Si alguien está  más interesado en este tema envieme un email a:
 If anyone is interested in a subject more on this subject send me an email to:

mediterrano@gmx.us

Mostrando entradas con la etiqueta celtas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta celtas. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de diciembre de 2011

CARRASCOSA DEL CAMPO

Almagro Gorbea identificaba como olcades a las gentes enterradas en la necrópolis de Carrascosa del campo.




En tiempos prerromanos, se tiene constancia de una necrópolis celtibérica, de entre el siglo VI a. C. al siglo III a. C. del pueblo de los Olcades, en el paraje llamado de Las Madrigueras, en la que se hallaron importantes enterramientos, como sesenta y cinco sepulturas funerarias, y también se encontraron importantes vestigios arqueológicos del pueblo de los Olcades, del cual no se tiene mucha información, como objetos de bronce, hierro, cerámica griega, cerámica hallstáttica (uno de los ocho yacimientos de España en los que se han encontrado restos de esta cultura, además de ser el primero en toda la Península Ibérica), cerámica ibérica, gris, etc.
 Este fue uno de los yacimientos más importantes de los olcades estudiados por investigadores y arqueólogos canadienses.
Este yacimiento arqueológico es de gran importancia para el estudio del conocimiento de la población prerrománica de la Meseta Sur, en especial del pueblo de los Olcades que aparecen en la Edad del Hierro y que según los clásicos, dos son las comunidades que habitaron estas tierras en los siglos anteriores a la romanización: los Lusones, de origen Ibero, y los Olcades de origen Celta.
 Se puede decir que este poblado era un centro fabril por la abundancia de hallazgos encontrados en hierro, vidrio y cobre,

 Como la mayoría de los pueblos o poblados de la zona, se podría decir que una de sus principales actividades económicas era la producción y el trasporte de vino hacia todas sus redes de comercio, así como los cereales, y a partir de los cuales fabricaban la famosa bebida fermentada que decían que era  la bebida de los dioses, la caelia, actualmente se trata de cerveza.
Los vestigios romanos son muy valiosos, con varios emplazamientos, el más importante es un municipio celtibérico-romano que data del siglo VIII a. C. al siglo III d.C., del cual se ha hallado el barrio de artesanos y necrópolis. También se han descubierto restos de vasijas enteras, restos funerarios, pequeñas cremaciones, ánforas de cristal que servían para albergar aceites aromáticos, etc.

 El poblado estuvo enclavado un centro de primordial importancia para la actividad metalúrgica y económica romana siendo uno de los más importantes de España con restos e indicios de su ocupación desde la edad de los metales por la cantidad de escorias de hierro y cobre encontradas. Las Madrigueras del pueblo de los Olcaldes fue descubierto en diciembre de 1963, es una necrópolis de campos de urnas de la época del hierro junto al cauce del río Valdejudíos de gran importancia para el estudio de la romanización de este territorio y para el conocimiento de la población prerrománica de la meseta sur. En la provincia de Cuenca aparecieron en la necrópolis de Las Madrigueras una cuenta de collar (Carrascosa del Campo) en la tumba LXII fechada en el año 550-500 a.C, la cuenta tiene el fondo azul verdoso y está decorada con «ojos» realizados mediante tonos azul oscuro, blanco y azul
Las perlas con "OJos»aparecen a partir del Hallstatt, pero el color azul es característico sobre todo de la etapa de La Tene, hacia la cual nos inclinaríamos a colocar nuestros ejemplares, sustituyendo el color amarillo que parece predominar en la época anterior. Esta hipótesis iría bien con la observación realizada en la necrópolis de Carrascosa donde las perlas de color amarillo parecen en la primera Fase Carrascosa I, mientras que las piezas de color azul intenso o
translúcido aparecen en la Fase Carrascosa II, y tal vez incluso en los últimos momentos, en todo caso no anteriores al siglo IV a.C .Fue castrum prerromano, centro fabril romano, luego poblado y también fortaleza visigoda y árabe. La vista área que nos proporciona la SIGPAC del Pulpón nos da la cota más alta del contorno con 894 metros y a 200 metros del arroyo de la Vega Seca que termina en el arroyo de la Vega que baja desde Loranca, permite apreciar con gran claridad las trazas en altura de su recinto amurallado con cubos de muralla bastante bien conservados en algunos de sus tramos delimitando restos de construcciones en un recinto prácticamente cuadrado. Se dedicaban a la minería, a extraer el lapis specularis, conocido como espejuelo en la actualidad, es un tipo de piedra de yeso selenítica especular traslúcido, siendo un mineral muy valorado en la Antigua Roma, En esta fortificación situamos un poblado habitado por los trabajadores del centro fabril y de las minas del llamado espejuelo.
 
