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martes, 27 de diciembre de 2011

SEGOBRIGA

El nombre de la ciudad:

Sego-briga, deriva de dos términos de origen celtibérico: sego-, que significaría victoria (presente en otras ciudades, como Segovia, Segeda y Segontia), y el sufijo -briga, que significaría ciudad, fortaleza; por lo que su interpretación podría ser “ciudad victoriosa”.
Referencias sobre Segobriga:
-Los textos clásicos:
Frontino es el autor que hace referencia a un momento más antiguo de esta ciudad, cuando narra los ataques del lusitano Viriato contra Segobriga por su alianza con los romanos, en el año 146 a.C. A un momento posterior corresponde la cita de Estrabón que la sitúa en la Celtiberia, refiriéndose que en el entorno de Bilbilis y Segobriga combatieron Metelo y Sertorio.
Por otro lado Plinio, al referirse a la Celtiberia, alude a Segobriga como “caput Celtiberiae”, pero en un momento ya de la ciuadad romana, pues indica que era estipendiaria del Convento Caesaraugustano.
Este autor también menciona la explotación de lapis specularis, una variedad de yeso traslúcido muy apreciado para la fabricación de cristal de ventanas y que sería durante mucho tiempo parte importante de la economía de Segóbriga. Plinio asegura que “la más traslúcida de esta piedra se obtiene en la Hispania Citerior, cerca de la ciudad de Segóbriga y se extrae de pozos profundos”. Una de estas minas se puede ver en la cercana Villa de Carrascosa del Campo.
-La numismática:
Se conocen monedas con la leyenda Sekobirikes, de plata (denario) y de bronce (ases y semis), con busto masculino en el anverso y jinete lancero, en el reverso, acuñadas en el último tercio del siglo II a. C., que se han relacionado con esta ciudad.
También, la ciudad romana emitirá monedas de bronce (ases) con leyenda latina: “Municipium SEGOBRIGA”, enel siglo I a. C., continuando sus acuñaciones hasta el emperador Calígula.
-Tesera de hospitalidad:
Se conoce una tessera hospitalis, decubierta en la zona de Segobriga en el siglo XIX, con forma de cabeza de toro, que tiene dos líneas en texto celtibérico en las que se repite el nombre Sekobirikea, lo que viene a documentar que el nombre de la ciudad está presente en esta zona.
Problemas para situar la Segobriga celtibérica en el cerro de Cabeza del Griego:
Inicialmente, se ubicó Segobriga en Segorbe, por el criterio eclesial de mantener las divisiones eclesiásticas, pero A. Schulten y Bosch Gimpera, la situaron de forma correcta, a principios de s. XX, en el cerro de Cabeza del Griego, en Saelices (Cuenca), donde se ubica la Segobriga romana.
Pero, para distintos autores, las citas de Frontino y Estrabón, sobre la ciudad de época celtibérica, no parecían corresponder con la de Cuenca, a lo que se une la falta de restos arqueológicos en el cerro de Cabeza del Griego, ya que los más antiguos son de mediados del s. I a. C.
A esto hay que añadir, que el estudio, realizado por M.P. García y Bellido, sobre la circulación de las monedas celtibéricas, con el nombre de Sekobirikes, muestra que estas están mejor representadas en la zona del Alto Duero, siendo escasas en el marco conquense y casi ausentes en Segobriga, lo que ha llevado a situar la Segobriga celtibérica por aquellos pagos y proponer que la del Cabezo del Griego correspondería ya a una fundación imperial romana, realizada con celtíberos de aquella zona, a mediados del siglo I a. C.
Por otro lado, el dato aportado por la tésera de hospitalidad con el nombre de Sekobirikea, indica la existencia de este nombre celtibérico en la zona conquense, por lo que se deduce que al menos había dos Segobrigas celtibéricas, una en la zona del Duero, que acuño moneda, y otra en la zona de Cuenca, que no acuñaría moneda y que al parecer no estaría en Cabeza del Griego, donde está la romana.
¿Donde se situaría la ciudad celtibérica?
Se ha centrado la atención sobre el yacimiento concido como Fosos de Bayona (Villas Viejas) próximo, a siete kilómetros del emplazamiento de Segobriga, que se trataría de  una ciudad prerromana de 33ha de extensión.
Los estudios realizados en este lugar muestran una población indígena en altura, con fáciles defensas naturales, y con una sólida muralla, de dimensiones apreciables. Este asentamiento se fecha a partir del siglo III a.C., y, como apuntan los restos arqueológicos, desaparecería probablemente con la Guerras Sertorianas (80-72 a. C.), poco antes del desarrollo de la Segobriga romana lo que parece reflejar una relación de continuidad entre estas dos ciudades.
-Los que han excavado este yacimiento, basándose en el mayor número de monedas halladas de Contrebia Carbica y en la similitud de los tipos de éstas con las de Segobriga, entienden que ello sería indicio de proximidad entre ambas ciudades, defiendiendo la identificación de Fosos de Bayona con esta Contrebia.
-Otros autores mantienen que se trata de la Segobriga celtibérica, apoyándose en  la inscripcipcion de Sekobirikea, que sugiere la existencia en la zona de una comunidad indígena con ese mismo nombre, lo que estaría acorde además con la política romana de desplazar las ciudades indígenas a nuevos asentamientos próximos, manteniendo la centralización que ejercían sobre el territorio.

