A finales del siglo Y dC las crisis del imperio romano afectaron
en la zona, con lo repliego por un lado de la población de nuevo a la zona
montañosa. Paralelamente, las villae romanas del valle se expanden
acogiendo a diferentes familias. La actividad comercial decayó en beneficio de
cierto nivel de autarquía.
A finales del siglo Y dC las crisis del imperio romano afectaron
en la zona, con lo repliego por un lado de la población de nuevo a la zona
montañosa. Paralelamente, las villae romanas del valle se expanden
acogiendo a diferentes familias. La actividad comercial decayó en beneficio de
cierto nivel de autarquía.
Las tierras que hoy componen el actual término
municipal de Elda y Petrer tuvieron una
presencia humana ya importante en la prehistoria, al menos desde la Edad del
Bronce, pero fue todavía mayor cuando sus gentes deciden ocupar las colinas y sierras
más cercanas a las llanuras que lindan con el río Vinalopó, en la época de la
cultura ibérica, de modo que hacia el siglo IV antes de la Era existía
ocupación humana de diversa índole en torno al cerro del Chorrillo, donde
antaño se halló la escultura de un toro ibérico, en Caprala y en la Sierra del
Caballo, núcleos indígenas vinculados claramente con el poblado ibérico
principal del interior del Vinalopó, el denominado El Monastil (1), que
posteriormente, con la romanización, pasaría a ser la civitas o población
hispanorromana cabeza de la organización de la vida humana de gran parte del
Alto y Medio Vinalopó (2), y fundamental para la formación en Petrer de
importantes zonas habitadas y explotadas por los romanos, y los íberos
romanizados o en vías de adecuarse a la vida de tipo provincial romano. Nadie
ha de pensar que estas tierras fueron invadidas por Roma, sino que después de
tomar su ejército Carthago Nova (Cartagena), en el año 209 a. E., plaza fuerte
cartaginesa que se oponía a los intereses romanos en la Península, y después de
fundar una colonia inmune en Illici (Alcudia de Elche), a finales de época
cesariana , los romanos se plantearían organizar las tierras del Vinalopó para
su control y explotación, apoyándose allí en una población satélite de Illici,
que era la de Ello (El Monastil, Elda), desde donde centralizar la
administración de ese territorio.

Desde ese momento los indígenas entrarían en contacto
diario y constante con la cultura romana, a la que irían adaptándose consciente
o inconscientemente, y al parecer sin darse enfrentamientos armados. Durante
este lento proceso de aculturación las tierras de Petrer se reestructuraron
profundamente, e incluso otras se ocuparían por vez primera; todo esto
respondía al interés romano por aprovechar más y mejor los terrenos para su
explotación agraria y ganadera. También esta reordenación respondía a la
estrategia de ubicar a los habitantes indígenas en zonas más llanas o bajas, de
fácil control administrativo, y que se eliminase el temor de tener elementos
incontrolados a las espaldas de los nuevos asentamientos.
El poblado iberoromano del Monastil se
encontraba situado al norte de Elda,
en la comarca del Vinalopó Mitjà, en la sierra conocida conocida como El
Monastil, ocupando la cresta y derramando sur de la misma.
Su origen se remonta en el siglo V aC, y se
constituyó como una de las poblaciones contestanes del levante español.
Con anterioridad, en la
Edad del Bronce, ya habían existido asentamientos humanos en la misma zona.
Las características geográficas le situaban al abrigo
de los climas rigurosos, próximo al río Vinalopó y en una zona,
entonces, de bosque mediterráneo
y recursos hídricos suficientes, abundando en caza menor. La sierra tiene un defensa
fácil por su cara norte, al ser escarpada.
La disposición de las viviendas ocupaba el vertiente
sur y la cresta, protegidas por una muralla hacia el norte, con unas
dimensiones entre 7 y 28 metros cuadrados cada una, alineadas y que tuvieran
que tener una población estable de entre 150 y 200 individuos, que se fueron
incrementando conforme se extendió a la llanura que se aproxima a la ribera del
río.


En el periodo de romanización, el poblado quedó
dentro de la zona de Cartago Nueva, constando la
ciudad ibero-romana con el nombre de Elo. Las fáciles comunicaciones a través
de la Vía Augusta y
desde el Vinalopó con Illici (el actual Elche)
y el correspondiente acceso a Lucentum (actual Alicante) y a la rica zona del
Tozal de Manises, facilitaron la permanencia del poblado en el interior de la
actual provincia de
Alicante. Se conoce su esplendor en el siglo Y dC, con distintas villas romanas en su zona de
influencia y otros asentamientos menores en el valle de Elda. La actividad
económica se fortaleció en dos terrenos: la producción cerámica, con
intercambios datados en el actual Italia,
Francia y norte de África , y el esparto, que permitió un amplio
desarrollo de la cestería.
La población sufrió, a partir de este momento, sucesivos periodos de expansión y contracción, según la situación política. Despacio el valle de Elda se fue ocupando, se extendió la roturació de la tierra y proliferaron las villae. El poblado de Elo permaneció, pero no siempre fue centro desde el cual irradiara la actividad del conjunto de la zona.
A finales del siglo Y dC las crisis del imperio romano afectaron
en la zona, con lo repliego por un lado de la población de nuevo a la zona
montañosa. Paralelamente, las villae romanas del valle se expanden
acogiendo a diferentes familias. La actividad comercial decayó en beneficio de
ciertonivel de autarquía.
