CERÁMICA ROMANA
DE TRADICIÓN IBERICA
EI valle del Guadalentin, por su ubicación y
condicionantes geográficos, recoge la presencia de las diversas culturas que
poblaron el sureste peninsular, por lo que no es extraño constatar Ia presencia
humana en el territorio desde el periodo Eneolitico, con testimonios de las
culturas argárica, ibérica, romana, islámica y cristiana, haciendo referencia a
la existencia o no, de núcleos de gran relevancia.
La proximidad a la costa y la
ubicación en un valle que constituye una excelente vía de comunicación
propiciaron los contactos con gentes venidas del otro lado del mar. Así, en las
excavaciones realizadas en el casco antiguo de Alhama, dentro de un contexto
ibérico, han aparecido cerámicas éticas de barniz negro y un extraordinario
ejemplar de copa de cerámica del tipo Gnathiak procedente de la Campania
italiana y fechado hacia el siglo III a.C. La presencia romana debió cautivar
muy pronto a los permeables habitantes ibéricos que conocieron una temprana
romanización y, hacia el cambio de era, se construyo un importante establecimiento
termal que propiciara la llegada de gentes con nuevas modas, costumbres,
cultos, etc., sin duda, en relación con la población de la cercana Carthago
Nova.
OLPE
Con la denominación de "olpe" se
define en terminología cerámica un tipo de jarro de panza abultada y cuello
alto, con una o dos asas, que presenta un hombro generalmente amplio en el que
con frecuencia hay espacio suficiente para situar una decoración. El tipo es de
clara ascendencia romana, y se debe generalizar como consecuencia de la
difusión por el Mediterráneo de determinadas formas de cerámica común de uso
doméstico '.
En la costa levantina, el olpe tiene una
especial difusión, pues recoge la antorcha de las alfarerías indígenas que
declinan a comienzos del Imperio e imprime una tipología peculiar que permitirá
el mantenimiento de las tradiciones cerámicas ibéricas hasta el Bajo Imperio. A mediados del siglo I d.C., en los
niveles de los yacimientos ibéricos costeros del Levante, se observa un declive
acusado de las producciones características del periodo republicano; es decir,
se extingue paulatinamente la clásica cerámica ibérica de grandes recipientes,
con profusa decoración o con sencillos adornos geométricos, y solo en algunos
casos esta extinción
EL OLPE DE ALHAMA DE MURCIA
Una pieza excepcional en
Alhama de Murcia°
Conocemos los yacimientos romanos
citados a través de los hallazgos de superficie, sobre todo, por numerosos
fragmentos cerámicos que nos permiten una aproximación al conocimiento de este
poblamiento y su cronología. La aparición de un vaso cerámico, tipo olpe, en la
pedanía de La Costera, paraje conocido como Casa de Martín Rodríguez, al pie de
Ia Sierra de Carrascoy confirmaba la importancia de este poblamiento romano.
Este olpe, forma 19 de la tipología de Abascal Palazons, presenta abundantes
paralelos en Ia zona alicantina y afianza el planteamiento de un territorio
intensamente romanizado en el que están llegando influencias sociales,
religiosas, etc. a través del valle del Guadalentln.

Su tipologia se corresponde con la
forma olpe, de labio vuelto al exterior desde su cuello divergente; este ultimo
enlaza suavemente con el cuerpo del vaso de perfil ovoide. La base es simple
con umbo central, tiene un asa vertical con acanaladura central que se curva en
ángulo recto a la altura del labio y apoya directamente sobre él. Como detalle
original presenta un apoyo en la parte superior de la misma, quizá de tipo
funcional a la vez que decorativo por sus características.
La pieza, fabricada con una
arcilla blanda de pasta anaranjada, tiene unas dimensiones de altura total: 303
mm; diámetro boca: 96 mm; diámetro máximo: 190 mm; y diámetro base: 82 mm.
Su decoración ocupa dos zonas
claramente diferenciadas por el tipo de
motivos decorativos:
Una primera zona corresponde al
galbo de la pieza y esta decorada con motivos geometricos hasta el arranque del
cuello. A 56 mm de la base aparecen dos Iineas rectas paralelas horizontales,
con una anchura de 8 mm cada una. Este motivo podemos identificarlo con el tipo
decorativo A.1.2. de Ros Sala?