sábado, 17 de diciembre de 2011

CONTREBIA CARBICA

De las tres Contrebia conocidas, es la nuestra Contrebia Cárbica con una necrópolis del s. IV al I a. C.. Situada a unos siete kilómetros de Segóbriga, junto a la carretera de El Hito, en el paraje denominado Fosos de Bayona, (Villas Viejas) se alzaba el oppidum prerromano sobre una plataforma caliza de unas 45 hectáreas, en la margen izquierda del Gigüela.
Estaba considerada como el límite de la Carpetania, y disponía de un sistema defensivo propio. En 181 a. C. Tito Livio habla de ella como ciudad fortificada frente al cerco del pretor Fulvio Flacco. Este oppidum ha sido identificado por referencias de las fuentes numismáticas como la ciudad de Contrebia Carbica.
Contrebia Carbica puede traducirse como la Contrebia de los Carpetanos.
Contrebia quiere decir "conjunto de casas", equivalente al castellano "Villa...nose qué", palabra que parece tener su origen en las lenguas indoeuropeas correspondientes a la civilización de los Campos de Urnas (muy extendidos entre el Alto Guadiana y el Tajo), es decir bastante antigua.
 El origen étnico de los carpetanos y olcades parece claramente indoeuropeo, aunque de los pueblos del centro, debió ser uno de los más influidos por la floreciente cultura ibérica. No olvidemos la horizontalidad de su territorio y lo fácilmente transitable del mismo.
La misma horizontalidad le llevó a habitar los cerros más altos, y a excavar cuevas, como en La Guardia (Toledo), Taracena (Guadalajara), Perales (Madrid), Huete o Tarancón (Cuenca).
No está claro si Contrebia Cárbica pertenecía a los carpetana  o si realmente pertenecían a los Olcades ya que las fuentes clásicas  no nos lo acaban de esclarecer.
 Hay otros autores que nos dicen que pertenecía a la tribu de los lusones, pero tanto como si pertenecía a los olcades, a los carpetanos  o los lusones, vamos a considerarla como pueblo perteneciente a los Olcades.
Entendiendo que fueran de una etnia u otra, sabemos que era una ciudad fronteriza que adaptó las costumbres ibéricas; es decir, de origen celta, consiguió acogerse a la civilización ibérica, de aquí, que algunos autores la llamaran tierra de celtíberos. 
Este proceso de amurallamiento de los habitats situados en cerros amesetados o laderas junto a cauces de agua fue común en los pueblos de la Meseta, coincidiendo con la llegada de cartagineses y romanos.

De la importancia de la ciudad prerromana nos da idea la constatación de que entre 173- 172 a. C. acuñaba moneda.
La fundación en tiempos de Augusto de la cercana Segóbriga supone la paulatina decadencia de Contrebia. Con las guerras sertorianas coincide su declive definitivo y su final.
Las últimas citas históricas coinciden con la toma de Caracca (Tarancón) por Sertorio y el cerco y toma de la propia Contrebia en el 77 a. C. Dos años más tarde, 72 a. C., el lugarteniente de Sertorio, Hirtuleyo, se enfrenta a Metelo y es derrotado y muerto por
éste en un paraje situado entre Montalbo y Saelices. La toma posterior de Segóbriga completa la derrota de los sertorianos.
El hallazgo casual de un conjunto da matrices de bronce fundido, posiblemente relacionadas con la fabricación da joyas y vajilla de lujo, en el oppidum de Contrebia Carbica, localizado en el territorio suroriental del ámbito céltico peninsular, permite sugerir la existencia en el mismo de un taller de orfebre. Se analizan igualmente las escasas evidencias conocidas de este tipo de objetos, cuyos mejores paralelos se encuentran en la "tumba del orfebre" de la necrópolis ibérica da Cabezo Lucero (Alicante). Finalmente, se revisa la escasa información que se posee acerca de los talleres de orfebre en el contexto europeo da la Edad del Hierro.
La estructura socioeconómica y la mentalidad de estas gentes se puede caracterizar, por poseerun patrón de asentamiento   jerarquizado, marcado por la interdepencia económica entre ciudades, aldeas y castillos. Su urbanismo interior aún no respondería a una planificación consciente, pero se habría dotado de sistemas de fortificación defensivos. Ello conduce a pensar que tendrían lugar situaciones de confrontación armada con relativa frecuencia. Se trataría de comunidades uniformes entre sí en cuanto a la estructura social y las costumbres y modos de vida cotidianos, pero con identidades políticoterritoriales diferenciadas.
Partiendo de una base económica agropecuaria de explotación intensiva, llegaron a desarrollar un alto grado de especialización artesanal (producían cerámica de muy diversos tipos, textiles, ofebrería, armamento de hierro…). Se organizaban internamente de forma jerárquica con un modelo de los denominados “jefaturas complejas” controlado por un estamento nobiliar de carácter guerrero. Hacia el s. I a. C. asumen la escritura ibérica con adaptaciones al sistema fónico celtíbero, apareciendo los primeros textos en esta lengua en las terseras de hospitalidad  halladas en algunos yacimientos. En cuanto al mundo de las creencias parece que otorgaban existencia al “más allá”, a la inmortalidad del espíritu y que desarrollaron una religión organizada en torno a un panteón divino de carácter astral. Los ritos funerarios más frecuentes eran la exposición del cadáver a los buitres y la incineración simple (sin preparación posterior de los restos como el caso íbero). A éstos se asociaban las libaciones,  sacrificios de animales, ofrendas y la deposición de ajuar. Es bastante probable que se realizaran banquetes funerarios como el rito ibérico y juegos en honor del difunto, en el caso de pertenecer éste a la elite guerrera.
Destaca la abundante presencia de cerámicas pintadas con decoración geométrica, así como estampilladas y producciones en cerámica gris, junto a paredes finas y cerámicas campanienses de tipo A y B fechadas desde inicios del siglo II hasta el I a.C. (Gras et alii, 1984, 52s.; Mena, 1988, 32), situándose   primeras emisiones montéales de la ciudad, posiblemente, a comienzos de la segunda mitad del siglo II a.C. (Abascal y Ripollès, 2000, 32). El final
de la ciudad se ha vinculado con las Guerras Sertorianas, lo que parece confirmarse a partir de los materiales cerámicos y numismáticos, aunque para la última emisión monetal se haya propuesto una fecha de mediados del siglo I a.C.
El yacimiento fue objeto de diversas campañas de excavación en las décadas de los años setenta y ochenta del siglo XX, de las que únicamente se conoce algún avance (Gras et alii, 1984; Mena et alii, 1988). Por su parte, el Museo de Cuenca alberga un interesante conjunto de materiales, en su mayoría bronces, pro cedentes de donaciones de hallazgos casuales, realizadas por particulares. Entre tales objetos destaca el conjunto de posibles bronce, que vendrían a confirmar la existencia de un taller de orfebre en el oppidum.
El conjunto comprende un total de diez matrices de bronce realizadas a molde y dos fragmentos de plata, que cabe interpretar como piezas de desecho. Dos de las matrices son conocidas solamente por fotografías, estando actualmente en paradero desconocido.
La mayoría de las piezas presentan re lie ves fi gurados en el anverso, que reproducen cabezas antropomorfas (tres) o zoomorfas (seis), y reversos planos.
En cuanto a las matrices de bronce halladas se han encontrado tanto cabezas masculinas   como cabezas femeninas. Aparecen también representaciones con cabeza de león y otras figuras  zoomorfas, al igual que bronces con cabeza de felino. Todos estos bronces nos dan la idea que allí había un taller de orfebre. Se han encontrado también fragmentos de torques  y algún material de deshecho de plata.
 La riqueza de la Península Ibérica en oro y plata permitió desarrollar desde muy pronto una rica orfebrería, que, en la Edad del Hierro, surge como especialidad independiente de otras actividades metalúrgicas. Es en el período orientalizante (siglos VII-VI a.C.) cuando se introducen una serie de innovaciones técnicas: las grandes piezas macizas desaparecen, sustituyéndose por otras laminares, huecas o rellenas, bellamente decoradas con  finísimos hilos de oro trenzados o con granulados, que forman motivos diversos, trabajados mediante embutido, troquelado y repujado; así mismo, se introducen nuevos tipos de joyas como las diademas de placas articuladas, a nuevas formas se añaden nuevas decoraciones, documentándose la presencia de motivos figurados, utilizando tanto diversos temas vegetales -palmetas, rosetas, roleos u ovas- como humanos o animales, destacando en este punto las placas decoradas con granulado y  filigrana envolviendo máscaras humanas y cabezas de felino del tesoro de Segura de León, cuyo origen se encuentra en la iconografía oriental y griega, evidenciándose un nuevo gusto estético en la sociedad que usaba estas joyas.
En este yacimiento se puede observar claramente el carácter orientalizante de los diferentes hallazgos. Al final de la Cultura Ibérica (siglos II-I a.C.) se observa una preferencia por la plata, tanto para la vajilla como para las joyas.
Por el contrario, en el mundo celtibérico, la orfebrería se manifiesta como un fenómeno tardío, siendo excepcional el hallazgo de joyas de oro y plata durante las primeras etapas de la Cultura Celtibérica.
Aparecen algunos ejemplares de fíbulas con esquema de La Tène decorados con representaciones zoomorfas brazaletes de carácter orientalizante..
Las representaciones de animales constituyen el con junto más abundante entre los hallazgos de Contrebia Carbica, habiéndose identificado cinco pertenecientes a felinos, en concreto leones, y una de carnicero. Nuestros ejemplares re pre sen tan, pues, dos especies frecuentemente el león y el lobo.
 Las representaciones de león se documentan en la Península des de el Período Orientalizante. El león tenía un significado ligado a la expresión del valor, siendo frecuente su utilización como guardián de tumbas, templos o ciudades, lugares en los que se resalta su figura apotropaica como protector contra el peligro externo; este sentido se ampliará en época helenística, apareciendo el león, que personifica la muerte, doblegando entre sus garras a su víctima, el hombre, que no es sino un ser débil a manos de una fuerza devoradora
Estas piezas debieron fabricarse durante un amplio período cronológico, entre los siglos VI-II a.C. con un significado concreto que sería asimilada por el indígena.
  Aparece una Cabeza de carnicero. El lobo era en la Antigüedad el modelo mítico de guerrero, por su fuerza, astucia y ferocidad en el ataque y por su capacidad de actuar en grupo siguiendo a su jefe, hecho que es fácilmente asociado a cofradías guerreras y ritos iniciáticos; de esta forma, el lobo, en el arte prerromano debe re la cio nar se con la mitología indoeuropea, tratándose de un animal del Más Allá. Simboliza la divinidad infernal y guerrera y la idea de invisibilidad, de furor y muerte para el enemigo, así como al dux heroizado y al jefe de la iuventus, ideologías asociadas a mitos indoeuropeos y célticos.
Se encontró una pieza que se puede interpretar como una matriz para la decoración de vajilla metálica fina. Esta pieza, de tendencia circular, podría haber servido para la decoración del borde, mediante filas de triángulos troquelados, de ciertos vasos argénteos, tesoros que integrarían lo que se ha denominado como orfebrería celtibérica meridional.
Se producirían también vasos argénteos para el servicio de mesa, con decoración troquelada geométrica, frecuentemente con triángulos rellenos de puntos.
La existencia de talleres de orfebre en el interior de oppida, como sería el caso de Contrebia Carbica, debió ser un fenómeno habitual, aunque, al menos en el ámbito peninsular.

