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viernes, 25 de noviembre de 2011

NECROPOLIS DEL POBLE NOU

La Vila Joiosa es la capital histórica de la comarca costera de la Marina Baixa (Marina Baja), en la provincia de Alicante. Los primeros testimonios conocidos de la presencia humana datan de la Edad de Bronce (2º milenio a. C.), pero se conoce mejor el poblamiento a partir de la Época Ibérica (desde el s. VI a. C.). Entre los principales poblados de esta cultura destaca el del Barri Vell, o casco antiguo, cuyos cementerios, el de Casetes y el del Poble Nou, están en proceso de excavación. En ellos se han encontrado abundantes objetos de uso militar y cotidiano, entre los que cabe hacer especial mención de varios collares orientales en oro del s. VI a.C. Y otros objetos de procedencia fenicia y egipcia.
En la margen derecha del río Amadorio, serca de la desembocadura, se han hallado vestigios de un núcleo de población ibérica desde al menos el siglo VII a. C., con fuerte presencia de materiales de procedencia griega. Las primeras menciones a la ciudad datan del siglo I a. C. El geógrafo Artemidoro de Éfeso la describió como «isla y ciudad de Massalia», lo que retrotrae la existencia del establecimiento al siglo V a. C. Estrabón, por su parte, no la cita directamente en su Geografía, pero sí habla de «tres fundaciones massaliotas [de las cuales] [...] la más conocida es Hemeroskopeion» (Geografía, III, 4, 6), por lo que se acepta sin dudas que Alonis y Akra Leuké serían las otras dos.

Se ha discutido mucho sobre las características de las colonias griegas de Iberia y su relación con los pueblos ibéricos, así como sobre la propia helenización de estos últimos. Parece bastante posible que este tipos de poblamientos, en los que se incluiría Alonis al menos en una primera fase, se tratara de barrios helénicos de carácter comercial inmersos en mayor o menor grado en poblaciones ibéricas de la costa.
Se han documentado dos necrópolis en la comarca de Villajoyosa: La necrópolis del Poble Nou situada en el margen derecho del río Amadorio y la necrópolis de les Casetes al Norte del Casco Antiguo de la actual Villajoyosa. La ubicación de ambas áreas funerarias sin duda viene determinada por las vías de comunicación de la época, ya que las sepulturas se distribuyen en estrechas franjas a los lados
de estas, hecho que se confirma claramente con los datos arqueológicos obtenidos. Estos caminos conectarían la necrópolis del Poble Nou con el santuario costero del Tossal de la Mallaeta, Y la necrópolis de les Casetes con los valles del interior, y desde ellos hacia la comarca de l’Alcoià, de la que Villajoyosa ha sido históricamente la salida natural al mar. No descartamos que en un futuro se pueda identificar una tercera calzada que se dirija hacia el nordeste, en dirección a las ensenadas de Benidorm y Altea.
Ante dos grandes necrópolis como estas, de tan amplia cronología, la cuestión que surge de forma inmediata es la ubicación del núcleo al que pertenecen.
En primer lugar en los refugios excavados en la última Guerra Civil en la base de las murallas de la Costera de la Mar, cuyo techo es claramente un potente estrato ibérico en el que, durante los trabajos de restauración de 1992, se recogieron numerosos materiales cerámicos. Tratándose en su mayor parte de fragmentos de ánforas ibéricas, junto con numerosos pithoi de cerámica ibérica pintada y algunos fragmentos informes de cerámicas áticas de barniz negro. Las decoraciones geométricas características del Ibérico Pleno y Antiguo, y los fragmentos de ánforas importadas nos llevan a un amplio periodo dentro de la época ibérica: abarcando desde el siglo V al siglo II a.C
Aunque la epigrafía todavía no ha desvelado su nombre, se cree que es Alonis la ciudad que hacia el año 74, bajo el emperador Vespasiano, alcanzó la categoría de municipium. De ésta, situada a unos 3 km de la actual Villajoyosa, se han encontrado menciones a cargos municipales (duumvires y flámines), así como una mensa cuya inscripción conmemora la reconstrucción del mercado municipal (macellum).Bajo el casco urbano de la propia Villajoyosa se han excavado recientemente distintas villas y dos grandes necrópolis de la época, asociadas al puerto histórico conocido como «Playa de la Vila», que probablemente constituía un gran barrio industrial y comercial de Allon. Independientemente de su ubicación exacta, Alonis debió ejercer un papel central en la región de la actual comarca de la Marina Baja.[
Ritual funerario
Todos los enterramientos ibéricos localizados hasta la fecha en las necrópolis de Villajoyosa pertenecen a incineraciones secundarias. Lo que implica que el difunto era cremado en una pira funeraria y posteriormente trasladado a la sepultura en si.
Reflejo de este hecho, es la localización en la necrópolis del Poble Nou de un ustrinum o Crematorio, de época ibérica, consistente en una fosa de 2 m. de largo por 70 cm de ancho y similar profundidad, que se hallaba algo separada del área cementerial, a siete metros y medio de distancia de la tumba más próxima. Sus paredes y el fondo tenían un revestimiento de barro aplicado con las manos (a juzgar por las improntas de dedos) y contenía un gran depósito de cenizas junto con fragmentos de madera carbonizada. Tras la cremación, los restos óseos eran cuidadosamente recogidos junto con los elementos personales del difunto y trasladados a las sepulturas.

Medallón fenicio decorado con símbolos faraónicos Esfinge alada con cabeza de Bes


Dos amuletos de esteatita: uno de ellos representa a Anubis de pie y el otro una esfinge alada

Esfinge alada cuya cabeza es la del dios egipcio Bes, con un tocado formado por tres altas plumas. Está colocada en posición semirrecostada sobre una base rectangular anepígrafa, y presenta dos orificios para ser ensartada en un collar, como suele ser habitual en este tipo de amuletos: uno entre el tocado y las alas, y otro entre las patas delanteras y las traseras. El paralelo más próximo a esta pieza lo encontramos en el museo de Cagliari: se trata de un amuleto casi idéntico al nuestro, catalogado con el número 833 por Enrico Acquaro (Acquaro, 1977). El nombre de esta divinidad parece provenir del verbo egipcio bs3, cuyo significado es “proteger”, “vigilar”, lo cual nos indica la función del dios, protector de la familia y, especialmente, de las mujeres y de los niños, asistiendo a éstas en los partos y protegiendo a los recién nacidos, por lo que se vinculó a Isis y a su hijo Harpócrates.

Esfinge de esteatita


Esfinge alada cuya cabeza es la del dios egipcio Bes, con un tocado formado por tres altas plumas. Está colocada en posición semirrecostada sobre una base rectangular y presenta dos orificios para ser ensartada en un collar. La función del dios Bes se relaciona con la protección de la familia y, especialmente, de las mujeres y de los niños, asistiendo a éstas en los partos y protegiendo a los recién nacidos, por lo que se vinculó a Isis y a su hijo Harpócrates. El carácter protector del dios Bes se encuentra reforzado en nuestro amuleto por su cuerpo de esfinge. Si en el caso de las esfinges con cabeza humana encontramos una conjunción de las cualidades humanas con la fuerza, el poder y fiereza del león, en este caso a las cualidades del león se añaden las de protección de Bes.

El carácter protector del dios Bes se encuentra reforzado en nuestro amuleto por su cuerpo de esfinge. Si en el caso de las esfinges con cabeza humana encontramos una conjunción de las cualidades humanas con la fuerza, el poder y fiereza del león (Castel, 1999, 167), en este caso a las cualidades del león se añaden las de protección de Bes.

Representación del Dios Anubis de forma antropomorfa con cabeza de perro. Pasta blanca con vidriado verdoso muy perdido (Fernández, 1992). A semejanza de las representaciones de Horus, aparece puesto en pie y en actitud hierática; adelanta la pierna izquierda en posición de marcha y los brazos aparecen rígidamente extendidos hacia abajo, pegados al cuerpo; viste un faldellín plisado, anudado en torno a la  cintura. La figura del dios descansa sobre un pedestal y se apoya por detrás en una pilastra dorsal lisa, que presenta una perforación transversal para utilizarlo de colgante.
Este Dios presidía las momificaciones y era guardián habitual de las necrópolis. Guiaba el alma del difunto en el más allá. Quedó relegado a un segundo plano cuando el culto a Osiris otorgó a éste el papel principal en el Mas Allá.
LA FALCATA  IBERICA
Una falcata ibérica (sable) en buen estado de conservación de entre los siglos V y IV antes de Cristo ha sido descubierta en la necrópolis del Poble Nou de Villajoyosa (Alicante).
Según el ayuntamiento, la restauradora municipal, María José Velázquez, se ha hecho cargo de la restauración de esta pieza, que constituye la primera falcata hallada en la localidad y que es ejemplo de armamento propio de la panoplia (conjunto de armas de ataque y defensa) del guerrero ibérico.
La hoja del sable, decorada con acanaladuras, tiene 44 centímetros, medida que normalmente coincidía con la longitud del antebrazo del guerrero al que estaba destinado, ya que generalmente se fabricaban por encargo. Este arma era utilizada por los jinetes iberos contra la infantería enemiga, ya que desde una posición mas elevada que el contrario se duplicaba la potencia de corte.
Se aprecia claramente como este sable se fabricó martillando en un yunque tres láminas de hierro, que se unieron por los golpes recibidos al rojo en la fragua, hasta formar una sola pieza.