El Cerro del Pulpón se encuentra a unos escasos siete kilómetros de Carrascosa del Campo por la carretera a Palomares del Campo, alzándose en la margen izquierda. De 859 metros de altitud lo localizamos a 1,5 kilómetros al sur del despoblado del Pulpón. No se deben olvidar los restos de trabajo de espejuelo encontrados en El Pulpón. Tanto es así que vías principales de comunicación y en especial la calzada que unía Segobriga con Cartago-Nova se articulaban en función del aprovechamiento de este material cuya explotación tenía tanta relevancia en la economía romana como la como en la íbera o celtíbera en cuanto al comercio de los metales existentes en la zona ( Lapis Speculum). El enclave metalúrgico de la Muela del Pulpón ofrecía servicio a la cercana ciudad de Segobriga y a las de Erkavica y Valeria, al centro de la península y a enclaves romano de las tierras levantinas. Se han encontrado abundantes hallazgos en relación con la fabricación de armas, utensilios de metales así como trazas de acuñación de monedas.
En tierras de Carrascosa llegaron a existir hasta doce pequeños poblados surgidos en las inmediaciones de recursos de agua, pozos, arroyos y fuentes, que en la actualidad recuerdan sus nombres. Al sur de la cañada de Beteta, llegamos al despoblado del Pulpón siguiendo durante unos escasos seis kilómetros la carreta a Palomares y junto a ella encontraremos sus muy importantes restos en tierras conocidas como Hoya del Tesoro. Estaba situado en las inmediaciones de una laguna ya desecada; señalada en la cartografía como La Laguna. Al sur se encuentran el cerro del Pulpón y el cerro de la Muela en el paraje de Pozoamargo.

OBJETOS HALLADOS EN EL YACIMIENTO
Objetos de Bronce:
En esta necrópolis se han recogido hasta 15 fíbulas entre ejemplares completos y fragmentados de identificación segura.
Un ejemplar de broche de garfio, en la sepultura III que se puede fechar hacia finales del siglo V antes de Cristo.
Cerámica a mano:
Son algunas las sepulturas que han proporcionado cerámica hecha a mano.
Estos vasos cerámicos nos hablan sobre la fase más arcaica de la Necrópolis.
Todos los vasos de esta especie de cerámica están hechos con barros poco depurados y en muchos casos con la pasta mal cocida. Los colores varían éntrelos rojizos a los más o menos negruzcos o pardos, predominando estos últimos.
Cerámica Importada:
 Esta es la cerámica que pudo ser traída a este yacimiento desde otros puntos. Entre estas piezas podemos citar cerámica griega que su descubrimiento es de gran interés, pues nos sitúa en el punto más apartado de la cuenca del Mediterráneo, donde han aparecido cerámicas griegas de esta época.
Cerámica de tipo Ibérico:
 Es el conjunto más numeroso que ha proporcionado la Necrópolis y representa la llegada a estas regiones de una técnica de cerámica al torno, que se denomina de "tipo Ibérico".
Cerámica gris:
Son muchas las piezas que se caracterizan por ofrecer unas pastas de color gris, como consecuencia de la técnica empleada, realizada en un horno de reducción procedente del Mediterráneo Oriental. La mayoría de las piezas ofrecen barros bien depurados, compactos y duros con algo de mica.
Objetos diversos:
Cuentas de collar, FUSAYOLAS que son barros bastante finos, que han sido alisados en la superficie y en algunos casos cuidadosamente bruñidos.
Canteros de piedra, o pomos de una piedra blanca y blanda, seguramente un alabastro yesoso.
Objetos de hueso que aparecieron en el pequeño cuenco de la sepultura XLV,y a ellos podemos unir una toba perforada. Conchas.- Una concha marina apareció entre los huesos calcinados de una urna.