sábado, 3 de diciembre de 2011

ERCAVICA




Su ubicación exacta se desconoce aunque muchos historiadores consideran que se trata del yacimiento de el Castro de Santaver , en el término municipal de Cañaveruelas.
Se nos habla poco de ella y algunas fuentes nos dicen que tras cinco días de asedio y cerco a la población, tuvieron, al final que pactar con los romanos, siendo premiada por estos por su acción en el 179 a de C, que fue cuando se destruyó o se tomó la fortaleza más importante de los olcades Althia. 
La ciudad ibero-romana de Ercavica (Cañaveruelas, Cuenca) se ubica en un cerro alargado en sentido norte-sur conocido como el Castro de Santaver, que, a modo de península, se eleva sobre la margen izquierda del río Guadiela, afluente del Tajo. El cerro, a 820 m. s. n. m., ofrece una excelente posición estratégica, con un destacado control visual sobre su entorno, situándose en sus inmediaciones el tramo de la calzada que unía Segobriga y Segontia, de gran interés pues comunicaba las ambas submesetas.
La monumentalidad y entidad de los espacios y edificios públicos de Ercávica, la singularidad de sus vías porticadas, la regularidad de su entramado urbano, el conjunto de edificios residenciales, conforman la imagen de una ciudad próspera y romanizada.
     Siempre según Osuna (1997: 171 y 184), tales construcciones, que él tiene por prerromanas, «se han hecho en una zona que fue basurero y en donde han sido hallados materiales pre y protohistóricos, así como de los siglos II-I a. C., donde abundan las cerámicas pintadas, griegas, campanienses, paredes finas y en menor proporción, aretinas, así como algún epígrafe ibérico y una gran diversidad de objetos de lo más variado», materiales de amplia cronología que, con la excepción de los supuestos productos griegos, resultan semejantes a los documentados en la Campaña de 1998, en contextos nunca anteriores a mediados del siglo I a. C.
Asimismo, la existencia de áreas arqueológicas de diferentes características y naturaleza permite ofrecer una visión de conjunto de los diversos componentes de una ciudad romana al visitante. A todo ello se suma la buena conversación de los restos arquitectónicos, como algunos alzados con alturas de más de dos metros.
 
