la distinción entre cerámica tarteso-oriental y cerámica ibérica.

Zona andaluza o turdetana

En la zona andaluza son típicos las espirales y semicírculos y, es decir, los motivos geométricos, que decoran piezas como los kálatos o sombreros de copa, pieza típicamente ibérica, que surge a mediados del siglo III y que se difunde desde finales de este siglo. Esta forma no sólo la encontramos en la Península Ibérica, sino también en zonas del Mediterráneo como Liguria, Sicilia... Tenían tapadera y con seguridad eran contenedores de frutos secos, miel o gárum.
Hoy conocemos hornos donde se fabricaron estas cerámicas, como por ejemplo Ronda, Arroyo Hondo (Álora). En Álamo .? No aparecieron hornos pero sí recipientes apilados y un almacén o punto de venta.
Los límites cronológicos para la cerámica ibérica serían a partir del siglo VI a. C.. También sabemos que en Andújar se estuvo fabricando cerámica hasta época de Tiberio.
En cuanto a la tipología, en la zona del sur hay un estancamiento y empiezan a imitarse formas griegas. Traslación de unas formas griegas a la cerámica ibérica. La decoración se realiza en motivos geométricos, motivos rojo oscuro sobre un fondo claro amarillento. Es una cerámica hecha a torno, bien decantada. Estos motivos decorativos serían círculos... habría que empalmarlo con las cerámicas fenicias. Tenemos ánforas, tinajas...
La decoración se realiza a base de bandas, semicírculos, círculos, líneas paralelas y onduladas. También es frecuente en los platos. En Arroyo Hondo se encontraron platos con una decoración espiral, después, los motivos serán rojos sobre fondo claro, excepto en la tumba de Baza donde se dará una policromía mayor. En la necrópolis de Galera tendremos líneas onduladas, rosetas, bandas, semicírculos, círculos... todo ello sobre fondo claro
Otros ejemplos son:
* Tipos cerámicos de Toya (Jaén) que presentan la boca hacia afuera, la mayoría con decoración a bandas, semicírculos, espirales etc.

Cerámica procedente de Toya (Museo Arqueológico Nacional)
* Cerámica de Tútugi con decoración similar y algunas palmetas. (Museo Arqueológico Nacional)
* Cerámicas con formas fenicio púnicas.
Zona del sudeste.
En la zona del sudeste tenemos piezas con líneas onduladas quebradas, piezas con decoración de bandas, piezas con elementos vegetales (elementos comunes en línea con la zona andaluza), pero como novedad, tenemos un estilo simbólico con pájaros, lobos y diosas aladas protectoras de los animales.

Cerámica ibérica

 

 Los investigadores definen más habitualmente como cerámica ibérica una producción alfarera a torno, cocida a alta temperatura en hornos de cocción oxidante, fechada del siglo VI al I a. C. El término "cerámica ibérica" resulta demasiado genérico e impreciso para la gran variedad de producciones a las cuales se puede aplicar, suele referirse en primera instancia a la cerámica ibérica pintada, que es una vajilla fina decorada con motivos geométricos, florales o humanos de color rojo vinoso. Además de esta categoría que es la más común y generalizada del territorio ibérico, existen otras variedades de idéntica tecnología y distribución, como la cerámica ibérica lisa (sin decoración), la cerámica ibérica bruñida con decoración impresa, muy difundida en la Meseta o de otras técnicas como la cerámica de cocina, cuya pasta incluye desengrasantes que le proporcionan propiedades refractarias, o las cerámicas grises que proceden de cocciones reductoras; lo mismo que la cerámica gris, extremadamente común en el noreste peninsular puede ser lisa o pintada en blanco.
La existencia de diferentes producciones regionales ha propiciado que en un primer momento los estudios de la cerámica ibérica se limitaran a colecciones específicas (el Valle del Ebro la Alta Andalucía,La Provincia de Alicante,la región de Murcia), aunque existen diferentes propuestas de síntesis general.
En cuanto al origen de las cerámicas ibéricas pintadas, el estado actual de la investigación establece una clara correlación entre las importaciones fenicias del siglo VII a. C. y las primeras cerámicas a torno ibéricas que empiezan imitando aquellos prototipos, tanto en forma como en decoración, para consolidar posteriormente tipologías genuinas que incorporan también formas tradicionales del Hierro antiguo y formas de inspiración griega, cuando no directamente sus imitaciones.