El mango tiene forma de cabeza de caballo, como es frecuente, y las dos caras de la hoja están decoradas con finas acanaladuras destinadas a meter aire dentro de la herida causada, lo que favorecía posteriormente el desarrollo de gangrena.
La restauración ha sido especialmente delicada porque, a la vez que se eliminaban las concreciones, había que ir consolidando la superficie con resina acrílica, con el fin de que la pieza no se desmenuzara.
El proceso está muy adelantado, aunque quedan las fases finales de protección que darán aislamiento a la pieza de la humedad ambiental, que resulta muy nociva para su conservación.
Junto a la falcata han aparecido otros elementos de la panoplia guerrera, como la cantonera metálica de la vaina del sable en buen estado, el primer mango de escudo ibérico del Museo de Villajoyosa, también de hierro, y un cuchillo de combate.
La excavación de la tumba donde se documentó esta espada se realizó en 2003, momento en el que se extrajo dentro de esta misma sepultura una lanza de hierro (soliferreum).
Para la restauración del sable ha sido necesario realizar una radiografía de la pieza, con el fin de determinar su estado de conservación y, particularmente, la posible existencia de fisuras o grietas y el estado del núcleo de metal.
La radiografía ha revelado, por ejemplo, pequeños orificios a simple vista inapreciables en la guarda o varilla metálica de la vaina en la que se enfundaba la espada, y que servirían para coser el cuero a la misma.

LA CERÁMICA IBERICA


Las figuras halladas están decoradas con grandes lobos y figuras humanas que representan guerreros con espadas o lanzas, similares a las armas halladas en numerosas tumbas del mismo cementerio de Poble Nou.
Las figuras forman frisos alrededor de los vasos, “en una especie de danza ritual en honor de alguna persona fallecida”, al igual que los famosos vasos que se hallaron en un pozo sagrado del santuario íbero del Tossal de Sant Miquel de Lliria (Valencia).
Este tipo de decoración, conocida como estilo narrativo u Oliva-Liria, es excepcional en el mundo íbero y suele estar asociada a edificios o lugares religiosos.
Los fragmentos de piezas de cerámica estaban en una zanja excavada hacia el siglo II A. C. junto a la gran necrópolis de Poble Nou.
El Museo Municipal de La Vila, que no había registrado todavía en sus colecciones piezas de este tipo, ha catalogado 200 frascos de perfume y docenas de copas de vino, jarras y otras vasijas de cerámica de este yacimiento.
La responsable de inventarios y catálogos de fondos del Museo de La Vila, Amanda Marcos, y la restauradora, María José Velázquez, están seleccionando las piezas más interesantes para su restauración y catalogación.
Numerosas cerámicas ibéricas de Villajoyosa presentan un estilo de decoración pintada diferente a los ya conocidos. Este nuevo estilo, denominado “estilo simbólico levantino”, se ha detectado por Miguel F. Pérez, en su memoria de licenciatura leída en 2010 en la Universidad de Alicante sobre las cerámicas ibéricas pintadas de un sector del cementerio antiguo de Poble Nou. El autor plantea que es muy probable que hubiera un taller importante de este estilo en la ciudad ibérica de Villajoyosa, dado que el 37% de todos los vasos estudiados de este estilo en España se encuentran en la Vila, y este porcentaje será mucho mayor cuando se publiquen el resto de sectores de las necrópolis de Casetes y Poble Nou.
 Fotografía:el Vaso del Umbral del Más Allá, con la escalera de siete peldaños, la puerta del paraíso y el ave que conduce el alma hasta ese lugar. (Fotografía: Llorenç Pizà)
Sus decoraciones no suelen narrar episodios o escenas humanos o divinos, sino que contienen imágenes simbólicas, que transmiten directamente un mensaje. La mayoría de esas decoraciones se han encontrado en vasos de cerámica procedentes de tumbas de los cementerios de Poble Nou y Casetes de los siglos II y I a. C., por lo que su significado tiene relación con el viaje al más allá y la vida eterna. Destaca la figura de la paloma como símbolo de la Diosa ibérica de la fecundidad y de la muerte, que protegería y guiaría al alma del difunto durante su viaje al Más Allá. Estas pinturas, dentro de su contexto funerario, reflejan una religión ibérica impregnada del lenguaje helenístico (es decir, de la cultura griega de los siglos III a I a. C.), muy difundido por el Mediterráneo. La exposición supone la “presentación en sociedad” de este nuevo estilo decorativo de la cerámica ibérica recién descubierto en los fondos del Museo de la Vila.
Una de las piezas más importantes que se van a poder contemplar en la exposición es el llamado “Vaso del Umbral del Más Allá” (técnicamente, la olpe, o jarra nº inv. 14924 de la tumba 23 de Poble Nou). Es un magnífico reflejo de la obsesión de guiar al difunto en el viaje al otro mundo, común a todas las culturas mediterráneas. Las imágenes que se emplean en esta pieza sirven de explicación didáctica al difunto sobre cómo llegar al paraíso.
Sobre esta pieza se plasma a la manera ibérica una narración del recorrido y elementos que necesitaría el alma del ibero para llegar a su descanso eterno. Resalta la presencia de la paloma como animal psicopompo (conductor de almas), a su vez imagen-símbolo de la divinidad ibérica y que al mismo tiempo podría representar al alma del difunto. La unión del mundo de los vivos y del mundo de los muertos estaría simbolizada por la escalera de siete peldaños, que da acceso al Más Allá, y que aparece mencionada en textos de diferentes religiones antiguas, como en la Biblia (la “escalera de Jacob” del Libro del Génesis 28, 11-19, por la que los ángeles ascendían y descendían del cielo), y que más tarde recogerá Dante en su “Divina Comedia”.
En este destino ultraterreno representado en el Vaso del Umbral del Más Allá, la exuberante vegetación crece en forma de vides y hiedras, plantas muy relacionadas con la vida eterna, que se expanden sin límite para recrear un ambiente paradisíaco. Junto a ellas emerge un árbol que podría simbolizar el motivo oriental del árbol de la vida o los bosques que se representan en el imaginario greco-itálico para figurar los Campos Elíseos o los bosques de Perséfone que se citan en la Odisea. En esta región, similar al paraíso cristiano, está separada del Hades o inframundo (similar al infierno cristiano),  habitaban los mortales afortunados que podían gozar de una vida eterna feliz. 
Por último, las puertas a las que conduce la escalera indican el destino del alma y separan el mundo de los vivos del de los muertos, igual que sucede en las imágenes egipcias, púnicas, itálicas y griegas.

FRAGMENTOS LIRIA - OLIVA


Las figuras halladas están decoradas con grandes lobos y figuras humanas que representan guerreros con espadas o lanzas, similares a las armas halladas en numerosas tumbas del mismo cementerio de Poble Nou.
Guerrero en cerámica pintada.
Las figuras forman frisos alrededor de los vasos, “en una especie de danza ritual en honor de alguna persona fallecida”, al igual que los famosos vasos que se hallaron en un pozo sagrado del santuario íbero del Tossal de Sant Miquel de Lliria (Valencia).
Este tipo de decoración, conocida como estilo narrativo u Oliva-Liria, es excepcional en el mundo íbero y suele estar asociada a edificios o lugares religiosos.
Los fragmentos de piezas de cerámica estaban en una zanja excavada hacia el siglo II A. C. junto a la gran necrópolis de Poble Nou. Se han catalogado 200 frascos de perfume y docenas de copas de vino, jarras y otras vasijas de cerámica de este yacimiento. La responsable de inventarios y catálogos de fondos del Museo de La Vila, Amanda Marcos, y la restauradora, María José Velázquez, están seleccionando las piezas más interesantes para su restauración y catalogación.