viernes, 2 de diciembre de 2011

OLCADIA - LOS OLCADES

Sobre el siglo VI a.C. Los Olcades, un pueblo indoeuropeo, se asientan sobre la zona  conquense de la Manchuela en sureste de la provincia  y limítrofe con las provincias de Albacete y Valencia. Por estas tierras pasó también Aníbal el 220 a.C. en su expedición desde Cartago Nova a Salmántica y Arbocala. La romanización total de esta zona sería sobre el año 179 a. C. por Tiberio Sempronio Graco.
    La comarca de ” LAS OBISPALIAS” estuvo habitada hacia el s. VI a. C. por la tribu de los OLCADES, los cuales según Polibio ocupaban el territorio que se extiende desde el nacimiento del río Tajo hasta el nacimiento del río Guadiana.      Si nos atenemos a lo dicho por Polibio, (historiador y geógrafo griego al servicio del general romano Escipión) así como por otros historiadores latinos, en diversas referencias hechas sobre la tribu en cuestión; nuestra comarca se encuentra en territorio de los Olcades; los cuales abarcaban también parte de las actuales provincias de Albacete, Cuenca y Teruel.
      Prestigiosos investigadores como Schulten, piensan que esta tribu era plenamente ibera, mientras que otros, Blas Taracena Aguirre entre ellos, hablan de la posibilidad de una tribu celtíbera que estaría en contacto con tribus netamente ibéricas y que tendría su límite Sur por el Júcar. La capital de los Olcades era Althea, situada según varios historiadores, cerca de Alconchel.
Los Olcades, que sólo se citan en época anibálica, desapareciendo posteriormente fueron absorbidos entre celtíberos y edetanos. Ocuparían las abruptas tierras meridionales del sistema Ibérico y de la cuenca del Júcar al sur de la serranía de Cuenca, ya perteneciente a los celtíberos, entre las llanuras litorales habitadas por edetanos y las del interior por carpetanos.
     Los yacimientos aqueológicos (Iniesta, Barchín del Hoyo, Manchuela conquense) indican que toda el territorio manchego al sur de la Serranía conquense era de cultura íbera lo que sitúa al pueblo olcade dentro del ámbito del mundo ibero o bien habría que situarlo más al norte, ya en plena serranía. Debido a sus contactos con los celtíberos por su cercanía vecindad pudiera ser que sufrieran algún tipo de influencia cultural.
Hecateo los situaba entre el alto Tajo y el Júcar medio. Más tarde Tito Livio los consideró un apéndice de los carpetanos. Por otra parte el historiador Manuel Gómez Moreno los situaba en La Alcarria. A esta tribu se le han adjudicado las ciudades celtíberas de Caesada y una serie de oppida situados en las altiplanicies del occidente de la provincia de Cuenca, como Segóbriga, Valeria, Laxta y Ercávica. En 221 a. J.C. su capital, Altia, fue tomada por [[Aníbal]. Dado que el nombre es dado por los historiadores griegos, algunos eruditos sugieren que fue "Kelin", en el yacimiento de Los Villares, en Caudete de las Fuentes. De carácter indómito, sus guerreros llegaron a vencer a Viriato.Las excavaciones de las últimas décadas, al situarlos en zona plenamente ibera, sitúan al pueblo, supuestamente olcade, en el entorno del oppidum ibero de Ikalesken  que dominaría el territorio actual de las Manchuelas conquense y albacetenses y limitaría al norte con las zonas celtíberas de Valeria, Segóbriga. Parece ser según algunas fuentes antiguas como Livio, dicen que los olcades  estaban situados entre Cartagena y Sagunto. Otros trasladaban a los olcades desde la Contestanía a la Bética, que creemos que así fue y podemos decir de ellos que eran un pueblo nómada, cuya base estaba en la Olcadia ( llamese así a la provincia de cuenca) y que eran trasladados por los romanos de unas zonas a otras. Quizá fueron ellos mismos quienes se asentaron cerca de los poblados donde se han encontrado los yacimientos ibéricos de la Contestanía y del Sureste, si no, con los antiguos  pobladores, en poblados cercanos, estando a merced del mejor postor o porque le interesase más la zona en que iban a habitar, por su pastos para el ganado o por sus riquezas y quizá sea por ello que cuando aparece un yacimiento ibérico  situado en un alto cerca de él y en otro alto siempre suele aparece otro cercano, el cual se podría decir que perfectamente podría ser un asentamiento de olcades regidos por las mismas leyes unos y otros y los de su misma estirpe o por ellos mismos. Es entre los años 1000 y 500 a. C. cuando las sucesivas oleadas de pueblos indoeuropeos y mediterráneos arriban a la península Ibérica y configuran el poblamiento prerromano de ésta. Son los indoeuropeos los que llegan al interior, ocupan el centro y constituyen la base de poblamiento de la Celtiberia.