Seguidamente, hacia el centro del galbo, presenta una
banda de 16 mm de anchura enmarcada por dos Iineas rectas paralelas
horizontales, de 4 mm de anchura cada una, identificadas con el tipo decorativo
A.2.2. de Ros Sala. Este mismo motivo se repite en Ia parte superior del galbo
con las mis- mas dimensiones y características.
La segunda zona corresponde al
cuello de la pieza. En este se encuentra el motivo principal y varios motivos
secundarios que lo adornan, complementan y rodean. Tras la banda pintada, antes
mencionada, aparece un tipo de hoja esquematizada, identificada con el motivo
B.3.4.', que alterna con otro motivo indeterminado, el cual consta de una Ilnea
vertical dentro de círculos rellenos de color, relacionado con el tipo D.1.°.
En el cuello se encuentra, como hemos dicho, el motivo principal: un falo
erecto, reflejando con gran detalle el atributo masculino, que se presenta de
dos formas: pintado y aplicado, como aparece en casi todas las piezas
documentadas en el valle del Ebro,
La Rioja, León o Caesaraugusta, no
cubriendo todo el vaso y limitándose a uno, tres o cinco, diferente a la
profusa decoración del de Alhama.
Los motivos secundarios que
complementan la representación fálica
son los que denominamos
"racimo", colgado o brotando del motivo principal, y puntos o trazos
horizontales, de diferente longitud, que rodean a este ultimo y llegan hasta el
borde.
Los trazos horizontales aparecen,
asimismo, en el asa, con una longitud de 20 mm cada uno.
Paralelos y cronología
La cerámica romana
pintada de tradición indígena posee una diferenciación propia, basada en una
serie de elementos formales y estilísticos que permiten hablar de estas
producciones desde el siglo I a.C. hasta el siglo IV d.C.
Se trata de un grupo cerámico
que, por el tipo de arcilla con que están fabricadas, por su forma y por sus
contextos arqueológicos, pertenecen al mundo romano, aunque en su decoración
aparecen motivos ibéricos pintados de color rojo vinoso.
Los paralelos tipológicos de estos
vasos presentan unas características comunes a todos ellos su pasta anaranjada,
los motivos, pintados en el color rojo mencionado, de tipo geométrico y vegetal
(líneas, bandas, pequeños trazos horizontales, hojas vegetales
esquemáticas.") que se distribuyen de igual forma en todas las piezas.
Así, el galbo va siempre pintado con líneas o bandas y es el cuello el que
recoge el motivo vegetal o figurativo.
EI oIpe de Alhama de Murcia se
puede identificar con la forma 19 de AbascaI‘°, que aparece en numerosos
ejemplos de estas producciones en cuanto a tipología, no en decoración, como el
olpe aparecido de forma casual en Totana, otros ejemplares encontrados en Santa
PoIa", La Alcudia, el TossaI de Manises... y las cronologías se sitúan
entre los siglos I y II d.C., aunque la perduración de estas producciones esta
confirmada en el yacimiento de La Alcudia de Elche hasta los siglos III y IV
d.C., apareciendo asociadas a cerámicas grises y sigillatas claras. En este
yacimiento se han recuperado varios olpes de la misma tipología, unos con
decoración en espirales y lineas onduladas‘2 y otros, con trazos verticales
paraIeIos". De todos los olpes pertenecientes al yacimiento ilicitano,
existe un ejemplar cuyas caracteristicas Io aproximan al nuestre.
Se trata de una pieza, menos esbelta que el olpe de Alhama, que
presenta un apéndice en el codo del asa y una base alzada sin pie
señalado". Otros olpes del Tossal de Manises (Alicante), procedentes de
las excavaciones realizadas en los anos 1966-67, son de similares características
decorativas, junto a otro depositado en el Museo Provincial de AIicante’“.
En nuestro caso, al no poder
asociar la pieza a un contexto arqueológico claro, debido a las características
del hallazgo, se realizo una prospección de la zona, recuperando abundante
cerámica romana que aparecía mezclada en superficie con cerámica islámica.