KALATOS ELCHE ARCHENA EN VILLAJOYOSA


El colofón del proceso evolutivo en las producciones cerámicas del Sudeste lo tenemos en la aparición de la decoración figurada, tanto animal como humana. La cronología de ambos elementos parece tardía, y no puede datarse antes del siglo II a. C., aunque con anterioridad puedan existir ejemplares aislados.
Cuando la cerámica con decoración figurada irrumpe con toda su fuerza en los yacimientos ibéricos del sureste es a lo largo del siglo II a. C., adquiriendo un predominio que continuará manteniendo durante el siglo I a. C.; se trata, por tanto, de una cerámica que es en realidad contemporánea de la presencia romana en la Península.
Recipiente de pequeño tamaño que constituye la versión tardía de la cerámica del tipo Elche-Archena; han desaparecido las decoraciones figuradas y su lugar queda ocupado por decoraciones vegetales y geométricas más simples, algunas de las cuales existían ya en el momento anterior; los motivos más característicos son las guirnaldas de tres hojas con frutos -posiblemente granadas-, el reticulado, los arquillos secantes y los frisos de SSS. Estas decoraciones seguirán en uso durante algún tiempo, y reaparecerán periódicamente sobre formas ya plenamente romanas.
El conjunto principal de esta pieza de estilo Elche-Archena presenta como elemento definidor un animal característico: un pájaro que en ocasiones se ha identificado con un águila, aunque sus rasgos son lo suficientemente indefinidos como para permitir casi cualquier adscripción dentro de su género. Aparece en actitud agresiva, con las alas desplegadas el ave  pero su forma no es real; la realidad ha dejado paso al detallismo, a un dibujo preciosista y minucioso que convierte en elementos decorativos una buena parte de los rasgos anatómicos de los animales. Va envuelto en por motivos de relleno de carácter  vegetal y geométricos. Todo ello confiere un aspecto característico e inconfundible a estos vasos, que por lo común son recipientes de mediano o gran tamaño, con múltiples formas: ánforas, cálatos, jarros, urnas, etc. Es posible que en ellos pueda verse la mano de uno o varios decoradores, e incluso de varios talleres, aunque la identificación de éstos es objeto de un estudio en vías de realización.

CERÁMICA GRIEGA


CRATERAS


Crátera de campana con decoración de figuras rojas, representa una escena ritual de un jabalí. De izquierda a derecha: figura joven masculina desnuda portando un jabalí, figura masculina barbada, laureada, togada portando un kylix, a la derecha figura masculina de un joven laureado y togado portando una bandeja, figura masculina de un joven laureada y togada tocando el aulos (doble flauta), delante de ellos un altar, tres figuras femeninas togadas, dos a la derecha una de ellas con un bastón y una a la izquierda portando un kylix. Toda la escena está enmarcada por un friso vegetal superior y una cenefa interior.  Se utilizaba para preparar y mezclar bebidas (sobretodo vino y agua).
La cerámica ática llegó desde la región de Atenas entre los siglos VI y IV aC. Podía estar toda barnizada de negro, o bien decorada con figuras negras (entre 600 y 450 aC) o rojas (más adelante, entre 500 y 300 aC). La mayor parte de las piezas se utilizaban para servir o beber líquidos, sobretodo vino. Los habitantes de nuestras tierras (los iberos) solían depositarlas como ofrenda en las tumbas.

LOS KYLIX

Un kylix (plural kílix o kílices; a veces transcrito por error como kylix) es una copa para beber vino, con un cuerpo relativamente poco profundo y ancho levantado sobre un pie y con dos asas dispuestas simétricamente.

El círculo de interior casi plano sobre la base de interior de la copa, llamado tondo, fue la superficie principal para la decoración pintada en los kílix de figuras negras o figuras rojas del siglo VI y V a. C. Como las representaciones estaban cubiertas de vino, las escenas sólo se revelaban por etapas cuando el vino se apuraba. Fueron a menudo diseñados con esto en mente, con escenas creadas con el propósito de que sorprendieran al bebedor al quedar al descubierto.
Como el principal uso del kílix era en los simposios, a menudo se decoraban con escenas divertidas, románticas, o de naturaleza sexual, que se hacían visibles cuando el asistente se bebia la copa. Dioniso, el dios del vino, y sus sátiros eran temas corrientes. También se representaban escenas de amor heterosexual o pederástico, sexo u orgías. La forma del kílix permitía al bebedor beber mientras estaba recostado, como se hacía en los simposios. La palabra kílix procede del griego κύλιξ "copa".
Kylix de figuras negras. Escena de una biga conducida por dos figuras femeninas togadas a la derecha, enmarcada por dos motivos vegetales, representa a una diosa en carro con Apolo tocando la lira (Kytara).
Copa de figuras negra s (kylix-skyphos) del pintor de Haimon, con escena de diosa en carro con Apolo tocando la lira ("kytara") (475-425 aC).
Las escenas preferidas de los pintores cerámicos griegos eran los mitos griegos y el deporte. La pieza muestra una diosa, seguramente la de la guerra (Atenea) o la de la caza (Ártemis), sobre un carro, con Apolo (que suele acompañar otros dioses) tocando la lira.
Kylix de figuras negras. La escena representa  en el fondo interior se trata de un banquete del dios Dionisos tumbado en una cama acompañado de una mujer sentada (Ariadne, su esposa) y otro dios. En el interior restos de un sátiro del séquito de Dionisos.

LOS SKYPHOI

Los primeros skyphoi se comenzaron a realizar durante el Periodo Geométrico (900-700 a.C.). Su forma quedaría establecida en Corinto y posteriormente fue exportada a Atenas y seguida por los maestros cerámicos de esta polis. Durante un largo tiempo su forma se mantuvo mientras que la decoración fue cambiando, y fue durante el periodo de dominación romana cuando la forma se fue haciendo cada vez menos común y perdiendo relevancia hasta desaparecer.
En la clasificación de cerámica de la Antigua Grecia, un skyphos (griego: σκύφος; skyphoi, plural) es una taza de vino profunda con dos asas con una base baja y ancha, o sin base. Las asas pueden ser pequeñas y horizontales proyectadas desde el borde (en formas corintias y atenienses) o pueden ser en forma de lazo que se colocan en el borde o que sobresalen de la base. Los skyphoi del tipo llamado glaux (búho) tiene un pequeña asa horizontal y una vertical.
El Skyphos es una copa profunda, generalmente usada para beber vino. Sus asas parten del borde del vaso y son horizontales, diferenciándose así de otros tipos de vasos como el kantharos.
Los skyphos más antiguos son del período geométrico. Corinto estableción las convenciones de diseño que siguió Atenas. Durante un largo periodo la forma siguió siendo igual mientras que el estilo de decoración cambió.
 Esta copa de de vino de figuras negras (skyphos) del pintor de Haimon muestra al dios inventor de esta bebida, Dionisos, subido a un mulo y acompañado por dos ménades ébrias (mujeres de su séquito), danzando.

El skyphos pertenece a un gran conjunto de vasos llamados Calcis taller de Magna Grecia, el centro de la producción es aún desconocido.

ASKOS ATICO DE BARNIZ NEGRO



 JOYAS


Se exponen una serie de collares, pendientes, anillos y colgantes fenicios, de estilo orientalizante. Los collares originales se exponen durante algunos períodos del año, con especiales medidas de seguridad, y durante el resto se sustituyen por un holograma (fotografía en tres dimensiones a tamaño real) del collar del Poble Nou.

COLADOR ETRUSCO


A partir del segundo cuarto del siglo V hasta finales del siglo IV nuestras necrópolis van a sufrir un cambio. Al mismo tiempo que siguen perviviendo las sepulturas de fosa simple con revoco de arcilla, se conservan evidencias de una monumentalización del área funeraria mediante enterramientos en forma de túmulo escalonado de piedras trabadas con barro y fosa central, que sin duda estarían coronados por pilares estela y rematados por esculturas. Aunque las tumbas tumulares son bastante frecuentes en este periodo, los restos escultóricos documentados son escasos, reduciéndose a 4 fragmentos todos ellos del Poble Nou; la cabeza de un toro localizado de forma casual en la década de los 70 y tres fragmentos escultóricos documentados en el 2001, todos ellos pertenecientes a diferentes toros de piedra arenisca, destacando por su estado de conservación el que representa los cuartos delanteros de este animal.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

NECROPOLIS DEL POBLADO


Las causas de este abandono son múltiples: la presencia de túmulos principescos en la Necrópolis del Poblado prestigiaba ese recinto sagrado y hacía que los habitantes de Coimbra prefieran enterrarse cerca de la clase dirigente; está más cerca del área de poblamiento, ofreciendo la posibilidad a los habitantes del poblado que pudieran admirar los grandes túmulos; y, por último, las reducidas dimensiones de la Necrópolis de la Senda y su escasa potencia estratigráfica impedía las posibilidad de crecimiento de la necrópolis tanto horizontal como verticalmente.