Su población, vivía dispersa en numerosos, aunque reducidos, poblados, vici et castella, pequeñas aldeas y torres para su defensa. El carácter reducido, numeroso y estacional de estos poblados fue la causa de su frecuente desaparición a lo largo de la historia. Son poblados en llano, sitos en el sector endorreico, caracterizado por las inundaciones ocasionales y la composición salina del suelo. La superficie media de los asentamientos ronda los 581 metros cuadrados y son de carácter funcional, propio de la temporalidad de su ocupación que quizá fuera estacional. Se localizan en las zonas más fértiles y asequibles del territorio, aprovechando cursos de agua estables y manantiales, dominando un valle o paisaje abierto.
Estos pequeños asentamientos situados en terreno llano o en planicies, se encuentran en dependencia directa de un poblado de altura que centraliza el poder: Segóbriga, Valeria y otros de ubicación incierta.
Estos poblados en altura, escasos, en un principio, se sitúan en lugares que ofrezcan las mejores defensas naturales, con sencillas murallas adaptadas al terreno o un simple muro cerrado al exterior por la parte trasera de las casas. A partir del s. IV a. C, se generaliza la tendencia a establecer poblados fortificados en lugares estratégicos, que controlan amplios territorios y ejes de comunicación. De la existencia de estos primitivos pobladores y asentamientos dan fe ciertos yacimientos, abundantes en La Mancha, denominados genéricamente morras. Se emplazan en elevaciones naturales del terreno, de escasa altura, en las vegas de los ríos o zonas pantanosas, dominando amplios espacios abiertos.
En la mayoría se observa la presencia de amontonamientos de piedras en superficie, procedentes del derrumbe de primitivas construcciones. En algunas morras se encuentran muros, o lo que queda de ellos, formando alineaciones más o menos circulares (morras) o alargadas (castillejo). Castillejo es el Villar de Cañas.  Alcolea = castillo pequeño, castillejo.
Sobre un sustrato del Bronce Valenciano, en el paso del Bronce al Hierro, se extendería una cultura esencialemente ganadera, característica de las estribaciones del sistema Ibérico, que se iberiza desde la costa, principalmente a través del corredor de Requena-Utiel. La mejor evidencia sería Kelin (Los Villares, Caudete de las Fuentes, Valencia), quizás la antigua capital tomada por Aníbal, cuyo estratégico papel siguió vigente en la conquista romana cuando llegó a tener 8 ha. y a acuñar moneda. Ofrece incialmente cerámicas del Bronce final local, importaciones fenicias y después focenses llegadas desde la costa, siendo plenamente iberizada a partir del siglo IV a.C. y destruyéndose en la segunda guerra púnica. Su profunda iberización explica la del interior, evidenciada por numerosos poblados de tamaño más reducido y por necrópolis de cremación en urna sin armas y con cerámicas ibéricas, como las de Buenache y Olmedilla de Alarcán (Cuenca). Estas zonas, en las que la ganadería tendría un papel importante, contribuirían a su vez a la iberización de sus vecinos celtíberos, con los que limitaban por el norte, y de los carpetanos, por el oeste. La procedencia étnica de los olcades parece local, a juzgar por la tradición de su sustrato, pero su nombre, relacionable con el de los celtas volcos, permitiría pensar en un proceso de celtización, al menos parcial, paralelo al de la predominante iberización cultural. Pero falta documentación lingüística, por no existir escritura hasta la romanización.
Con frecuencia, aparecen enterramientos de inhumación o urnas cinerarias, lo que evidencia el ritual de cremación de cadáveres.