EI motivo decorativo
representado en este olpe tiene, sin duda, una relación muy estrecha con los
cultos fálicos en la Antigüedad, aunque el desconocimiento del hecho religioso
hace que se nos escapen detalles que en la espiritualidad de los antiguos
debieron ser entendibles por parte de sus usuarios o destinatarios, y que,
finalmente, en los siglos siguientes estos motivos llegaran a ser habituales y
cotidianos, es decir, meramente decorativos.
Concepto religioso
En el concepto religioso, el culto
al falo carece en absoluto de obscenidad y se halla difundido en religiones
orientales primitivas (India, Japón, Perú) como símbolo de una energía divina;
de esta forma, es venerado como
emblema de poder generativo en la
mujer estéril, en las plantas, ganados,
etc. En resumen, es una fuerza
fertilizadora del universo, enemiga de la esterilidad, de la muerte y de todos
los males.
La mentalidad de los agricultores estableció una analogía
entre la siembra y la procreación, el fruto y el nacimiento.
Dentro de la mitología griega
aparecen varias divinidades, de carácter fálico, que se pueden relacionar entre
si. En efecto, Pan era un dios tutelar de bosques y protector de rebaños y que,
además, fecundaba sus ovejas, aunque no penetro en el Atica hasta la época de
las guerras médicas·'.
El falo interviene en el culto a divinidades protectores de la
fecundidad agraria y de la procreación, en especial, en el culto a Dioniso. con
danzas-procesiones y cantos fálicos.
Los cultos falicos se transmiten
al mundo romano y gozan de gran devoción, sobre todo, al final de la época
republicana, y están representados por el dios Priapo, el cual es cantado por
los poetas" y se convierte en un dios rustico que da fertilidad e los
campos y a los ganados, siendo colocado a veces en medio de los cultivos para
aportar al dueño riqueza y prosperidad".
En España. desde época ibérica,
encontremos representaciones fálicas con significados religiosos y rituales. En
Ampurias (Gerona) se conserve un falo gigantesco en la puerta sur de la
muralla, fechable en el siglo III a.C. Asimismo, en la pared de acceso al foro
de Caparra (Caceres) existe un doble falo, dotado en el siglo I a.C. En Clunn
(Aranda de Duero) hay numerosos atributos masculinos representados sobre
sillares que en su día debieron ocupar lugares importantes en Ia decoración
urbana.
Otros objetos de carácter mágico
son, por ejemplo, dos rytones fálicos procedentes de una tumba de Ampurias,
fechables entre los años 200 y 49 a.C.. El falo de bronce de Sasamon (Burgos)
coronado por una dama y datable en el siglo I a.C. y, por ultimo, tenemos que
mencionar los “bronces" que representan el sexo masculino en figuras de
varones orantes que se tocan el falo y otros que reflejan un gigantesco falo,
como aparece en el Guerrero de Despeñaperros
Concepto apotropaico

Asimismo, hay que tener en cuenta
el valor del falo como amuleto o elemento de protección, siendo venerado como
elemento que tenia el poder de impedir
el mal de ojo, y fue un símbolo muy utilizado para proteger el hogar desde
época griega hasta Ia Edad Media", donde aparecen en algunas iglesias
románicas. En el mundo romano aparecen múltiples ejemplos con el mismo concepto
protector. Así, en la fachada de una casa pompeyana se hallaba representado un
templete con un falo esculpido, elevado éste a la dignidad de numen tuteIar”.
Otro ejemplo, también en Pompeya, es un bajorrelive en travertino que presenta
un falo con la inscripción encima y por debajo, lo cual nos atestigua el valor
atribuido al símbolo fálico como bienhechor del principio del bien y de la
feIicidad°“. lnsistiendo en Ia originalidad propiciatoria del falo, éste
aparece en los diversos tipos de tintinnabula o campanillas colgadas de los
techos de los comercios, como auspicio de buenos negocios, abundando en la idea
como elemento aislado o asociado a diversas divinidades.

En la Contestanía tenemos algunos
ejemplos de representaciones fálicas realizadas en bronce y en arcilla.