El Foro: Complejo arquitectónico monumental, que constituía la plaza pública y el centro cívico de la ciudad, integrado por los edificios propios de un municipio: la Basílica, la Curia y otras dependencias municipales. En el lado oriental de la plaza se articula el desnivel del terreno con un espléndido Criptopórtico, mientras que en su lado occidental una serie de tabernae (locales de diverso uso), flanquean el Cardo Máximo.
Urbanismo: Se han documentado diferentes tramos de calles empedradas y porticadas (cardines y decumani), que delimitan manzanas (insulae) regulares, definiendo la trama urbana ortogonal de la ciudad. Éste constituye un ejemplo privilegiado de urbanismo romano en el centro de la Península.
     La noticia de mayor antigüedad sobre Ercavica se remonta al primer cuarto del siglo II a. C., cuando la ciudad, calificada como nobilis et potens civitas, se rindió a T. Sempronio Graco el 179 a. C. (Livio 11, 50, 1). Ptolomeo (2, 6, 57), por su parte, menciona dos ciudades con ese nombre, una entre los Celtíberos y otra entre los Vascones. Con la ciudad celtibérica se han vinculado las monedas con la leyenda en alfabeto ibérico erkavika, aceptando de forma general la ubicación de esta ceca, así como de la ciudad citada por las fuentes, en el Castro de Santaver, solar de la ciudad romana del mismo nombre, asumiendo por tanto la continuidad topográfica entre ambas entidades urbanas, sin otros argumentos que el hecho de utilizar ambas el mismo topónimo.
     La escasa entidad de los materiales aparecidos en el Castro de Santaver con cronologías anteriores a la segunda mitad del siglo I a. C., unido a la existencia de un importante yacimiento con entidad urbana a pocos kilómetros aguas arriba del Guadiela, desaconseja ubicar el núcleo celtibérico en el solar donde se levanta la ciudad romana, en la que, con la excepción de algunos raros materiales pertenecientes a la Edad de Bronce o de cerámicas celtibéricas de amplia cronología, los contextos significativos más antiguos remiten a época tardorrepublicana, hacia la segunda mitad del siglo I a. C., llegando hasta época augustea temprana.
     El desarrollo urbanístico de la ciudad comenzaría en época de Augusto, cuando debió programarse su monumentalización, de modo semejante a lo identificado en otras ciudades del entorno, como Segobriga o Valeria. Con dicho programa cabría relacionar, igualmente, la construcción de la muralla. La construcción de una obra de tal envergadura podría tener que ver, tal como se ha señalado para Segobriga, con la obtención por parte de la ciudad del estatus municipal, lo que debió de producirse durante el principado de Augusto.
     Plinio (N. h. 3, 24) proporciona información sobre el estatuto jurídico de la ciudad en fecha anterior al año 12 a. C., incluyendo a Ercavicaentre los municipios del Conventus Caesaraugustanus que denomina latini veteres, esto es, municipios de derecho latino cuyo privilegio sería anterior al otorgamiento general del ius Latii en Hispania por Vespasiano. El rango municipal de la ciudad, adscrita a la tribu Galeria, es indicado por las leyendas monetales desde las emisiones de Augusto, que se sitúan a partir de los años 17-15 a. C., (11-10a. C., según otros autores). Por su parte, la presencia de magistrados municipales (IIviri) está documentada por la epigrafía desde la época de Tiberio. Con el programa de monumentalización augustea cabe relacionar, también, la organización del conjunto foral, aunque la actividad edilicia se mantendría en época julio-claudia, momento en el que se construirían las Termas de la ciudad. La pujanza de Ercavica durante este período queda puesta de manifiesto por la numismática, ya que el municipio ercavicense fue centro emisor de moneda durante los reinados de Augusto, Tiberio y Calígula.
Tampoco deben considerarse las monedas de cecas ibéricas y celtibéricas recuperadas en el Castro de Santaver en número reducido (Gomis, 1995: 101 s.) como un argumento sobre la antigüedad de la ciudad, pudiendo ser interpretadas como una muestra de la circulación residual existente en la zona en la segunda mitad del siglo I a. C., similar a lo identificado en otras ciudades de la zona, como Segobriga (Almagro-Gorbea y Abascal, 1999: 

160).
     Osuna (1993: 19 y 1997: 170 s.) se refiere, asimismo, a la existencia de una necrópolis, actualmente bajo las aguas del pantano de Buendía aunque su localización exacta sea desconocida, en la que en 1992 se recuperó un lote de cerámicas griegas pertenecientes a talleres del siglo V a. C. como Saint Valentin, Fat boy o áticas de barniz negro. La falta de materiales de cronología similar en el Castro de Santaver, así como el fuerte desnivel y la distancia existente entre éste y la zona donde al parecer se localizaría la necrópolis, desaconseja la vinculación entre ambos yacimientos, frente a lo sugerido por Osuna, para quien se trata de «la necrópolis de la Ercávica prerromana». Tampoco parecen aceptables otras propuestas (Burillo, 1998: 221 s.) que consideran la posibilidad de que dicha necrópolis pudiera depender de otro núcleo prerromano próximo, interpretado como la Ercavica indígena, dada la excesiva distancia, como se verá a continuación, existente entre ambos.
     La existencia de un importante yacimiento prerromano con entidad urbana a sólo 6 km. aguas arriba del Guadiela, en el término municipal de Alcocer (Guadalajara) ya había sido advertida en diferentes ocasiones (Bendala et alii, 1987: 132; Fuentes, 1993: 173 s.; Burillo, 1998: 232). El lugar, conocido como La Muela (Alcocer, Guadalajara), se localiza en la margen derecha del río, ocupando una extensa península amesetada, de superficie prácticamente llana, ligeramente basculada hacia el sureste, con una superficie de unas 37 ha. Presenta marcados desniveles hacia el río, situado al sur, destacando apenas del terreno hacia el norte (figs. 1 y 2). Su proximidad a la Ercavica romana, en la margen contraria, permite sugerir su identificación con la ciudad indígena epónima.
  Tal ubicación responde a lo que Burillo (1998: 258 ss.) ha denominado «ciudades de llano», en las que las cualidades defensivas del terreno no priman al elegir el emplazamiento. Dichas ciudades surgen en el Valle Medio del Ebro con posterioridad a las Guerras Celtibéricas, teniendo como ejemplos de las mismas, la Bilbilis celtibérica, en Valdeherrera
 Referencias a la ciudad:
-Las fuentes antiguas:
La noticia más antigua conocida sobre la ciudad de Ercavica la proporciona Tito Livio, en relación con la conquista romana del siglo II a. C., al referirse a la campaña de Tiberio Sempronio Graco en el 179 a. C., indicando que éste se dirigió a Ercavica, nobilis et potens ciuitas, que tras cinco días de resistencia se rindió los romanos, temiendo lo sucedido a otros pueblos vecinos. No obstante, tras la retirada de las tropas romanas, los de Ercavica se sublevaron, siendo finalmente derrotados por Graco en una gran batalla librada contra las ciudades celtibéricas, cerca del Mons Chaunus.
Las restantes noticias de las fuentes literarias se refieren ya a la ciudad romana, señalando Plinio su adscripción jurídica al Conuentus Caesaraugustano, y apuntando Ptolomeo la existencia de dos ciudades de nombre Ercavica, una entre los Celtíberos y otra entre los Vascones.