Las necrópolis de estos primeros pobladores se ubicaban a la salida de los poblados, no muy lejos, junto a las vías, siendo habitual encontrar junto a ellas conducciones de agua, santuarios, pozos, (alguno con significado esotérico, pozo Airón). *Airón era un dios de tipo infernal, demonio que habita en las profundidades, lugares acuáticos, asociados al tránsito al Más Allá.
Bastante conocido en la Meseta, existen indicios de su culto en La Almarcha, Uclés. De Uclés procede una inscripción dedicada a Airón por un ciudadano romano de origen indígena que transcrita dice “Al dios Airón lo dedicó la familia usetana oculense, Cayo Titinio Crispino.
Aunque no se puede afirmar categóricamente, eran las comarcas naturales las que delimitaban los asentamientos tribales de estas tribus celtíberas que ocupan el centro de la península y más concretamente, la provincia de Cuenca limítrofes con la Contestanía y la Edetanía.
    Los Olcades, serranos, tenían su principal ciudad, Cartala o Althea situada, según muchos historiadores, cerca de Alconchel. Participaron en la 2ª guerra púnica como aliados de los cartagineses, a los que abandonaron posteriormente, pasando al bando romano. Como represalia, el 221 a. C. Aníbal toma y destruye su ciudad. Los supervivientes se diluyen e integran entre sus vecinos, hermanos de raza, los Carpetanos, haciendo causa común en su lucha contra el cartaginés. Sus habitantes, vestidos con áspera lana, semejaban en su aspecto, cabras salvajes. Sus curiosas costumbres asombraron a los romanos, especialmente la de utilizar los orines para lavarse el cuerpo y los dientes. Su economía prioritaria estaba basada en la agricultura, y algo de ganadería. Por ello, Viriato en 146 a. C. les impuso un tributo en trigo, a diferencia de los segobricenses, a los que les robó los ganados.
En el s. III a. C, los cartagineses se internan en la Carpetania con el objetivo de reclutar mercenarios de la tierra para ayuda en su guerra contra Roma (2ª Guerra Púnica 273-274 a. C.) Tras sucesivos intentos y resistencias de la población autóctona y el asesinato de dos de sus generales- Amílcar-228 a. C. y Asdrúbal-221 a. C.- en 221 a. C. Aníbal, al mando de los cartagineses se enfrenta a los Olcades y saquea y destruye su capital Althea.
Al año siguiente, 220 a. C., una coalición de carpetanos, vacceos y olcades, unos 100.000 hombres, se enfrenta a Aníbal, cerca del Tajo. Son derrotados por los elefantes y la caballería del cartaginés. Sus ciudades saqueadas y sometidos a tributo de hombres y especies.
-->Plinio fijaba en Segóbriga (Cuenca) el límite sur de Celtiberia. Si bien los romanos usaron la palabra celtíbero con cierta ligereza. Alces debía estar a dos o tres jornadas de Ercávica .Desde Alces, Gracco llegaría a Ercávica, siguiendo las estribaciones meridionales de la Sierra de Altomira. Por entonces no existía aún la Segóbriga Romana (aunque sí la Segóbriga celtíbera -en Palencia ó Burgos). Conclusión: es muy improbable que Alcázar fuera la Alces celtibérica. Futuras excavaciones podrían dejar en evidencia la hipótesis hasta ahora mantenida. Por ejemplo: el siglo pasado aún había quien sostenía que la Segóbriga celtibérica estaba en Segorbe (Valencia). Alces?... Políbio mencionaba una tal Althea como la ciudad más fuerte de los olcades... ¿Puede ser la misma? Efectivamente, la ciudad más fuerte de los olcades era Althea. Es más que probable que esta ciudad se encuentrara presumiblemente junto a la vía que unía las costas de Cartago con la Carpetania, en el actual Alconchel (Cuenca). Como sabemos, fue saqueada e incendiada por Aníbal y refundada en época romana con otro nombre hasta hoy controvertido. En las fuentes romanas no figura ya el pueblo olcade, por lo que debió diluirse entre el genérico celtíbero o entre los carpetanos. La cita de Alces es posterior, y su ubicación geográfica es distinta. Alces debía estar más hacia el Oeste que Althia, en el extremo oriental de Carpetania, o lo que es lo mismo, en el extremo suroccidental de Celtiberia, y a la vez no muy lejos de Ercávica (Cañaveruelas-Cuenca).