La necrópolis dejaría de usarse cuando durante la segunda mitad del siglo IV a.C los enterramientos que se producen en la Senda tienden a ocupar los pocos espacios que quedaban libres tras el gran momento de utilización de la primera mitad de esta centuria.
Las tumbas encontradas en esta necrópolis son de muy diversos tipos: cubiertas (mediante barro amarillo, con encachados de piedra), lóculos (rectangulares y ovalados-circulares) y mediante la utilización de urnas cinerarias.
Los ajuares hallados en las tumba son muy diversos: abundan la cerámica ática, que se documentan en más del 50% de las tumbas, convirtiéndose de este modo en el elemento de datación absoluta principal. Abundante es también el armamento: dos falcatas y un regatón de hierro(Tumba 9), una falcata, además de otras armas de hierro en la tumba 42 ...etc; completan los ajuares múltiples objetos de carácter personal como joyas, fíbulas, punzones de hueso, pinzas de depilar, fusayolas ...etc.

Los  últimos trabajos de excavación que se están llevando a cabo en la necrópolis del poblado  en el conjunto arqueológico de Coimbra del Barranco Ancho, situado en el término municipal de Jumilla, han permitido el hallazgo de unos pendientes con forma de racimo y con una antigþedad de 2. 300 años.
En concreto, dichos trabajos se han centrado en el sector nororiental de la Necrópolis, buscando el límite de la misma en ese sector, según informó el Consistorio en un comunicado.
La zona donde se está excavando se fecha a lo largo del siglo IV a. C. , según se deduce de las cerámicas griegas que aparecen en el ajuar de las tumbas.
En este sentido, entre los materiales hallados en los ajuares de las sepulturas excavadas en la presente campaña destacan varios pendientes, dos de ellos en forma de racimos de uva, lo que eleva la tradición vinícola jumillana a una antigþedad de 2. 300 años; dato corroborado por el hallazgo de pepitas de vitis vinífera en el poblado de Coimbra del Barranco Ancho.
El conjunto arqueológico de Coimbra del Barranco Ancho es uno de los complejos "más importantes e interesantes" de la cultura ibérica, al contar con un extenso poblado, tres necrópolis, un santuario dedicado a Tanit y un poblado del Bronce final con su correspondiente necrópolis.
Los trabajos en el conjunto se iniciaron en 1977, y se ha revelado como un yacimiento paradigmático para el estudio de la cultura ibérica, pues ha aportado piezas como el Pilar-Estela de los Jinetes de Coimbra del Barranco Ancho, de interés equiparable a la Dama de Elche.
Además, la importancia del yacimiento se incrementará con los resultados de las investigaciones en curso, como por ejemplo las precisiones sobre las cerámicas áticas que, según el Ayuntamiento, permitirá el estudio de los materiales, "con lo que los resultados del proyecto de investigación tendrán relevancia no solo a nivel nacional, sino internacional".
Coimbra del Barranco Ancho es, en la actualidad, el único proyecto de investigación de la cultura ibérica en la Región de Murcia, aunque su continuidad es incierta después de 32 años de investigaciones.

lunes, 14 de noviembre de 2011

LA FONTETA YACIMIENTO FENICIO

Situado en la  albufera de Elche es el enclave fenicio más importante de la Contestanía. En realidad lo componen dos yacimientos.
El asentamiento fenicio se emplazó hacia mediados del siglo VIII a.C. sobre lo que entonces era una península en la orilla derecha de la desembocadura del río Segura. El día 9 de septiembre de 1996 se iniciaban las excavaciones del Proyecto de Investigación Arqueológica que con la misma denominación del topónimo existente en el lugar -en donde se sitúa también el yacimiento medieval de la Rábita Califal (BIC)- venía siendo solicitado desde 1989 a la Generalitat Valenciana con núm. de Expte. 73/89.
 El Proyecto de La Fonteta está inmerso en la línea de investigación Colonización fenicia e interacción cultural con las comunidades indígenas del Sudeste de la Península ibérica del Área de Prehistoria de la Universidad de Alicante, donde en la década de los ochenta se incardinó el Proyecto de La Peña Negra. Para su desarrollo se ha establecido una oportuna colaboración con el Museo Arqueológico y Etnológico de Guardamar del Segura.
 Los fondos económicos para la realización de los trabajos de campo provienen del M. I. Ayuntamiento de Guardamar y de la Dirección General de Patrimonio Artístico de la Generalitat Valenciana. Queremos agradecer a dichos organismos el apoyo que nos están prestando para la consecución de los objetivos planteados en el Proyecto, como al Vicerrectorado de Investigación de la Universidad de Alicante por canalizar y facilitar los fondos procedentes de la Generalitat Valenciana.

No es menor nuestro agradecimiento al esfuerzo realizado por los numerosos alumnos y licenciados de la especialidad de Historia de las Universidades de Alicante, Valencia, Murcia, Granada, Sevilla, Pompeu Fabra de Barcelona, Castilla-La Mancha, Complutense, Uned de Madrid, Navarra y Santiago, gracias al cual se debe, en gran medida, el disponer del registro extensivo que hoy podemos contemplar.

La Fonteta, topónimo alusivo a un manantial de agua dulce que ha dado nombre al paraje, está ubicada en la orilla derecha del río Segura, muy próxima a su desembocadura, reproduciendo un patrón de asentamiento muy familiar en los centros fenicios del Mediterráneo.

A falta de estudios paleogeográficos no sabemos ciertamente si el lugar era antiguamente un islote o un promontorio, pero sí está claro que el curso fluvial del Segura tropezó siempre con ese accidente natural, generando su característico meandro antes de salir al mar. Precisamente en esta ensenada previa a la desembocadura, protegida del régimen de vientos predominantes, es posible que se situara el muelle portuario del yacimiento fenicio.


De todos modos, si hubiera que inferir una imagen de la paleogeografía en la época en que nos movemos (siglos XI-VI AC) puede que sirviera la que muestra el gráfico de la figura 2. Para su confección se ha tenido en cuenta la flexión actualmente perceptible del terreno desde el Cabo de Santa Pola hasta el piedemonte de las Sierrras de Crevillente, Callosa, Orihuela y los Estaños. La reconstrucción, pues de la antigua línea de costa podría situarse siguiendo la propia línea de la actual isohipsa de 20/30 m., generando un gran golfo, presidido en su entrada por un gran islote (El molar-La Marina), cuya orilla discurriría cerca de Orihuela, donde posiblemente desembocara entonces el río Segura. Esta gran golfo se correspondería con lo que después se conoce como "Sinus illicitanus".

Sabemos que dos de los factores económicos esenciales que condicionaron la elección de determinados puntos para situar los centros fenicios fueron la facilidad de abastecimiento de materias primas, preferentemente metales, y la posibilidad de comercio con las gentes del territorio circundante.



Ambos factores se dan cita en el Bajo Segura. Al menos desde el siglo IX AC, potentes talleres metalúrgicos ubicados en el poblado indígena de La Peña Negra están elaborando a gran escala numerosos útiles, adornos y armas tipológicamente vinculadas al ámbito del Bronce Final Atlántico que no se quedan en el lugar. Pero, además, las excavaciones realizadas en La Fonteta han puesto de manifiesto la dedicación de los fenicios a la metalurgia del cobre, del hierro y de la plata, materias primas que debieron captar del inmediato territorio alicantino y murciano.

No debieron pasar inadvertidas tampoco las posibilidades que ofrecían estas zonas de marjales del Bajo Segura para la explotación de un bien de primera necesidad como es la sal, no tanto para el consumo directo como para la conservación de alimentos (carne, pescado, aceitunas) y para la fabricación de salazones, industria en la que destacaron los fenicios y de la que tenemos amplias referencias escritas y buena documen-tación arqueológica en época púnica.

Minerales metálicos para transformar, útiles y armas ya elaborados por talleres indígenas,...y sal. A su lado, un ecosistema rico y diverso en recursos que proporcionaba una dieta variada y muy completa a través del consumo de animales terrestres, lacustres y marinos. Del ciervo a la vaca, del atún a la sepia, de la cañadilla a los cangrejos, amenizado con un importantísimo volumen de caracoles terrestres, los habitantes de la ciudad fenicia de la desembocadura del río Segura disponían de una gustosa alimentación.