-La numismática: Se conocen sólo unas treinta monedas, sin procedencia, con la leyenda en alfabeto ibérico erkavika, pero sus características metrológicas y estilísticas lleva a reconocerla como ceca celtibérica. Se acepta la existencia de dos emisiones monetales en bronce, habiendo diferencias entre los autores en su atribución cronológica, ya que unos sitúan estas emisiones en la segunda mitad del siglo II a. C. y otros las llevan a mediados del siglo I a. C. Las monedas de cecas ibéricas y celtibéricas recuperadas en el Castro de Santaver, en número reducido, no ofrecen un argumento contundente sobre la antigüedad de la ciudad, ya que pueden ser interpretadas como una muestra de la circulación residual existente en la zona, en la segunda mitad del siglo I a. C., similar a lo identificado en otras ciudades próximas, como Segobriga.
No obstante, sí parece aceptada la identificación de la ciudad, citada por Livio, con la ceca celtibérica de erkavika, pero no tanto su localización, ya que aunque se suele considerar como más probable su reducción al Castro de Santaver, otros autores creen que la ciudad debe buscarse en la margen derecha del Ebro, identificando la población vascona, mencionada por Ptolomeo, con la citada por Livio y con la ceca indígena.

viernes, 2 de diciembre de 2011

OLCADIA - LOS OLCADES

Sobre el siglo VI a.C. Los Olcades, un pueblo indoeuropeo, se asientan sobre la zona  conquense de la Manchuela en sureste de la provincia  y limítrofe con las provincias de Albacete y Valencia. Por estas tierras pasó también Aníbal el 220 a.C. en su expedición desde Cartago Nova a Salmántica y Arbocala. La romanización total de esta zona sería sobre el año 179 a. C. por Tiberio Sempronio Graco.
    La comarca de ” LAS OBISPALIAS” estuvo habitada hacia el s. VI a. C. por la tribu de los OLCADES, los cuales según Polibio ocupaban el territorio que se extiende desde el nacimiento del río Tajo hasta el nacimiento del río Guadiana.      Si nos atenemos a lo dicho por Polibio, (historiador y geógrafo griego al servicio del general romano Escipión) así como por otros historiadores latinos, en diversas referencias hechas sobre la tribu en cuestión; nuestra comarca se encuentra en territorio de los Olcades; los cuales abarcaban también parte de las actuales provincias de Albacete, Cuenca y Teruel.
      Prestigiosos investigadores como Schulten, piensan que esta tribu era plenamente ibera, mientras que otros, Blas Taracena Aguirre entre ellos, hablan de la posibilidad de una tribu celtíbera que estaría en contacto con tribus netamente ibéricas y que tendría su límite Sur por el Júcar. La capital de los Olcades era Althea, situada según varios historiadores, cerca de Alconchel.
Los Olcades, que sólo se citan en época anibálica, desapareciendo posteriormente fueron absorbidos entre celtíberos y edetanos. Ocuparían las abruptas tierras meridionales del sistema Ibérico y de la cuenca del Júcar al sur de la serranía de Cuenca, ya perteneciente a los celtíberos, entre las llanuras litorales habitadas por edetanos y las del interior por carpetanos.
     Los yacimientos aqueológicos (Iniesta, Barchín del Hoyo, Manchuela conquense) indican que toda el territorio manchego al sur de la Serranía conquense era de cultura íbera lo que sitúa al pueblo olcade dentro del ámbito del mundo ibero o bien habría que situarlo más al norte, ya en plena serranía. Debido a sus contactos con los celtíberos por su cercanía vecindad pudiera ser que sufrieran algún tipo de influencia cultural.
Hecateo los situaba entre el alto Tajo y el Júcar medio. Más tarde Tito Livio los consideró un apéndice de los carpetanos. Por otra parte el historiador Manuel Gómez Moreno los situaba en La Alcarria. A esta tribu se le han adjudicado las ciudades celtíberas de Caesada y una serie de oppida situados en las altiplanicies del occidente de la provincia de Cuenca, como Segóbriga, Valeria, Laxta y Ercávica. En 221 a. J.C. su capital, Altia, fue tomada por [[Aníbal]. Dado que el nombre es dado por los historiadores griegos, algunos eruditos sugieren que fue "Kelin", en el yacimiento de Los Villares, en Caudete de las Fuentes. De carácter indómito, sus guerreros llegaron a vencer a Viriato.Las excavaciones de las últimas décadas, al situarlos en zona plenamente ibera, sitúan al pueblo, supuestamente olcade, en el entorno del oppidum ibero de Ikalesken  que dominaría el territorio actual de las Manchuelas conquense y albacetenses y limitaría al norte con las zonas celtíberas de Valeria, Segóbriga. Parece ser según algunas fuentes antiguas como Livio, dicen que los olcades  estaban situados entre Cartagena y Sagunto. Otros trasladaban a los olcades desde la Contestanía a la Bética, que creemos que así fue y podemos decir de ellos que eran un pueblo nómada, cuya base estaba en la Olcadia ( llamese así a la provincia de cuenca) y que eran trasladados por los romanos de unas zonas a otras. Quizá fueron ellos mismos quienes se asentaron cerca de los poblados donde se han encontrado los yacimientos ibéricos de la Contestanía y del Sureste, si no, con los antiguos  pobladores, en poblados cercanos, estando a merced del mejor postor o porque le interesase más la zona en que iban a habitar, por su pastos para el ganado o por sus riquezas y quizá sea por ello que cuando aparece un yacimiento ibérico  situado en un alto cerca de él y en otro alto siempre suele aparece otro cercano, el cual se podría decir que perfectamente podría ser un asentamiento de olcades regidos por las mismas leyes unos y otros y los de su misma estirpe o por ellos mismos. Es entre los años 1000 y 500 a. C. cuando las sucesivas oleadas de pueblos indoeuropeos y mediterráneos arriban a la península Ibérica y configuran el poblamiento prerromano de ésta. Son los indoeuropeos los que llegan al interior, ocupan el centro y constituyen la base de poblamiento de la Celtiberia.
Su población, vivía dispersa en numerosos, aunque reducidos, poblados, vici et castella, pequeñas aldeas y torres para su defensa. El carácter reducido, numeroso y estacional de estos poblados fue la causa de su frecuente desaparición a lo largo de la historia. Son poblados en llano, sitos en el sector endorreico, caracterizado por las inundaciones ocasionales y la composición salina del suelo. La superficie media de los asentamientos ronda los 581 metros cuadrados y son de carácter funcional, propio de la temporalidad de su ocupación que quizá fuera estacional. Se localizan en las zonas más fértiles y asequibles del territorio, aprovechando cursos de agua estables y manantiales, dominando un valle o paisaje abierto.
Estos pequeños asentamientos situados en terreno llano o en planicies, se encuentran en dependencia directa de un poblado de altura que centraliza el poder: Segóbriga, Valeria y otros de ubicación incierta.