 

miércoles, 30 de noviembre de 2011

KELIN


Las excavaciones en Los Villares (Caudete de las Fuentes) se iniciaron en los años 1950-1960 y desde 1980 están dirigidas por Consuelo Mata, de la Universitat de València.

El yacimiento de Los Villares, identificado como la antigua ciudad ibérica de Kelin a partir de los estudios numismáticos, se encuentra en el término municipal de Caudete de las Fuentes (Valencia) y tiene una extensión aproximada de 10 hectáreas. Se sitúa cerca del nacimiento del río Madre, en una loma que se eleva 800 m.s.n.m., destacando sobre el llano circundante. El carácter estratégico de su ubicación viene marcado por su proximidad a dos vías de comunicación que permitían el contacto entre el litoral mediterráneo y la meseta interior, de Este a Oeste, y entre Aragón y la Alta Andalucía, de Norte a Sur.
La población que se instala, a principios del siglo VII  a.C., en el cerro de Los Villares tiene una cultura material característica de un Bronce Final avanzado que recibe de forma casi inmediata productos procedentes de la costa.
Hasta inicios del VI a.C. existe una secuencia ininterrumpida de fases constructivas y remodelaciones de los espacios habitados y de circulación que apenas se intuyeron en las publicaciones anteriores (Mata, 1991, 24; Mata et alii, 1999).
Las viviendas son alargadas, separadas en algunos casos por estrechos pasillos, sin apenas divisiones internas y con un hogar circular, plano o en cubeta. Las paredes son de adobe sobre un zócalo de dos hiladas de piedras pequeñas.
Las cerámicas están hechas a mano y algunas de ellas imitan piezas a torno; hay, también, escasos objetos de hierro que no siempre se pueden identificar por su estado de conservación; y un porcentaje reducido de cerámicas importadas como ánforas y tinajas fenicio-occidentales, trípodes y barniz rojo. La agricultura se basaba en los cereales junto a una tímida introducción de frutales (higuera y vid); los recursos cárnicos se obtienen de los ovicaprinos, seguidos de cerdos y bovinos, algo de caza y caballo; el antracoanálisis muestra unpaisaje de maquia o garriga junto a un bosque caducífoleo
Los olcades de Kelin se cree que eran de etnia o estirpe celta, pero con costumbres íberas ya fueran edetanas o contestanas, es decir, procedían de la cultura de la Tene asentados cerca de la Comunidad Valenciana. Así  vemos que eran fronterizos con la Edetanía o Contestanía. Son más bien lo que llamamos Celtíberos, ya que eran como hemos dicho pertenecían a las antiguas oleadas de pobladores llegados a la península que posteriormente adquirieron la cultura de los íberos.
Alcanzó su máximo esplendor en torno a los siglos IV-III a. C., llegando a convertirse en capital de un amplio territorio ibero que superaba los actuales límites administrativos de la comarca de Requena-Utiel. Como lugar central, Kelin estructuró su territorio mediante una red de asentamientos interdependientes con funciones diversas y complementarias, tanto defensivas como productivas.
El poblado tan sólo conserva posibles tramos de muralla o de muro perimetral en su lado oeste y todavía no ha sido localizada su necrópolis. Por otro lado, tal y como era práctica habitual entre los iberos, se han hallado algunos enterramientos infantiles en el interior de las casas, normalmente bajo pavimentos y/o muros.
Se conoce su existencia desde mitad del siglo XVIII, aunque no fue
hasta mediados del siglo XX cuando comenzaron las excavaciones arqueológicas. En él se han realizado, entre 1956 y 2002, 23 campañas centradas en una superficie de unos 1000 m2, en los que se ha podido constatar una dilatada cronología. La loma de Los Villares se ocupa ininterrumpidamente desde inicios de la Edad del Hierro (aproximadamente en el 680 a. C.) hasta época iberorromana (75 a. C.), ofreciendo una horquilla cronológica excepcional en el registro arqueológico valenciano.