Los orígenes de la cerámica ibérica

 

En el estado actual de la investigación existe un consenso sobre el origen fenicio de las fuentes de inspiración que dieron lugar a las formas de la cerámica ibérica. A lo largo del siglo VII a. C. las ánforas, tinajas y otras cerámicas a torno, lisas o pintadas fenicias introducidas en el medio indígena peninsular desde las colonias fenicias de Andalucía, dieron lugar a una corriente de imitaciones, burdas en un principio, pero gracias al torno de alfarero y al horno de cámara alcanzaron pronto un alto nivel tecnológico. Las formas que alcanzaron mayor popularidad en esta fase inicial son el ánfora tipo R1 (Rachgoun 1), la tinaja pithoide y la urna del tipo Cruz del Negro. Evidenciado por primera vez en Los Saladares (Orihuela),   este proceso de aculturación que forma parte de la dinámica orientalizante, ofrece sus mejores testimonios en el sur y el sureste [península ibérica|[peninsular]] (de la costa de Huelva a la cuenca del Júcar) sin que sea posible constatar un único foco de difusión. En el Cerro de Los Infantes (Granada) un alfar indígena producía ánforas de tipología fenicia a inicios del siglo VI a. C. asimismo, l'Alt de Benimaquia (Denia) ofrece testimonios de una producción vinaria indígena incipiente del mismo momento en un contexto en el que abundan las ánforas fenicias y sus imitaciones indígenas a torno, o sea ibéricas. Estas excavaciones arqueológicas proporcionan de paso la hipótesis que la producción de vino, un brebaje exótico desconocido hasta que lo trajeron los fenicios, y la necesidad de producir ánforas, un envase que no formaba parte de los repertorios locales, motivó el cambio tecnológico (torno, horno de cámara) del que resultó la cerámica ibérica. Este proceso resultó ser eminentemente meridional ya que los contactos con los fenicios no acarrearon reacciones de aculturación semejantes en las comunidades indígenas del este y noreste peninsular, tal y como se ha comprobado en Vinarragell (Burriana), Aldovesta (Benifallet). Éstas adoptaron a partir de la segunda mitad del siglo VI a. C. entre otras mutaciones rotundas de sus modos de vida, una cerámica ibérica ya elaborada, procedente del sur y del sureste como se constata en l'Illa d'En Reixach (Ullastret).
En resumen, a partir de finales del siglo VII a. C. y durante gran parte del siglo VI a. C., las primeras cerámicas ibéricas pintadas y lisas del sur y sureste peninsular muestran repertorios de clara filiación fenicia, sobre todo en lo que se refiere a los grandes contenedores como ánforas o tinajas, que incorporan poco a poco formas nacidas de la creatividad indígena.

La urna de orejetas perforadas

Por su tipología, funcionalidad y difusión, la urna de orejetas perforadas constituye la forma más emblemática de la cerámica ibérica pintada durante el periodo Ibérico Antiguo. El prototipo no procede del ingenio indígena, sino de una forma de origen oriental que alcanzó en el territorio ibérico una enorme popularidad. El cierre hermético de su tapadera hacía de este vaso una forma idónea para la función de urna cineraria y desde el Molar en el Bajo Segura (Alicante), hasta Saint Julien (Pézenas) a orillas del Hérault, la mayoría de las necrópolis ibéricas de los siglos VI y V a. C. incorporan la urna de orejetas perforadas en alguna de sus tumbas. Solveig Nordström ha descrito la técnica de fabricación que permitía el encaje exacto y hermético de la tapadera sobre la urna: Ésta se elaboraba de una sola pieza, incluyendo las orejetas, y luego la tapadera era recortada sobre el torno, con la arcilla todavía blanda. Las orejetas son esos apéndices diametralmente opuestos del vaso y la tapa, atravesadas transversalmente por una perforación que podía cerrarse garantizando el bloqueo de la tapa.
La importancia de la urna de orejetas perforadas radica en un triple motivo. Aunque preexistente, la forma sólo alcanzó popularidad en el marco de la Cultura Ibérica; de hecho su popularización marca el fin del período orientalizante de palpable filiación fenicia y el inicio de lo genuinamente ibérico. Su cronología hace de ella un fósil director del período Ibérico Antiguo, ya que aparece hacia mediados del siglo VI a. C. y cae en desuso a inicios del siglo IV a. C. Finalmente, su distribución del río Segura al Hérault indica que, contrariamente al período anterior, todos los pueblos de esta franja costera constituían una koiné, una comunidad de intereses, posiblemente comerciales y, porqué no, culturales, cuyo factor de cohesión e identificación era ya en el siglo VI a. C. la Cultura Ibérica.