Estos poblados en altura, escasos, en un principio, se sitúan en lugares que ofrezcan las mejores defensas naturales, con sencillas murallas adaptadas al terreno o un simple muro cerrado al exterior por la parte trasera de las casas. A partir del s. IV a. C, se generaliza la tendencia a establecer poblados fortificados en lugares estratégicos, que controlan amplios territorios y ejes de comunicación. De la existencia de estos primitivos pobladores y asentamientos dan fe ciertos yacimientos, abundantes en La Mancha, denominados genéricamente morras. Se emplazan en elevaciones naturales del terreno, de escasa altura, en las vegas de los ríos o zonas pantanosas, dominando amplios espacios abiertos.
En la mayoría se observa la presencia de amontonamientos de piedras en superficie, procedentes del derrumbe de primitivas construcciones. En algunas morras se encuentran muros, o lo que queda de ellos, formando alineaciones más o menos circulares (morras) o alargadas (castillejo). Castillejo es el Villar de Cañas.  Alcolea = castillo pequeño, castillejo.
Sobre un sustrato del Bronce Valenciano, en el paso del Bronce al Hierro, se extendería una cultura esencialemente ganadera, característica de las estribaciones del sistema Ibérico, que se iberiza desde la costa, principalmente a través del corredor de Requena-Utiel. La mejor evidencia sería Kelin (Los Villares, Caudete de las Fuentes, Valencia), quizás la antigua capital tomada por Aníbal, cuyo estratégico papel siguió vigente en la conquista romana cuando llegó a tener 8 ha. y a acuñar moneda. Ofrece incialmente cerámicas del Bronce final local, importaciones fenicias y después focenses llegadas desde la costa, siendo plenamente iberizada a partir del siglo IV a.C. y destruyéndose en la segunda guerra púnica. Su profunda iberización explica la del interior, evidenciada por numerosos poblados de tamaño más reducido y por necrópolis de cremación en urna sin armas y con cerámicas ibéricas, como las de Buenache y Olmedilla de Alarcán (Cuenca). Estas zonas, en las que la ganadería tendría un papel importante, contribuirían a su vez a la iberización de sus vecinos celtíberos, con los que limitaban por el norte, y de los carpetanos, por el oeste. La procedencia étnica de los olcades parece local, a juzgar por la tradición de su sustrato, pero su nombre, relacionable con el de los celtas volcos, permitiría pensar en un proceso de celtización, al menos parcial, paralelo al de la predominante iberización cultural. Pero falta documentación lingüística, por no existir escritura hasta la romanización.
Con frecuencia, aparecen enterramientos de inhumación o urnas cinerarias, lo que evidencia el ritual de cremación de cadáveres.
Las necrópolis de estos primeros pobladores se ubicaban a la salida de los poblados, no muy lejos, junto a las vías, siendo habitual encontrar junto a ellas conducciones de agua, santuarios, pozos, (alguno con significado esotérico, pozo Airón). *Airón era un dios de tipo infernal, demonio que habita en las profundidades, lugares acuáticos, asociados al tránsito al Más Allá.
Bastante conocido en la Meseta, existen indicios de su culto en La Almarcha, Uclés. De Uclés procede una inscripción dedicada a Airón por un ciudadano romano de origen indígena que transcrita dice “Al dios Airón lo dedicó la familia usetana oculense, Cayo Titinio Crispino.
Aunque no se puede afirmar categóricamente, eran las comarcas naturales las que delimitaban los asentamientos tribales de estas tribus celtíberas que ocupan el centro de la península y más concretamente, la provincia de Cuenca limítrofes con la Contestanía y la Edetanía.
    Los Olcades, serranos, tenían su principal ciudad, Cartala o Althea situada, según muchos historiadores, cerca de Alconchel. Participaron en la 2ª guerra púnica como aliados de los cartagineses, a los que abandonaron posteriormente, pasando al bando romano. Como represalia, el 221 a. C. Aníbal toma y destruye su ciudad. Los supervivientes se diluyen e integran entre sus vecinos, hermanos de raza, los Carpetanos, haciendo causa común en su lucha contra el cartaginés. Sus habitantes, vestidos con áspera lana, semejaban en su aspecto, cabras salvajes. Sus curiosas costumbres asombraron a los romanos, especialmente la de utilizar los orines para lavarse el cuerpo y los dientes. Su economía prioritaria estaba basada en la agricultura, y algo de ganadería. Por ello, Viriato en 146 a. C. les impuso un tributo en trigo, a diferencia de los segobricenses, a los que les robó los ganados.
En el s. III a. C, los cartagineses se internan en la Carpetania con el objetivo de reclutar mercenarios de la tierra para ayuda en su guerra contra Roma (2ª Guerra Púnica 273-274 a. C.) Tras sucesivos intentos y resistencias de la población autóctona y el asesinato de dos de sus generales- Amílcar-228 a. C. y Asdrúbal-221 a. C.- en 221 a. C. Aníbal, al mando de los cartagineses se enfrenta a los Olcades y saquea y destruye su capital Althea.
Al año siguiente, 220 a. C., una coalición de carpetanos, vacceos y olcades, unos 100.000 hombres, se enfrenta a Aníbal, cerca del Tajo. Son derrotados por los elefantes y la caballería del cartaginés. Sus ciudades saqueadas y sometidos a tributo de hombres y especies.
-->Plinio fijaba en Segóbriga (Cuenca) el límite sur de Celtiberia. Si bien los romanos usaron la palabra celtíbero con cierta ligereza. Alces debía estar a dos o tres jornadas de Ercávica .Desde Alces, Gracco llegaría a Ercávica, siguiendo las estribaciones meridionales de la Sierra de Altomira. Por entonces no existía aún la Segóbriga Romana (aunque sí la Segóbriga celtíbera -en Palencia ó Burgos). Conclusión: es muy improbable que Alcázar fuera la Alces celtibérica. Futuras excavaciones podrían dejar en evidencia la hipótesis hasta ahora mantenida. Por ejemplo: el siglo pasado aún había quien sostenía que la Segóbriga celtibérica estaba en Segorbe (Valencia). Alces?... Políbio mencionaba una tal Althea como la ciudad más fuerte de los olcades... ¿Puede ser la misma? Efectivamente, la ciudad más fuerte de los olcades era Althea. Es más que probable que esta ciudad se encuentrara presumiblemente junto a la vía que unía las costas de Cartago con la Carpetania, en el actual Alconchel (Cuenca). Como sabemos, fue saqueada e incendiada por Aníbal y refundada en época romana con otro nombre hasta hoy controvertido. En las fuentes romanas no figura ya el pueblo olcade, por lo que debió diluirse entre el genérico celtíbero o entre los carpetanos. La cita de Alces es posterior, y su ubicación geográfica es distinta. Alces debía estar más hacia el Oeste que Althia, en el extremo oriental de Carpetania, o lo que es lo mismo, en el extremo suroccidental de Celtiberia, y a la vez no muy lejos de Ercávica (Cañaveruelas-Cuenca).