La ciudad portuaria instalada al abrigo de los vientos de levante, se encontraba en un punto estratégico no sólo para la explotación primaria de los recursos económicos sino, y a ello se debió tal elección, en un lugar óptimo de un cauce fluvial que comunicaba el Sudeste con la Alta Andalucía, un eje comercial de especial importancia en la protohistoria de ambas regiones. En un radio inmediato, el poblamiento indígena se mostraría especialmente receptor: San Antonio, Los Saladares, Caramoro II, o la propia Peña Negra, que llegó a albergar en su seno una factoría de artesanos destacados desde el emporio de Guardamar.

La articulación del territorio "colonial" en el Bajo Segura se realizó siguiendo un esquema que vertebraba la ciudad portuaria de la desembocadura con la fortificación del Cabezo Pequeño del Estaño -que podría incluso haber resguardado el posible gran puerto de La Rinconada-. Este modelo de implantación incluía la existencia de un santuario dedicado a Astarté probablemente, en el propio Castillo de Guardamar, y debía de ser el contrapunto al templo de La Fonteta, documentado a través de restos arquitectónicos, posiblemente erigido a Melkart. Un modelo que recuerda, en última instancia, lo que las fuentes escritas y la arqueología nos ilustran sobre Cádiz, la gran metrópoli fenicia de Occidente.


Con el descubrimiento de La Fonteta, anunciado ya en la década de los setenta por los intentos de localización de Schubart y Arteaga, el territorio del Sudeste de la península ibérica ha cobrado un protagonismo de primer orden tanto en lo referente a la propia dinámica de la colonización fenicia en el Mediterráneo occidental como al papel que desempeñó en los procesos de comercio, interacción y aculturación con las poblaciones indígenas del Bronce Final. Lo que facilita la comprensión de un período orientalizante en las comarcas meridionales alicantinas y su transformación desde mediados del siglo VI AC en una floreciente etapa ibérica antigua, algunos de cuyos yacimientos representativos (horizontes El Molar-El Oral) parecen recoger fielmente la tradición cultural de lo fenicio y lo orientalizante, germen de lo ibérico.

Las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en estos años empiezan a ofrecernos algunos aspectos de lo que fue una colonia fenicia occidental en el Sudeste de la península ibérica, cuyos rasgos arquitectónicos, religiosos, funerarios, económicos y de cultura material nos emplazan ante uno de los centros paradigmáticos de la presencia fenicia en ultramar, en un punto geográfico crucial para entender las relaciones con la Ibiza arcaica y la estrategia territorial que conlleva la colonización fenicia del Mediterráneo occidental.

La periodización del asentamiento de La Fonteta que hemos realizado en 1997 se basa en el registro obtenido a lo largo de estas tres campañas iniciales en el sector sudoriental del yacimiento. Pero somos conscientes de que su aplicación a la totalidad del mismo puede resultar precipitada, comprobado el funcionamiento irregular de los depósitos estratigráficos, que presentan variaciones sustanciales incluso entre lugares próximos. A pesar de ello, se ha comprobado su utilidad, incluso didáctica, en la campaña de 1998, permitiendo vertebrar coherentemente toda la documentación recuperada.

La existencia de un impresionante sistema defensivo (en su día confundido y publicado como islámico por el equipo de medievalistas de R. Azuar, y más recientemente, encabezando ahora un equipo de iberistas franco-español, considerado como orientalizante e ibérico antiguo) ha servido de horizonte para diferenciar una Fonteta arcaica (fases I, II y III) y una Fonteta reciente (fases IV, V, VI, VII y VIII). Fonteta IX señalaría el momento de arruinamiento y desmoronamiento de las murallas, que marca el final del yacimiento, tras lo que se produce una gran invasión dunar.

Resulta prematuro deducir la extensión del yacimiento fenicio debido tanto a la ausencia de una prospección física completa como al hecho de que los perímetros de las dos grandes fases no coinciden. En el área excavada, los restos de Fonteta arcaica sobrepasan el perímetro defensivo de la Fonteta reciente, mientras los restos arquitectónicos de ésta se ciñen únicamente al interior del recinto amurallado. Pero esta constatación ¿permite suponer que la ciudad arcaica fue más extensa que la que encierra después el recinto amurallado que vemos hoy?. O lo que es igual: ¿Fonteta reciente significa un repliegue topográfico?. Mientras no conozcamos la evolución de la geografía de la desembocadura del río Segura entre los siglos VIII y VI AC estas cuestiones resultan enteramente gratuitas. Y mientras no se realicen una serie extensa de sondeos profundos para delimitar la zona de asentamiento, lo que planteemos no pasará de conjetura. De todas formas, una estimación objetiva aproximada podría mostrarnos un complejo urbano y portuario no inferior a 6 Ha. para la fase arcaica.

Arquitectura y técnicas de construcción.

A través de la secuencia de las fases de habitación que han podido ser establecidas se observa una primera aproximación a la arquitectura de este emporio fenicio del Sudeste de la península ibérica, cuyos modelos van a influir substancialmente en el concepto arquitectónico de las comunidades indígenas del territorio, adoptándolos en muchos casos fielmente, desde el uso de la albañilería de adobes hasta el empleo de bancos y el modo de construir los hogares, como se puede observar en La Peña Negra y en El Oral, dos yacimientos indígenas -orientalizante uno e ibérico antiguo el otro- que sirven de contrapunto o recogen la evolución de lo que ocurría en La Fonteta.
Arquitectura doméstica
A la espera de una mayor definición, con la ampliación del registro de campo en los próximos años, de los posibles restos constructivos que bajo la forma de hoyos [de postes], fosas y líneas [vallas] de material perecedero registrados en Fonteta IA, la primera construcción definida que conocemos pertenece a Fonteta II y viene traducida por el edificio con paredes de tapial, cuya completa delimitación aún está pendiente, aparecido en el Corte 25. El edificio articula varias dependencias ortogonales con paredes de diverso grosor que diferencian los muros maestros de los meros tabiques. La disección de algunos de estos últimos mostró perfiles estratigráficos muy ilustrativos sobre su construcción a la par que registraba nítidamente la existencia de, al menos, dos momentos de construcción, con una refacción posterior del plano original que afectaba a las dimensiones de las dependencias internas. En algunos puntos, un suelo de adobes señalaba la clausura de la primera fase de construcción.
La utilización de un zócalo de mampostería en la construcción de los muros de las casas está documentada desde la fase Fonteta III. Un conjunto de habitaciones pertenecientes a otro complejo arquitectónico se está definiendo a través del registro de los Cortes 5, 7, 8 y 14. El carácter metalúrgico de algunas de estas dependencias ha quedado manifestado por abundantes hallazgos relacionados con dicha actividad.
Un pavimento de barro que descansa sobre lecho de cantos de playa señala la diferente función de una habitación, situada junto a otra donde un suelo empedrado y dos pesados machacadores parecen indicar un lugar destinado a triturar mineral, a su vez adyacente a un taller metalúrgico que debemos interpretar como una herrería.
En otra dependencia situada más a oriente se documenta un hogar con tres áreas circulares. Dos de ellas muestran una cuidadosa técnica de construcción destinada a conservar mejor el calor de los fuegos: debajo de la capa de terracota, se ha dispuesto un lecho de fragmentos cerámicos y a su vez encima de un lecho de base con pequeños cantos. La tercera no dispone del lecho de cerámicas.
 



Este tipo de hogar en donde debajo de la plancha de cocción se sitúa un lecho de cerámicas troceadas se encuentra desde Fonteta II, ya que en uno de los habitáculos del edificio de tapial fue detectado uno de estos hogares. En 1984 se localizó en La Peña Negra un hogar similar correspondiente a la fase orientalizante, y aparecen más tarde también en el poblado ibérico antiguo de El Oral.



- Entalle basculante con representación de Seth Ba’al. Cornalina y plata 550-535 a. C. La Fonteta, Guardamar del Segura.
Entalle de cornalina con montura de plata longitudinalmente por un orificio de sección circular, que aparece rematado por dos pequeños cilindros perforados adosados a la montura de plata. Estaba destinado a ser engarzado en un anillo, hoy desaparecido. La pieza presenta dos caras, una redondeada y otra plana, en la que se encuentra la inscripción, formada por tres signos jeroglíficos que representan el cielo, el animal de Seth sentado y un tercero que puede ser o bien el signo de la tierra o tener el significado de señor. En criptografía egipcia el animal de Seth se identifica con el dios cananeo Ba’al, que se caracteriza por sostener en su mano izquierda una vara de cedro, lo cual hace que el animal representado en el entalle haya de ser interpretado como Ba’al y no como Seth.

