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martes, 27 de diciembre de 2011

SEGOBRIGA

El nombre de la ciudad:

Sego-briga, deriva de dos términos de origen celtibérico: sego-, que significaría victoria (presente en otras ciudades, como Segovia, Segeda y Segontia), y el sufijo -briga, que significaría ciudad, fortaleza; por lo que su interpretación podría ser “ciudad victoriosa”.
Referencias sobre Segobriga:
-Los textos clásicos:
Frontino es el autor que hace referencia a un momento más antiguo de esta ciudad, cuando narra los ataques del lusitano Viriato contra Segobriga por su alianza con los romanos, en el año 146 a.C. A un momento posterior corresponde la cita de Estrabón que la sitúa en la Celtiberia, refiriéndose que en el entorno de Bilbilis y Segobriga combatieron Metelo y Sertorio.
Por otro lado Plinio, al referirse a la Celtiberia, alude a Segobriga como “caput Celtiberiae”, pero en un momento ya de la ciuadad romana, pues indica que era estipendiaria del Convento Caesaraugustano.
Este autor también menciona la explotación de lapis specularis, una variedad de yeso traslúcido muy apreciado para la fabricación de cristal de ventanas y que sería durante mucho tiempo parte importante de la economía de Segóbriga. Plinio asegura que “la más traslúcida de esta piedra se obtiene en la Hispania Citerior, cerca de la ciudad de Segóbriga y se extrae de pozos profundos”. Una de estas minas se puede ver en la cercana Villa de Carrascosa del Campo.
-La numismática:
Se conocen monedas con la leyenda Sekobirikes, de plata (denario) y de bronce (ases y semis), con busto masculino en el anverso y jinete lancero, en el reverso, acuñadas en el último tercio del siglo II a. C., que se han relacionado con esta ciudad.
También, la ciudad romana emitirá monedas de bronce (ases) con leyenda latina: “Municipium SEGOBRIGA”, enel siglo I a. C., continuando sus acuñaciones hasta el emperador Calígula.
-Tesera de hospitalidad:
Se conoce una tessera hospitalis, decubierta en la zona de Segobriga en el siglo XIX, con forma de cabeza de toro, que tiene dos líneas en texto celtibérico en las que se repite el nombre Sekobirikea, lo que viene a documentar que el nombre de la ciudad está presente en esta zona.
Problemas para situar la Segobriga celtibérica en el cerro de Cabeza del Griego:
Inicialmente, se ubicó Segobriga en Segorbe, por el criterio eclesial de mantener las divisiones eclesiásticas, pero A. Schulten y Bosch Gimpera, la situaron de forma correcta, a principios de s. XX, en el cerro de Cabeza del Griego, en Saelices (Cuenca), donde se ubica la Segobriga romana.
Pero, para distintos autores, las citas de Frontino y Estrabón, sobre la ciudad de época celtibérica, no parecían corresponder con la de Cuenca, a lo que se une la falta de restos arqueológicos en el cerro de Cabeza del Griego, ya que los más antiguos son de mediados del s. I a. C.
A esto hay que añadir, que el estudio, realizado por M.P. García y Bellido, sobre la circulación de las monedas celtibéricas, con el nombre de Sekobirikes, muestra que estas están mejor representadas en la zona del Alto Duero, siendo escasas en el marco conquense y casi ausentes en Segobriga, lo que ha llevado a situar la Segobriga celtibérica por aquellos pagos y proponer que la del Cabezo del Griego correspondería ya a una fundación imperial romana, realizada con celtíberos de aquella zona, a mediados del siglo I a. C.
Por otro lado, el dato aportado por la tésera de hospitalidad con el nombre de Sekobirikea, indica la existencia de este nombre celtibérico en la zona conquense, por lo que se deduce que al menos había dos Segobrigas celtibéricas, una en la zona del Duero, que acuño moneda, y otra en la zona de Cuenca, que no acuñaría moneda y que al parecer no estaría en Cabeza del Griego, donde está la romana.
¿Donde se situaría la ciudad celtibérica?
Se ha centrado la atención sobre el yacimiento concido como Fosos de Bayona (Villas Viejas) próximo, a siete kilómetros del emplazamiento de Segobriga, que se trataría de  una ciudad prerromana de 33ha de extensión.
Los estudios realizados en este lugar muestran una población indígena en altura, con fáciles defensas naturales, y con una sólida muralla, de dimensiones apreciables. Este asentamiento se fecha a partir del siglo III a.C., y, como apuntan los restos arqueológicos, desaparecería probablemente con la Guerras Sertorianas (80-72 a. C.), poco antes del desarrollo de la Segobriga romana lo que parece reflejar una relación de continuidad entre estas dos ciudades.
-Los que han excavado este yacimiento, basándose en el mayor número de monedas halladas de Contrebia Carbica y en la similitud de los tipos de éstas con las de Segobriga, entienden que ello sería indicio de proximidad entre ambas ciudades, defiendiendo la identificación de Fosos de Bayona con esta Contrebia.
-Otros autores mantienen que se trata de la Segobriga celtibérica, apoyándose en  la inscripcipcion de Sekobirikea, que sugiere la existencia en la zona de una comunidad indígena con ese mismo nombre, lo que estaría acorde además con la política romana de desplazar las ciudades indígenas a nuevos asentamientos próximos, manteniendo la centralización que ejercían sobre el territorio.