Las cerámicas ibéricas del período pleno

Miquel Tarradell y Joan Sanmartí Grego (1980) habían constatado la uniformidad tipológica del período antiguo, ya que las mismas formas y decoraciones se hallaban distribuidas en todo el territorio ibérico; sin embargo, a partir del s. IV a. C. se constata una diversificación de los repertorios formales y decorativos que ha acarreado la fragmentación de los estudios sobre la ceràmica ibérica desde sus ámbitos regionales. Porque indudablemente existen rotundas diferencias entre el noreste peninsular, donde la cerámica ibérica pintada cae en desuso siendo substituida por producciones grises monocromas, y el sureste, donde las tipologías de formas consolidan prototipos y donde las artes decorativas alcanzan cierto grado de creatividad y sofisticación.

 

La cerámica ibérica de cocina

La tradición cerámica ibérica alcanzó el ámbito culinario desde el período ibérico antiguo, de forma que en gran parte del territorio ibérico las producciones modeladas a mano fueron desapareciendo a lo largo de los siglos VI y V a. C. En la provincia de Castellón, el río Mijares marca el límite entre la tradición de cerámicas ibéricas a torno y a mano ya que al norte de dicho río, en toda Cataluña y en Languedoc la tradición de las cerámicas de cocina a mano perduró hasta el Imperio romano. Las cerámicas ibéricas de cocina cuentan con un reducido repertorio de formas del que destaca una olla globular, panzuda, de perfil bitrococónico, borde saliente y base cóncava, y una tapadera hemisférica de pomo anillado. Este "servicio" existe en una gran variedad de tamaños, con pocas variaciones tipológicas. La técnica de elaboración de la cerámica de cocina resulta algo más compleja que la cerámica fina, debido a la inclusión deliberada de desengrasante en la arcilla, que no hay que confundir con las finas partículas, por ejemplo de mica dorada, contenidas de forma natural en el material arcilloso usado por los alfareros. El desengrasante tenía la finalidad de otorgar propiedades refractarias a la cerámica, ya que sin él la diferencia de temperatura entre el interior y el exterior de las ollas de cerámica puestas al fuego hubiera provocado su resquebrajamiento. En el ámbito edetano, el desengrasante de la cerámica de cocina incluye cuarzo molido bastante grueso, con una granulometría grande. Otras inclusiones como la calcita se han disuelto con el tiempo y han dejado poros en la superficie de los vasos. Finalmente, la cocción de esta categoría de cerámica es de técnica reductora, es decir que su gama de colores incluye grises, amarillentos, marrones y negros. La vocación doméstica y culinaria de estas cerámicas es indudable ya que muchas de ellas ostentan en su base los rastros inequívocos de haber permanecido en un hogar. Sin embargo, está documentado su uso como urna de enterramiento o como vaso de almacenaje.

Las cerámicas bruñidas con decoración impresa

En el período Ibérico Pleno se consolidan algunas producciones que empezaron a elaborarse en el siglo anterior, como las cerámicas con decoración impresa cuyas características permiten ahora diferenciar áreas de fabricación. Las cerámicas con decoración impresa también se han incorporado al conjunto de producciones ibéricas. El primero en realizar una recopilación sobre esta técnica decorativa fue Cura para Cataluña, a la que siguieron la Meseta oriental, Murcia, Andalucía oriental y Valencia. En el territorio de la ciudad de Kelin (Caudete de Las Fuentes, Valencia) se ha definido una producción propia con decoración de ovas, espigas, flores, volutas, etc. que perdurará toda centuria siguiente; en Murcia, se han diferenciado tanto cerámicas con impresiones de estilo indígena como otras que imitan sellos clásicos, llegando a proponer, algunos autores, el uso de matrices importadas; mientras que en la Oretania se pueden distinguir las producciones del Norte, con el Cerro de las Cabezas (Valdepeñas) como centro más importante (Fernández Maroto et alii, 2007), y las procedentes del Alto Guadalquivir; también en Cataluña, hay decoración impresa sobre cerámica gris.