La siguiente fase donde nos aparece una arquitectura característica y definida, con un inmejorable estado de conservación en algunos puntos, es Fonteta V. Disponemos de dos estructuras adosadas ambas al paramento interno de la muralla erigida en Fonteta IV. La casa del Corte 7 se ha edificado sacrificando el refuerzo del lado interno de la muralla y uno de los tirantes-contrafuertes de la misma. Esta casa presenta un plano, todavía incompleto, de una vivienda pluricelular que consta de cinco estancias como mínimo. Las paredes mejor conservadas muestran robustos zócalos de mampostería -ligeramente más anchos que los de las casas de Fonteta III- de 1,10 m. sobre los que se levanta la obra de adobes, en algunos puntos conservada con igual altura que los zócalos.
En relación con esta casa podemos situar el gran horno de adobes que se instala a medio metro escaso de su pared oriental.
Por su parte, la estructura excavada en el Corte 5N nos ofrece muros de una robustez extrema ya que triplica casi, disponiendo tres hileras de adobes en lugar de una, el espesor de los de la casa del Corte 7. De nuevo, el excelente estado de conservación posibilitó recuperar un alzado de adobes de un metro de altura sobre el correspondiente zócalo de mam-postería, de menor altura que los zócalos contemporáneos del Corte 7. La robustez de las paredes sorprende por el pequeño espacio útil que encierran, por lo que hemos de sospechar que debieron ser una sólida sustentación de una superestructura que pudo elevar más de dos pisos. Las huellas de una posible escalera interna construida con peldaños de adobes dispuestos verticalmente, vendría a confirmarlo. En este caso, el depósito hallado sobre el suelo original de la planta baja parece haberse formado ante el derrumbe súbito de una planta superior, en donde se rescataron in situ un ánfora completa fracturada, un plato de engobe rojo, un asador de hierro hincado y restos de tejido posiblemente teñido de rojo.
Esta estrecha construcción, conviniendo en una considerable elevación, podría estar vinculada al sistema defensivo de la muralla. Se encuentra adyacente al bastión SE y no nos extrañaría hallarnos ante una posible torre interna.
No hemos de olvidar que, en relación con el espacio total existente, estas construcciones de Fonteta V están ubicadas en el área marginal de lo que desde Fonteta IV debió de ser el núcleo urbano. Y ese carácter marginal parece confirmarse con lo que podemos deducir de los momentos inmediatamente siguientes.
A pesar de la alteración producida por depósitos posteriores en estas estructuras de Fonteta V, se han conservado sendos hogares del tipo descrito en las fases arcaicas.
Los adobes que se utilizan en la albañilería se fabrican con barro anaranjado o marrón pardusco y la masa se traba con paja de cereal o con algas marinas (posidonias) que han dejado sus huellas e impresiones o se conservan putrefactas. El mortero que se utiliza para unir unos con otros es el mismo barro pero con tonos siempre sensiblemente diferentes, lo que permite distinguir con relativa facilidad estas paredes. Obedecen a un módulo que conforma piezas subrectangulares de 36x47x11 cm., es decir unas proporciones aproximadamente acordes con el sistema sexagesimal, de tan honda tradición en Oriente Próximo.
  A partir de este momento de la secuencia, en el registro que poseemos, las escasas estructuras detectadas muestran una construcción menos cuidada. En plena fase de Fonteta VI, en que la mayor parte del espacio excavado en el interior del recinto tiene un claro carácter de vertedero, se instala junto al paramento del bastión, adosado y alterando parte de la robusta construcción anterior, lo que no pasa de ser un mero cobertizo con zócalos irregulares de mampostería que se alejan por su técnica más desmañada de los zócalos de las casas anteriores.
Inmediatamente sobre el vertedero, que colmata el espacio interno de las casas de Fonteta V, se instala otro pequeño cobertizo, de peor factura incluso que el anterior, con hogar central cuya placa de terracota no cubre ningún lecho cerámico. Esta auténtica chabola -correspondiente a Fonteta VII- se construye sobre más de un metro de escombros y vertidos, al abrigo de las ruinas de la vieja casa de Fonteta V. Pero su aspecto lastimoso puede no traducir la realidad de lo que puede estar sucediendo en el área nuclear de la ciudad, y tener explicación por ser el cobertizo de quien se encarga del horno metalúrgico al que está adosado.
 
Con posterioridad, antes del derrumbe de las murallas, apreciamos la instalación de alguna pequeña tahona de barro (Corte 7) representativa de Fonteta VIII.
Volvemos a indicar que estas pautas arquitectónicas adjetivan una evolución puntual de un mínimo espacio que además, desde Fonteta IV, puede no coincidir con lo que se está produciendo en áreas más dinámicas de la ciudad portuaria. Futuras excavaciones en zonas más cercanas al propio manantial de La Fonteta y al norte del lugar que ocupa La Rábita califal, habrán de contrastar y completar la información que podemos ofrecer hoy, que no deja de ser preliminar.
 
 
Arquitectura defensiva

El perímetro defensivo va íntimamente ligado al concepto de ciudad y tiene profunda raigambre en Oriente, con numerosos ejemplos en el mundo cananeo prefenicio de la Edad del Bronce. Recordemos la significación de la propia ciudad de Gadir: "la amurallada".
Por ello, uno de los rasgos más llamativos del yacimiento fenicio de Guardamar es la muralla. Aflorada en dos tramos en 1987 y 1991 por el equipo de excavaciones de La Rábita califal, fue interpretada como la muralla que rodeaba el monasterio medieval.
Dada la reutilización de diversos materiales anteriores en la muralla de Fonteta IV, cabe la posibilidad de la existencia en algún otro punto de un encintado arcaico, cuyo perímetro no coincide con el que encierra después la Fonteta reciente.
El aspecto que presentan los actuales restos de las murallas en el ángulo SE de la ciudad permite contemplar un cuerpo central de 4,5 a 5 m. de ancho con paramentos verticales construidos con piedras de diverso tamaño. Algunas alineaciones transversales al sentido longitudinal del encintando parecen indicar un sistema de construcción que finaliza tramos de la misma mostrando careos, sin que debamos interpretar necesariamente los espacios entre unos y otros ni como puertas ni como casamatas.
Ese cuerpo central de flancos verticales está ceñido, en los puntos mejor conservados, por dos cuerpos en talud de una anchura en torno a 1 m. en su base, lo que conferiría a ésta una anchura total cercana a los 7 metros.


Evaluada la incidencia de los constructores de la Rábita, edificada a expensas de la piedra del yacimiento fenicio, en particular de las murallas, así como la posición y espesor de los depósitos formados con el derrumbe de las mismas, podemos concluir en proponer una altura total que debió de alcanzar, si no sobrepasar, los 10 metros. El zócalo de piedras y barro debió de elevarse hasta 4-5 m., sobre el que se levantaría la obra de tapial y/o adobes, posiblemente rematada con almenas, según los modelos que traducen las diversas iconografías de las ciudades fenicias. Toda la obra estaba enlucida con una espesa capa de barro de color anaranjado claro, homogeneizando su aspecto final.
Fiel a la arquitectura defensiva cananea y fenicia, el flanco exterior de la fortaleza presentaba a 4 m. de distancia un impedimento complementario contra posibles asaltos: un foso en V de 2,5 m. de ancho. Es seguro incluso, a juzgar por los restos observados en algunos puntos, la existencia de un glacis de barro entre el forro en talud externo y el borde del foso, lo que impedía aún más el acceso y el minado de las murallas, a la vez que protegía de las fuertes lluvias la estructura defensiva.
Si existieron o no casamatas, al estilo de la cercana fortificación del Cabezo del Estaño, no parece que pueda comprobarse ya que se debieron ubicar en La Fonteta precisamente en el tramo superior de barro.
 
Justamente en el codo sudoriental del perímetro se articuló un bastión de planta cuadrangular en curso de excavación.
Si obviamos la extensa cobertura dunar actual y contemplamos la restitución indicada de las murallas, debía de ser realmente impresionante la visión de esta ciudadela desde Fonteta IV, emergiendo de los esteros del Segura.
Las construcciones de Fonteta V que se adosan al interior de la muralla nos han permitido analizar la existencia de unos muretes transversales más antiguos que parecen originarse en los paramentos verticales del cuerpo central de la muralla e incluso se introducen en él. Han quedado reflejados en los Cortes 7 y 8 en el interior del recinto, así como en el Corte 14, por el exterior.
Por lo que conocemos, no creemos que se trate de muros de viviendas, por más que pudiera utilizarse el espacio comprendido entre ellos para refugiarse a su amparo (de hecho, esta posibilidad ha generado que establezcamos una fase IVc). Este extremo, por desgracia, no puede comprobarse en el espacio actualmente excavado que aquí presentamos, ya que la fase V arrasó ambos muretes, como también eliminó dos tramos del forro interno de la muralla para dotar de mayor espacio a las viviendas que contra ella se adosaron.
Manejando las características geotectónicas del Sudeste español, que es una de las zonas de constante riesgo sísmico - y que obligó en el siglo pasado a trasladar la población de Guardamar del Castillo a su actual emplazamiento-, hemos tomado en consideración la posibilidad de que se trate de unos elementos cuya finalidad residiría en dotar de elasticidad y firmeza al lienzo defensivo, evitando un derrumbe en cadena del mismo.
No faltan precedentes para este proceder en la arquitectura tanto defensiva como civil en el ámbito oriental, que van desde huecos y travesaños de madera en la muralla del Bronce Antiguo de Jericó hasta espacios de adobes entre sillares en el palacio del Bronce Tardío de Ugarit.
Ello confirmaría el alto grado de pericia técnica y el inmejorable conocimiento de las condiciones geofísicas del territorio por parte de los arquitectos que diseñaron el sistema defensivo de la Fonteta reciente.
  