Es el caso de un colgante fálico
de bronce procedente de Los Benaventes (Maria, Almeria), depositado en el Museo
Arqueológico Municipal de Lorca°‘, perteneciente a los hallazgos de una vi//ae
romana, con una cronología que oscilaría entre los siglos I y IV d.C. También
de bronce es el amuleto fálico procedente del paraje denominado Casa de las
Cebollas, en Yecla (Murcia), con una cronología de segunda mitad del siglo I
d.C. a juzgar por los materiales cerámicos y numismáticos”.
Procedente de Bolbax (Cieza,
Murcia), se conserva en el Museo Arqueológico Provincial otro símbolo fálico de
bronce fundido, semejante al ejemplar citado de Yecla.
Todos presentan un orificio de
suspensión en su parte central y se interpretan dentro de los conceptos, ya
expuestos, de fertilidad y protección.
Así mismo, en Begastri (Cehegin,
Murcia) apareció un falo de arcilla, de época iberorromana, que según los
autores posee el mismo significado de fertilidad y protección citados", o
en Aguilas Ia cazuela con el atributo masculino que hemos escuchado
anteriormente.
El culto fálico y el vino
Que un vaso normalmente
utilizado para contener y servir el vino aparezca decorado con elementos
fálicos hay que interpretarlo dentro de todo este mundo de ideas aludido. Y ha
de ser interpretado sin una precisión muy grande. Es bien sabido que en las
festividades y en las practicas religiosas griegas y romanas Ia libación era un
acto de lo mas frecuente. Sabemos de manera concreta que se hacia en las
fiestas de Démeter’°, pero el rito de Ia libación y la bebida no necesitaba
reservarse a las Hestas. En cualquier rito de culto a Démeter y de deprecación
de la fertilidad de hombres, animales o plantas, se hacían libaciones.
Es mas que imaginable que no solo en estas publicas sino
también en actos de culto privados, vino y símbolos de la fecundidad estuvieran
unidos y que vasos cerámicos como el que estamos comentando pudieran emplearse
si estaban a mano. Lo normal, es que se fabricaran con especial atención a las celebraciones
publicas, pero una vez en posesión de un particular la religión romana tenia
una realización doméstica muy importante y no hemos de suponer un uso ritual
festivo publico siempre. Es la razón por la que de la existencia de este olpe
no podemos concluir en buena lógica a
la realización de festivales o festividades en el lugar en que fue hallado el
vaso.
Ya hemos señalado con anterioridad
que no podemos asignar una cronología precisa al olpe de Alhama de Murcia, al
encontrarse en un contexto de materiales superficiales que nos hablan de un
poblamiento en la zona desde el siglo I d.C. No obstante, sus paralelos
tipológicos alicantinos se han fechado entre los siglos II y III d.C., datación
que puede ser valida para nuestra pieza. Asimismo, Montanya y Puig, en su
periodización de la cerámica ibérica y sus perduraciones en el mundo romano,
argumentan que estos olpes deben incluirse en una tercera fase, como piezas
romanas con decoración pintada de estilo ibérico, cuya cronología puede
situarse entre los siglos I y III d. C".
Basándonos en la originalidad de
la pieza manifestada por su decoración de carácter fálico, de la que, por el
momento, no conocemos ningún paralelo en el que se haga referencia al motivo
fálico relacionado con los que hemos denominado racimos, adquiere una especial
importancia por Ia estrecha relación que representa entre el falo como
generador de vida y fertilidad y el fruto abundante que se refleja a su
alrededor. Resulta clara, además, la importancia de dicha fertilidad como condición
para ia existencia y pervivencia de habitats agrarios, tipo villae, de los que
encontramos varios ejemplos distribuidos en la margen derecha del río
Guadalentin: Venta Aledo, EI Puntal y el Puntal Viejo, en Ia pedania de
Cafiadas; Casa de Martin Rodriguez (Iugar del hallazgo) y Torre de lnchola, en
la pedanía de La Costera; y La Pita, en la pedanía del Cafiarico. Todos ellos
se encuentran en un contexto arqueológico representado por materiales romanos
fechables entre los siglos I y III d.C. Añadir, por ultimo, que tienen, dentro
del valle del Guadalentin, una ubicación privilegiada al ponerles fácilmente en
comunicación con la gran ciudad de
Carthago Nova a través del pasillo natural de Fuente Alamo.