Su larga ocupación permite ver la evolución de su estructuración interna y su arquitectura. En los niveles fundacionales del siglo VII a. C. se observa un urbanismo incipiente, con habitaciones rectangulares sin divisiones internas separadas por estrechos pasillos. En el Ibérico Pleno (siglo IV-III a. C.),
por contra, el poblado se caracteriza por presentar un urbanismo mucho más complejo, lo que se traduce en calles anchas que permiten el tránsito de carros. Éstas se entrecruzan formando un plano ortogonal con manzanas constituidas por grandes viviendas, de entre 80-100 m2. Su espacio interior aparece dividido en varias estancias, algunas de ellas con una funcionalidad específica. La habitación principal de las viviendas se dedica a múltiples labores (cocina, descanso, etc.), puesto que es donde se encuentra el hogar central, mientras que los departamentos más alejados de las puertas actúan como almacenes y/o despensas. Una de las viviendas ha sido interpretada como la casa de un rico comerciante, ya que cuenta con una bodega donde se han documentado más de 70 ánforas fragmentadas. En toda la casa hay un total de 98 recipientes grandes, entre ánforas y tinajas, lo que permitiría el almacenaje de unos 7.460 litros. Además, también cuenta con un pequeño taller de forja, así como otro tipo de bienes que denotan su elevado estatus (una pulsera de plata, cerámicas de importación, etc.).
La agricultura sigue teniendo como cultivos principales los cereales junto a algunas legumbres y una
consolidación progresiva de la vid; en la ganadería, destaca el descenso del bovino y de los caballos como aporte cárnico; y en cuanto al paisaje vegetal se observa un aumento de las especies de garriga, lo que significa una mayor antropización del territorio respecto a los siglos anteriores debido al aumento de los lugares habitados, que ejercen una mayor presión sobre la vegetación (madera, minería, nuevas zonas cultivadas y nuevos cultivos, aumento de la ganadería).
El hallazgo, en 1979, de una copa jonia sirvió para identificar y datar el primer lote cerámico indígena del siglo VI; en cambio, el espacio donde se encontraron apenas aportó información al estar muy incompleto. Estos materiales ya se han publicado con anterioridad por lo que no se van a tratar con detalle pero, por su interés, se recogen aquí algunas de las piezas a torno por ser las más significativas del siglo VI: dos tinajas pintadas, una de ellas con hombro carenado como las ánforas, un plato gris y una urna de orejetas también en gris.
Los materiales encontrados son, sobre todo, cerámicos, aunque también hay una varilla de hierro y un fragmento de molino barquiforme. Todas las cerámicas hechas a mano son toscas con escasa variedad tipológica; mientras que las torneadas son de clase A, gris y oxidante, entre las que hay ánforas, tinajas, platos y una mano de mortero, así como escasos fragmentos de ánforas fenicias.
Kelin acuña moneda propia durante un corto periodo de tiempo entre la segunda mitad del siglo II y comienzos del I a. C. Las monedas, ases y semis, son de bronce y formarían parte de una emisión muy limitada, destinada a usos locales y cotidianos.
La economía es básicamente agrícola. 
 
El cultivo del cereal (principalmente trigo desnudo y mijo) y la arboricultura (viña e higuera), proporcionan productos básicos para el consumo humano y otros destinados al ganado. El territorio inmediato de explotación de Kelin cuenta con un importante potencial pecuario (oveja, cabra, cerdo y bóvido), pues dispone de una amplia zona de pastos en la vega y en las dehesas, así como zonas forestales en La Atalaya y La Bicuerca. Los productos obtenidos no solo sirven para cubrir las necesidades básicas del enclave, sino que, al mismo tiempo, proporcionan excedentes destinados al intercambio. Fruto de estas relaciones comerciales, los habitantes de Kelin obtuvieron cerámicas procedentes de diferentes puntos del Mediterráneo (cerámicas fenicio-púnicas, áticas e itálicas), a lo que habría que sumar otro tipo de materiales, como el marfil o la pasta vítrea.
Asociados a cerámicas del siglo VI, hay dos hogares  formalmente distintos a los datados en el siglo VII que en Los Villares son siempre circulares.
Otro equipamiento de interés fue el hallazgo de un ánfora hincada en el suelo, cuyo contenido pudo ser el vino,
según el análisis de residuos hecho por Juan-Tresserras y Matamala (2004, 286). En cuanto a su contenido, el vino, pudo ser tanto importado como local puesto que el cultivo de la vid está ya consolidado, como demuestra el aumento de semillas de vitis vinifera en Kelin.
En el siglo V ya han desaparecido las importaciones fenicias y todavía no han llegado masivamente las púnicas y griegas, de ahí alguna de las dificultades existentes para aislar ajuares y niveles de esta  cronología.
 