 Arquitectura religiosa

Aunque se trata de una documentación "secundaria", no pierde el incuestionable valor que posee el hallazgo entre las piedras del derrumbe de la muralla o reutilizados en una plataforma de un horno metalúrgico, de varios fragmentos de moldura acabada en gola labrada sobre sillares.
Estos fragmentos arquitectónicos, junto a otros que hay incluidos todavía en la muralla y aquéllos que se pueden apreciar recuperados o reutilizados en las excavaciones del yacimiento de la Rábita califal, son un claro exponente de la existencia en la fase arcaica de La Fonteta de un templo, dedicado a una de las divinidades del panteón fenicio, complementaria tal vez de la Astarté que se veneraba en el Castillo de Guardamar y cuya advocación sabemos continuaba en época ibérica.
El hallazgo de estas molduras, reaprovechadas en la muralla de Fonteta IV o en construcciones posteriores, al margen de su valor arqueológico, traduce de inmediato la misma cuestión que afecta a las estelas y betilos recuperadas de la misma forma, es decir, reutilizadas como material de construcción posterior: ¿Se debe a simple material amortizado o tal vez obedece a razones de más profundo calado?

La actividad metalúrgica

La búsqueda y el comercio de los metales se encuentran en la base de la presencia fenicia en Occidente. El abastecimiento de estaño, el monopolio de la explotación de la plata y la introducción del hierro pasan por ser tres facetas de una misma estrategia que posibilitó la interacción entre fenicios e indígenas, tartessios sobre todo, y que adjetiva los desarrollos socioeconómicos de la Protohistoria de España.



Los indicios de actividad metalúrgica han sido hallados a lo largo de toda la secuencia del yacimiento fenicio, si bien poseemos una notable documentación de la Fonteta arcaica. Baste señalar los diversos hallazgos de escoria y restos de metal fundido (plomo, plata, cobre y hierro) en Fonteta VI, una de las últimas fases de la ciudad.
Los recientes registros de 1998 permiten asegurar que desde el inicio del asentamiento, en un momento indeterminado del siglo VIII AC, el beneficio del metal fue inherente a los fenicios que fundan La Fonteta.
Sobre la base de limos rojizos, en el Corte 8 se excavan tres pequeños hornos cuya elevada temperatura alcanzada alteró la coloración de esta base geológica reciente sobre la que se asienta la ocupación fenicia. Dos son circulares y el tercero alargado, habiéndose hallado abundantes cenizas en todos ellos y restos de escoria en uno de los circulares.
El hallazgo de una escombrera de fundición correspondiente a Fonteta II en el Corte 5N ha deparado un abundantísimo material de carácter metalúrgico: cientos de fragmentos de toberas cilíndricas que muestran el extremo introducido en el horno con restos de vitrificación, diversos ejemplares de crisoles sencillos o con peana en los que se conservan adherencias metálicas, numerosos nódulos de escorias y metal e incluso un pequeño horno habilitado en la propia escombrera, con la parte superior de un ánfora A1 invertida y sellada su boca para utilizarla como recipiente de agua. Un fragmento de molde de arenisca parece delatar el objeto fundido: hachas de apéndices laterales. Un platillo de cerámica a mano con punciones externas que no llegan a atravesar la pared es del mismo tipo que los hallados por Schubart en el Morro de Mezquitilla y que también se conoce en Malaka.
Con todo, el mejor registro procede de Fonteta III. En los Cortes 7, 8 y 14 disponemos del mayor número de objetos relacionados con las actividades metalúrgicas de los habitantes de la Guardamar fenicia. En la fase IIIA, un taller de herrero contenía numerosos pocillos-crisoles con tortas de metal adheridas y uno central con un relleno de virutas de metal (hierro acerado). En el mismo recinto, restos de tres ánforas a torno y un píthos a mano quieren indicar un importante volumen de agua necesaria para el enfriado de los objetos que se forjan.
En la dependencia contigua septentrional, un área de triturado de mineral. Y en lo que parece ser un patio o espacio abierto situado al sur, restos de toberas, en su mayor parte crudas. Y ya en otra dependencia, un mazo de minero con ranuras transversales y varios moldes de arenisca.
Fonteta IIIB1 ha proporcionado una nueva escombrera de fundición en donde los crisoles, las tortas de metal, las escorias, las toberas cilíndricas y prismáticas, así como los moldes para fabricar hachas de apéndices laterales, incluso con doble cama, se mezclaban en una amalgama con un notable conjunto de vajilla de barniz rojo, una de cuyas lucernas de dos picos ostenta un grafito alusivo al nombre teóforo de su propietario: MLQRT YSP ("Melqart lo añadió") según ha podido desentrañar la Dra. Elayi.
Tras los vestigios ya mencionados de Fonteta VI, en la fase VII se ha registrado en el Corte 8 una estructura alargada de combustión - un horno metalúrgico con seguridad - en cuya plataforma inferior había un nódulo de litargirio, es decir, el monóxido de plomo altamente tóxico que resulta de la copelación de la galena argentífera.
Con los datos actualmente disponibles, da la sensación de que tanto Fonteta arcaica como Fonteta reciente ofrecen una caracterización metalúrgica similar, ilustrándonos sobre una de las principales actividades económicas de este centro fenicio de Occidente.
En relación con la metalurgia de las comunidades indígenas precedentes (taller de Peña Negra I), los elementos que ha proporcionado La Fonteta se inscriben en la nueva dinámica instaurada por la presencia fenicia en Occidente: sobre todo el hierro y la plata (metal con que pagan sus tributos a Asiria las metrópolis fenicias), al lado del tipo de toberas tanto cilíndricas como prismáticas, tan conocidas en otros centros fenicios del Mediterráneo central y occidental.
Pero la metalurgia básica de la factoría de la desembocadura del Segura sigue siendo de base cobre. No en vano, el tipo de hacha que se está fabricando en el siglo VII AC en los talleres fenicios de Fonteta II y III es el mismo que desde doscientos años antes venía elaborándose en los talleres de Peña Negra I. Su presencia, incluso monótona, en un centro fenicio puede tener mucho que ver tanto con labores complementarias mineras -deforestación- como con su utilidad segura como escoplo de cantero y tallista. No olvidemos que en esta fase arcaica es donde deben situarse el templo y el tofet cuyas molduras y estelas, talladas con esmero, han sido reutilizadas en la construcción de la muralla de Fonteta IV.
La cultura material

El asentamiento fenicio de la desembocadura del río Segura no sólo nos ha deparado un inmejorable estado de conservación de la arquitectura, sino que también ha proporcionado una masa de materiales arqueológicos que resulta, a todas luces, desbordante y que no hace sino traducir la importancia de las transacciones económicas, el elevado índice demográfico existente y la riqueza de sus gentes.
Tanto a través de la cerámica como de los bronces o los amuletos se aprecia en toda la secuencia de vida de La Fonteta la diversidad del origen de los productos hallados en las excavaciones: Cádiz, Málaga, Cartago y otros centros del Mediterráneo central, y Oriente, para los elementos propiamente fenicios. Las importaciones griegas aparecen desde Fonteta II con cerámicas protocorintias y ánforas SOS, alcanzando un máximo en Fonteta VI con las producciones de la Grecia del Este (Samos, Quíos, Jonia), en la misma línea que lo señalado para Huelva y Málaga. De la fase más arcaica mínimamente documentada (Fonteta IB) procede un skyphos fenicio con engobe rojo y pintura negra que imita los modelos euboicos, similar a ejemplares hallados en Toscanos, Cartago, Mozia y San Antioco.
La Fonteta arcaica depara unos conjuntos materiales acordes con los propios de los restantes centros fenicios del mediodía peninsular y de Sa Caleta. El repertorio más completo procede de Fonteta II y Fonteta III, en cuya diferenciación han vuelto a prestar un buen servicio algunos indicadores cronológicos como es el caso de los platos de barniz rojo (red slip ware, céramique à enduit rouge, rote ware).
El porcentaje de cerámicas a mano es reducido, sin superar valores del 20%. Se pueden establecer tres grupos: el primero de procedencia alóctona, del sur peninsular; otro con pastas ricas en calcita y el tercero, posiblementer local, idéntico a la producción manufacturada de los centros indígenas (Peña Negra I).
Las cerámicas a torno ofrecen igualmente varios puntos de origen, destacando nítidamente por sus características peculiares y por su entidad estadística aquellos productos elaborados en las factorías malagueñas y los importados de Cartago: ánforas, cerámica gris, cerámica sin tratamiento, cerámica de engobe y barniz rojo y cerámica con decoración pintada, esencialmente bicroma.
Las especies más abundantes son las ánforas y la vajilla de barniz rojo. Los platos y las lucernas de uno o dos picos, con o sin tratamiento de barniz rojo, resultan uno de los tipos más comunes, seguidos por los jarros de boca de seta o de boca trilobulada. 