 

miércoles, 30 de noviembre de 2011

KELIN


Las excavaciones en Los Villares (Caudete de las Fuentes) se iniciaron en los años 1950-1960 y desde 1980 están dirigidas por Consuelo Mata, de la Universitat de València.

El yacimiento de Los Villares, identificado como la antigua ciudad ibérica de Kelin a partir de los estudios numismáticos, se encuentra en el término municipal de Caudete de las Fuentes (Valencia) y tiene una extensión aproximada de 10 hectáreas. Se sitúa cerca del nacimiento del río Madre, en una loma que se eleva 800 m.s.n.m., destacando sobre el llano circundante. El carácter estratégico de su ubicación viene marcado por su proximidad a dos vías de comunicación que permitían el contacto entre el litoral mediterráneo y la meseta interior, de Este a Oeste, y entre Aragón y la Alta Andalucía, de Norte a Sur.
La población que se instala, a principios del siglo VII  a.C., en el cerro de Los Villares tiene una cultura material característica de un Bronce Final avanzado que recibe de forma casi inmediata productos procedentes de la costa.
Hasta inicios del VI a.C. existe una secuencia ininterrumpida de fases constructivas y remodelaciones de los espacios habitados y de circulación que apenas se intuyeron en las publicaciones anteriores (Mata, 1991, 24; Mata et alii, 1999).
Las viviendas son alargadas, separadas en algunos casos por estrechos pasillos, sin apenas divisiones internas y con un hogar circular, plano o en cubeta. Las paredes son de adobe sobre un zócalo de dos hiladas de piedras pequeñas.
Las cerámicas están hechas a mano y algunas de ellas imitan piezas a torno; hay, también, escasos objetos de hierro que no siempre se pueden identificar por su estado de conservación; y un porcentaje reducido de cerámicas importadas como ánforas y tinajas fenicio-occidentales, trípodes y barniz rojo. La agricultura se basaba en los cereales junto a una tímida introducción de frutales (higuera y vid); los recursos cárnicos se obtienen de los ovicaprinos, seguidos de cerdos y bovinos, algo de caza y caballo; el antracoanálisis muestra unpaisaje de maquia o garriga junto a un bosque caducífoleo
Los olcades de Kelin se cree que eran de etnia o estirpe celta, pero con costumbres íberas ya fueran edetanas o contestanas, es decir, procedían de la cultura de la Tene asentados cerca de la Comunidad Valenciana. Así  vemos que eran fronterizos con la Edetanía o Contestanía. Son más bien lo que llamamos Celtíberos, ya que eran como hemos dicho pertenecían a las antiguas oleadas de pobladores llegados a la península que posteriormente adquirieron la cultura de los íberos.
Alcanzó su máximo esplendor en torno a los siglos IV-III a. C., llegando a convertirse en capital de un amplio territorio ibero que superaba los actuales límites administrativos de la comarca de Requena-Utiel. Como lugar central, Kelin estructuró su territorio mediante una red de asentamientos interdependientes con funciones diversas y complementarias, tanto defensivas como productivas.
El poblado tan sólo conserva posibles tramos de muralla o de muro perimetral en su lado oeste y todavía no ha sido localizada su necrópolis. Por otro lado, tal y como era práctica habitual entre los iberos, se han hallado algunos enterramientos infantiles en el interior de las casas, normalmente bajo pavimentos y/o muros.
Se conoce su existencia desde mitad del siglo XVIII, aunque no fue
hasta mediados del siglo XX cuando comenzaron las excavaciones arqueológicas. En él se han realizado, entre 1956 y 2002, 23 campañas centradas en una superficie de unos 1000 m2, en los que se ha podido constatar una dilatada cronología. La loma de Los Villares se ocupa ininterrumpidamente desde inicios de la Edad del Hierro (aproximadamente en el 680 a. C.) hasta época iberorromana (75 a. C.), ofreciendo una horquilla cronológica excepcional en el registro arqueológico valenciano.

Su larga ocupación permite ver la evolución de su estructuración interna y su arquitectura. En los niveles fundacionales del siglo VII a. C. se observa un urbanismo incipiente, con habitaciones rectangulares sin divisiones internas separadas por estrechos pasillos. En el Ibérico Pleno (siglo IV-III a. C.),
por contra, el poblado se caracteriza por presentar un urbanismo mucho más complejo, lo que se traduce en calles anchas que permiten el tránsito de carros. Éstas se entrecruzan formando un plano ortogonal con manzanas constituidas por grandes viviendas, de entre 80-100 m2. Su espacio interior aparece dividido en varias estancias, algunas de ellas con una funcionalidad específica. La habitación principal de las viviendas se dedica a múltiples labores (cocina, descanso, etc.), puesto que es donde se encuentra el hogar central, mientras que los departamentos más alejados de las puertas actúan como almacenes y/o despensas. Una de las viviendas ha sido interpretada como la casa de un rico comerciante, ya que cuenta con una bodega donde se han documentado más de 70 ánforas fragmentadas. En toda la casa hay un total de 98 recipientes grandes, entre ánforas y tinajas, lo que permitiría el almacenaje de unos 7.460 litros. Además, también cuenta con un pequeño taller de forja, así como otro tipo de bienes que denotan su elevado estatus (una pulsera de plata, cerámicas de importación, etc.).
La agricultura sigue teniendo como cultivos principales los cereales junto a algunas legumbres y una
consolidación progresiva de la vid; en la ganadería, destaca el descenso del bovino y de los caballos como aporte cárnico; y en cuanto al paisaje vegetal se observa un aumento de las especies de garriga, lo que significa una mayor antropización del territorio respecto a los siglos anteriores debido al aumento de los lugares habitados, que ejercen una mayor presión sobre la vegetación (madera, minería, nuevas zonas cultivadas y nuevos cultivos, aumento de la ganadería).
El hallazgo, en 1979, de una copa jonia sirvió para identificar y datar el primer lote cerámico indígena del siglo VI; en cambio, el espacio donde se encontraron apenas aportó información al estar muy incompleto. Estos materiales ya se han publicado con anterioridad por lo que no se van a tratar con detalle pero, por su interés, se recogen aquí algunas de las piezas a torno por ser las más significativas del siglo VI: dos tinajas pintadas, una de ellas con hombro carenado como las ánforas, un plato gris y una urna de orejetas también en gris.
Los materiales encontrados son, sobre todo, cerámicos, aunque también hay una varilla de hierro y un fragmento de molino barquiforme. Todas las cerámicas hechas a mano son toscas con escasa variedad tipológica; mientras que las torneadas son de clase A, gris y oxidante, entre las que hay ánforas, tinajas, platos y una mano de mortero, así como escasos fragmentos de ánforas fenicias.
Kelin acuña moneda propia durante un corto periodo de tiempo entre la segunda mitad del siglo II y comienzos del I a. C. Las monedas, ases y semis, son de bronce y formarían parte de una emisión muy limitada, destinada a usos locales y cotidianos.
La economía es básicamente agrícola. 
 