Las aproximaciones al cómputo demográfico apuntan a que el poblado, durante esta fase, pudo contar con una población de entre 3.800 - 4.000 habitantes. La vida del mismo parece llegar a su fin de forma violenta en torno al 80-75 a. C., tal y como se deduce del estudio de las importaciones y la numismática. Se ha planteado la posibilidad de que Kelin tomara partido en la guerra civil que sufrió la República romana durante esos años.
El material recuperado es, ante todo, cerámica a torno de clase A –oxidante y reductora- y B, junto a un pequeño porcentaje de cerámica a mano; entre las importaciones hay un fragmento de cerámica ática y otro de ánfora fenicia; los objetos de hierro tienen una presencia mayor que en el siglo anterior.
Los asentamientos son de nueva planta y buscan nuevos emplazamientos, más cercanos a las tierras de cultivo.
Excepto dos de ellos, todos se sitúan en elevaciones más o menos destacadas y son de tamaño medio o pequeño
(< 4 ha). El único lugar parangonable a Kelin por tamaño, volumen y calidad de los materiales es Requena, pero dado el estado actual de la información no se puede decir mucho más al respecto. En consecuencia, se puede afirmar con rotundidad que el asentamiento mayor era Los Villares, donde los materiales y construcciones de esta cronología se han localizado en diversos puntos de su superficie (Mata, 1991, cuadro 1 y lám. I; Mata et alii, 2001 a, 83 y b, 319), manteniendo las dudas razonables sobre Requena.
Las ánforas fenicias llegan a casi todos estos lugares, pero en Los Villares, además, se encuentran tinajas, trípodes, barniz rojo, así como algunas imitaciones a mano y a torno; en Requena, hoy por hoy, falta el barniz rojo. Es decir, se aprecia una distribución selectiva de productos desde los centros mayores: Requena es el lugar más próximo a la vía de comunicación desde la costa, por lo que el control de la misma le permite conseguir productos variados; Los Villares es el destino principal de estos productos exóticos; los demás asentamientos, situados al Norte y al Oeste de Los Villares, reciben vino fenicio como forma de mantener fidelidades y asegurar una explotación adecuada de las nuevas tierras.
El gran salto poblacional se produce a lo largo del siglo VI contabilizándose 39 asentamientos de esta cronología.
La mayoría se ubican en el llano o sobre ligeras elevaciones y se configuran como lugares abiertos, con escasa
densidad de material. Esto ha llevado a interpretarlos como hábitats, con poca población, dedicados a actividades agrícolas que, en algún caso, pudieron tener carácter estacional.
Es, en este momento, cuando en Los Villares/ Kelin se producen las primeras transformaciones significativas
en la organización interna del asentamiento, cuando llegan las primeras cerámicas griegas y los objetos de hierro son más numerosos. En cuanto a la agricultura, el registro carpológico muestra una mayor presencia de semillas de vitis, lo que significa que el cultivo de la vid se va consolidando.
No es descabellado pensar que la fundación de nuevos asentamientos se dirigió desde Kelin con el fin de ocupar nuevas tierras para el cultivo, obtener recursos minerales y, con los lugares en alto, poner las primeras bases de control del territorio. Las manifestaciones religiosas de carácter
territorial quedan plasmadas en la frecuentación de la cueva del Puntal del Horno Ciego (Martí Bonafé, 1990).
Su destrucción podría ser consecuencia del correctivo que Roma aplicó a aquellas ciudades iberas que apoyaron al bando derrotado, el sertoriano.