 
La cerámica gris no alcalza en absoluto los valores que después observaremos en Fonteta reciente y su origen hay que buscarlo en los centros de la costa andaluza.

Para la cerámica con decoración pintada hay que subrayar la tendencia hacia una representación especial de las formas E11 (vasos tipo Cruz del Negro) y E13, las tinajas anforoides de cuatro asas geminadas, un contenedor (¿salazones?) tan abundante como las ánforas de vino, mostrando diversas sintaxis decorativas (aspas, circunferencias concéntricas) sobre la conocida temática de base de bandas rojas y filetes negros.
El conjunto cerámico de La Fonteta reciente muestra sensibles diferencias en relación con el comportamiento precedente. Este fenómeno debe relacionarse con los cambios que se producen en casi todos los centros fenicios a partir del último tercio del siglo VII AC, reflejo a su vez del inicio de la crisis de las metrópolis orientales, sobre todo de Tiro.
 
La construcción del sistema defensivo de Fonteta IV y la reestructuración urbana del asentamiento fenicio encuentran su eco en los cambios sensibles en el comportamiento de los repertorios cerámicos en particular. Para su análisis disponemos de un amplísimo registro propiciado por el carácter de vertedero de los depósitos denominados Ia3, exponentes de la fase Fonteta VI.
  1. El carácter de basurero del depósito ha ocasionado el fenómeno de que en determinados puntos los valores de la cerámica a mano se sitúen en torno al 49%, valor que hemos de considerar, por tanto, anómalo ya que la tendencia en el resto del registro sigue aquella observada desde Fonteta arcaica.
  2. Pero resulta atractiva la hipótesis de entrever en estas fases recientes del yacimiento fenicio una mayor presencia de gentes que desde hace tiempo, al menos desde principios del siglo VII AC, están conviviendo con grupos orientales, según se desprende de la instalación de una factoría fenicia en la ciudad indígena de Peña 
  3. Negra II.
¿Acaso se produce un repliegue de la población oriental en Fonteta, junto con grupos indígenas fuertemente mestizados? Una clave para semejante cuestión puede darla la cronología de la fortificación, río Segura arriba, del Cabezo Pequeño del Estaño, cuya publicación resulta imperativa. ¿Es el Estaño una forti-ficación anterior a Fonteta IV y se abandona, trasladándose el sistema defensivo a la ciudad portuaria de la desembocadura? ¿O surge el Estaño precisamente cuando se define dicho sistema?.
La nueva orientación que puede estar tomando la ciudad portuaria de La Fonteta reciente se refleja muy bien en la cultura material: los productos de los centros de la costa malagueña ya no son predominantes, a la par que escasean más aquellos fabricados en Cartago. Como contrapartida, nuevos talleres inundan con sus productos la vida cotidiana de los últimos fenicios, más o menos puros, de Fonteta VI-VIII, antes de desaparecer o ser asimilados por lo ibérico.
Las cerámicas de los alfares fenicios locales de Peña Negra II, particularmente la vajilla gris, alcanzan una representación notoria. A su lado, numerosas producciones cuya identificación, a través de análisis intensivos y extensivos de caracterización, resulta apremiante.
El espectro ceramológico de Fonteta VI puede conducir al establecimiento de una facies propia que matice y explique la transformación de lo orientalizante (Peña Negra II) en lo ibérico antiguo (El Molar), llenando ese salto en la génesis del foco ibérico del Bajo Segura. ¿Podría representar el mundo de Fonteta VI el eslabón que explica directamente el surgimiento de la cultura ibérica a partir de la segunda mitad del siglo VI AC?
Los objetos suntuarios que acompañan a este momento del yacimiento fenicio, con una amplia representación de diversos tipos de fíbulas entre los que falta por hoy la anular hispánica, con vasos de alabastro y escarabeos de fayenza y azurita, nos confirman estas sospechas de hallarnos ante un horizonte inmediatamente previo al representado por la necrópolis del Molar, perteneciente sin lugar a dudas al poblado ibérico situado en la orilla izquierda de la desembocadura del río Segura.
 
 Los vasos de huevo de avestruz
A lo largo de la secuencia de las ocho fases de La Fonteta se ha manifestado la extrema abundancia de vasos realizados sobre huevos de avestruz.
Disponemos de más de 150 fragmentos de dichos vasos, que presentan casi todos restos de ocre rojo por el interior y algunos han conservado la decoración externa pintada o la huella mate de ésta tras la desaparición de la pintura.
Estos hallazgos, junto con los realizados en otros centros fenicios, como es el caso del Cerro del Villar, en la desembocadura del Guadalhorce, ponen de manifiesto el carácter no exclusivamente funerario de esta peculiar producción que perdura en época púnica y cuyo sentido simbólico parece haber cuajado en algunos ambientes funerarios ibéricos.
 
 
Objetos de metal, amuletos y joyería.
Acompañando a los desechos cerámicos y a los restos metalúrgicos hallados en las diversas fases, La Fonteta ha prodigado numerosos objetos de metal, básicamente de cobre y bronce, al lado de un no menos importante volumen de objetos de hierro.
Un considerable lote de anzuelos, junto a pesos de plomo de redes, no hace mas que confirmar lo que indica la existencia de vértebras, espinas, dientes y escamas de diversas especies de ictiofauna, de las que destacan los escómbridos, que fueron pescadas por los habitantes de la ciudad portuaria de la desembocadura del Segura.
Un conjunto de placas de chapa de cobre o bronce, en ocasiones con roblones de hierro, conforman lo que ha quedado de guarniciones sobre materias perecederas (tejido, cuero, madera).
Del cobertizo de Fonteta VI-VII hallado en el Corte 5 proceden los restos de la guarnición de un cinturón, a base de doble cinta recubierta de hemiesferas de bronce, que debió de ser del mismo tipo hallado en Peña Negra II o en la necrópolis de La Joya, lo que viene corroborado por el hallazgo en el Corte 7 de un broche de cinturón del mismo tipo.
Con los actuales registros, el mayor número de fíbulas y broches de cinturón, éstos del tipo sencillo tartéssico, proviene del vertedero de Fonteta VI. Las fíbulas predominantes son las de doble resorte y las de pie acodado rematado en pequeño botón (tipo "Golfo de León"), junto a otros tipos menos comunes y que sirven de cotejo para el establecimiento de la cronología de dicha fase.
En plomo, aparte de los restos de goterones informes, disponemos de una pesa cuadrada con marca central similar a las aparecidas en otros centros fenicios de Occidente (Guadalhorce) y de Oriente.
De hierro han aparecido numerosos fragmentos de piezas diversas, generalmente de vástago circular, y algunas casi completas (un asador en Fonteta V), junto a varios cuchillos afalcatados.
En el apartado de amuletos y colgantes disponemos de una plaquita calada de esteatita con representación del Uadjet y de la vaca Hathor, una mascara silénica de fayenza, una figura de Bes, también de fayenza, como dos de los cuatro escarabeos recuperados. Los otros dos son de bronce y azurita. De marfil se conservan algunas piezas de muebles, un fragmento de peine y un colgante cilíndrico.
Un entalle basculante engarzado en plata perteneciente a un anillo muestra una esmerada labra con el motivo de Set sedente encima de la línea de la tierra y junto a una flor de loto, todo ello debajo del signo pet, el cielo.
Una muestra de la orfebrería en oro lo ofrece un colgante del tipo de cestita con pirámide de glóbulos que obedece a un tipo muy conocido en el repertorio de la joyería fenicia y que, fabricado en oro o plata, se reparte desde Fenicia y Palestina hasta Cádiz.