El cultivo del cereal (principalmente trigo desnudo y mijo) y la arboricultura (viña e higuera), proporcionan productos básicos para el consumo humano y otros destinados al ganado. El territorio inmediato de explotación de Kelin cuenta con un importante potencial pecuario (oveja, cabra, cerdo y bóvido), pues dispone de una amplia zona de pastos en la vega y en las dehesas, así como zonas forestales en La Atalaya y La Bicuerca. Los productos obtenidos no solo sirven para cubrir las necesidades básicas del enclave, sino que, al mismo tiempo, proporcionan excedentes destinados al intercambio. Fruto de estas relaciones comerciales, los habitantes de Kelin obtuvieron cerámicas procedentes de diferentes puntos del Mediterráneo (cerámicas fenicio-púnicas, áticas e itálicas), a lo que habría que sumar otro tipo de materiales, como el marfil o la pasta vítrea.
Asociados a cerámicas del siglo VI, hay dos hogares  formalmente distintos a los datados en el siglo VII que en Los Villares son siempre circulares.
Otro equipamiento de interés fue el hallazgo de un ánfora hincada en el suelo, cuyo contenido pudo ser el vino,
según el análisis de residuos hecho por Juan-Tresserras y Matamala (2004, 286). En cuanto a su contenido, el vino, pudo ser tanto importado como local puesto que el cultivo de la vid está ya consolidado, como demuestra el aumento de semillas de vitis vinifera en Kelin.
En el siglo V ya han desaparecido las importaciones fenicias y todavía no han llegado masivamente las púnicas y griegas, de ahí alguna de las dificultades existentes para aislar ajuares y niveles de esta  cronología.
 
Las aproximaciones al cómputo demográfico apuntan a que el poblado, durante esta fase, pudo contar con una población de entre 3.800 - 4.000 habitantes. La vida del mismo parece llegar a su fin de forma violenta en torno al 80-75 a. C., tal y como se deduce del estudio de las importaciones y la numismática. Se ha planteado la posibilidad de que Kelin tomara partido en la guerra civil que sufrió la República romana durante esos años.
El material recuperado es, ante todo, cerámica a torno de clase A –oxidante y reductora- y B, junto a un pequeño porcentaje de cerámica a mano; entre las importaciones hay un fragmento de cerámica ática y otro de ánfora fenicia; los objetos de hierro tienen una presencia mayor que en el siglo anterior.
Los asentamientos son de nueva planta y buscan nuevos emplazamientos, más cercanos a las tierras de cultivo.
Excepto dos de ellos, todos se sitúan en elevaciones más o menos destacadas y son de tamaño medio o pequeño
(< 4 ha). El único lugar parangonable a Kelin por tamaño, volumen y calidad de los materiales es Requena, pero dado el estado actual de la información no se puede decir mucho más al respecto. En consecuencia, se puede afirmar con rotundidad que el asentamiento mayor era Los Villares, donde los materiales y construcciones de esta cronología se han localizado en diversos puntos de su superficie (Mata, 1991, cuadro 1 y lám. I; Mata et alii, 2001 a, 83 y b, 319), manteniendo las dudas razonables sobre Requena.
Las ánforas fenicias llegan a casi todos estos lugares, pero en Los Villares, además, se encuentran tinajas, trípodes, barniz rojo, así como algunas imitaciones a mano y a torno; en Requena, hoy por hoy, falta el barniz rojo. Es decir, se aprecia una distribución selectiva de productos desde los centros mayores: Requena es el lugar más próximo a la vía de comunicación desde la costa, por lo que el control de la misma le permite conseguir productos variados; Los Villares es el destino principal de estos productos exóticos; los demás asentamientos, situados al Norte y al Oeste de Los Villares, reciben vino fenicio como forma de mantener fidelidades y asegurar una explotación adecuada de las nuevas tierras.
El gran salto poblacional se produce a lo largo del siglo VI contabilizándose 39 asentamientos de esta cronología.
La mayoría se ubican en el llano o sobre ligeras elevaciones y se configuran como lugares abiertos, con escasa
densidad de material. Esto ha llevado a interpretarlos como hábitats, con poca población, dedicados a actividades agrícolas que, en algún caso, pudieron tener carácter estacional.
Es, en este momento, cuando en Los Villares/ Kelin se producen las primeras transformaciones significativas
en la organización interna del asentamiento, cuando llegan las primeras cerámicas griegas y los objetos de hierro son más numerosos. En cuanto a la agricultura, el registro carpológico muestra una mayor presencia de semillas de vitis, lo que significa que el cultivo de la vid se va consolidando.
No es descabellado pensar que la fundación de nuevos asentamientos se dirigió desde Kelin con el fin de ocupar nuevas tierras para el cultivo, obtener recursos minerales y, con los lugares en alto, poner las primeras bases de control del territorio. Las manifestaciones religiosas de carácter
territorial quedan plasmadas en la frecuentación de la cueva del Puntal del Horno Ciego (Martí Bonafé, 1990).
Su destrucción podría ser consecuencia del correctivo que Roma aplicó a aquellas ciudades iberas que apoyaron al bando derrotado, el sertoriano.