Las cerámicas ibéricas de barniz rojo

Las cerámicas de engobe o barniz rojo tienen su localización en áreas geográficas más concretas, lo que facilita su identificación. Emeterio Cuadrado el primero caracterizó las producciones de Murcia y Albacete, utilizando a menudo el término de cerámicas Ibero-Turdetanas. Más tarde se diferenciaron las producciones ilergetas, las oretanas, con y sin decoración impresa,y las del territorio de cuyo estudio es todavía muy incipiente.

Las imitaciones

Una de las características de la cerámica ibérica es que a lo largo del tiempo, su repertorio de formas fue incorporado reinterpretándolos algunos de los prototipos más populares de las producciones fenicias, púnicas, griegas y finalmente romanas. El fenómeno de la imitación se da con más frecuencia en las llamadas producciones de prestigio, con especial predilección hacia las cerámicas áticas de figuras rojas y de barniz negro, las cerámicas de barniz negro helenísticas y romanas, reflejando el valor ideológico que les otorgaban los indígenas.

Las cerámicas grises monocromas del noreste peninsular

Durante el período Ibérico Pleno, las cerámicas ibéricas pintadas que constituyen la gran mayoría de producciones ibéricas caen en desuso en el noreste peninsular donde se afianzan las cerámicas grises cuyo uso se había consolidado en el período anterior atribuyéndose a la tradición focea de las cercanas colonias griegas de Emporion, Rhode y Agathe. Las producciones mejor definidas de este período son, pues, la llamada cerámica "gris monocroma" o "gris de la costa catalana", con formas destinadas fundamentalmente a la vajilla de mesa.[25] Algunos de los tipos más característicos son las jarritas, copas, platos, jarros, askoi y kantharoi. En este repertorio, la jarrita bicónica con un asa vertical alcanzó una enorme popularidad tanto en el ámbito peninsular como en el resto de la cuenca occidental del mediterráneo, donde aparece junto con el «Sombrero de Copa» a partir de finales del siglo III a. C. También en el área indigeta se produce una cerámica muy peculiar decorada con pintura blanca, cuyo alfar estaría ubicado en el entorno inmediato del Puig de Sant Andreu de Ullastret[26] y que llega incluso a producir decoraciones figuradas de guerreros y jinetes a imitación de los estilos levantinos. Se fecha entre la segunda mitad del siglo IV y todo el III a. C., pero con un ámbito de difusión muy reducido.

Del período Ibérico Pleno al Ibérico Tardío

 

A partir del último cuarto del s. III a. C. y durante el s. II a. C. las decoraciones de las cerámicas ibéricas pintadas del este peninsular sufren un salto cualitativo cuyo máximo exponente consiste en el enriquecimiento de los repertorios decorativos con motivos vegetales y florales, epigráficos, animales y humanos, aunque la gran mayoría de las producciones siguen ostentando decoraciones estrictamente geométricas.
    Las diferencias regionales en estilos pictóricos y en contenidos temáticos fueron detalladamente descritas por Miquel Tarradell.
     Desde una perspectiva antropológica, las nuevas decoraciones dejan sospechar la existencia de artesanos especializados muy cualificados, ya que algunos escriben, y constituyen el testimonio de una producción de bienes de prestigio incentivada desde los más altos estamentos de las sociedades urbanas. Y aunque existen diferentes estilos y cronologías, el denominador común de todas ellas es que reflejan los valores universalmente asociados a las aristocracias.
Por otra parte, no se puede negar que en mayor o menor medida las diferentes producciones estén emparentadas, por lo que reflejan también la intensidad de contactos inter-tribales a pesar de un alejamiento geográfico a menudo considerable.