sábado, 17 de diciembre de 2011

CONTREBIA CARBICA

De las tres Contrebia conocidas, es la nuestra Contrebia Cárbica con una necrópolis del s. IV al I a. C.. Situada a unos siete kilómetros de Segóbriga, junto a la carretera de El Hito, en el paraje denominado Fosos de Bayona, (Villas Viejas) se alzaba el oppidum prerromano sobre una plataforma caliza de unas 45 hectáreas, en la margen izquierda del Gigüela.
Estaba considerada como el límite de la Carpetania, y disponía de un sistema defensivo propio. En 181 a. C. Tito Livio habla de ella como ciudad fortificada frente al cerco del pretor Fulvio Flacco. Este oppidum ha sido identificado por referencias de las fuentes numismáticas como la ciudad de Contrebia Carbica.
Contrebia Carbica puede traducirse como la Contrebia de los Carpetanos.
Contrebia quiere decir "conjunto de casas", equivalente al castellano "Villa...nose qué", palabra que parece tener su origen en las lenguas indoeuropeas correspondientes a la civilización de los Campos de Urnas (muy extendidos entre el Alto Guadiana y el Tajo), es decir bastante antigua.
 El origen étnico de los carpetanos y olcades parece claramente indoeuropeo, aunque de los pueblos del centro, debió ser uno de los más influidos por la floreciente cultura ibérica. No olvidemos la horizontalidad de su territorio y lo fácilmente transitable del mismo.
La misma horizontalidad le llevó a habitar los cerros más altos, y a excavar cuevas, como en La Guardia (Toledo), Taracena (Guadalajara), Perales (Madrid), Huete o Tarancón (Cuenca).
No está claro si Contrebia Cárbica pertenecía a los carpetana  o si realmente pertenecían a los Olcades ya que las fuentes clásicas  no nos lo acaban de esclarecer.
 Hay otros autores que nos dicen que pertenecía a la tribu de los lusones, pero tanto como si pertenecía a los olcades, a los carpetanos  o los lusones, vamos a considerarla como pueblo perteneciente a los Olcades.
Entendiendo que fueran de una etnia u otra, sabemos que era una ciudad fronteriza que adaptó las costumbres ibéricas; es decir, de origen celta, consiguió acogerse a la civilización ibérica, de aquí, que algunos autores la llamaran tierra de celtíberos. 
Este proceso de amurallamiento de los habitats situados en cerros amesetados o laderas junto a cauces de agua fue común en los pueblos de la Meseta, coincidiendo con la llegada de cartagineses y romanos.

De la importancia de la ciudad prerromana nos da idea la constatación de que entre 173- 172 a. C. acuñaba moneda.
La fundación en tiempos de Augusto de la cercana Segóbriga supone la paulatina decadencia de Contrebia. Con las guerras sertorianas coincide su declive definitivo y su final.
Las últimas citas históricas coinciden con la toma de Caracca (Tarancón) por Sertorio y el cerco y toma de la propia Contrebia en el 77 a. C. Dos años más tarde, 72 a. C., el lugarteniente de Sertorio, Hirtuleyo, se enfrenta a Metelo y es derrotado y muerto por
éste en un paraje situado entre Montalbo y Saelices. La toma posterior de Segóbriga completa la derrota de los sertorianos.
El hallazgo casual de un conjunto da matrices de bronce fundido, posiblemente relacionadas con la fabricación da joyas y vajilla de lujo, en el oppidum de Contrebia Carbica, localizado en el territorio suroriental del ámbito céltico peninsular, permite sugerir la existencia en el mismo de un taller de orfebre. Se analizan igualmente las escasas evidencias conocidas de este tipo de objetos, cuyos mejores paralelos se encuentran en la "tumba del orfebre" de la necrópolis ibérica da Cabezo Lucero (Alicante). Finalmente, se revisa la escasa información que se posee acerca de los talleres de orfebre en el contexto europeo da la Edad del Hierro.
La estructura socioeconómica y la mentalidad de estas gentes se puede caracterizar, por poseerun patrón de asentamiento   jerarquizado, marcado por la interdepencia económica entre ciudades, aldeas y castillos. Su urbanismo interior aún no respondería a una planificación consciente, pero se habría dotado de sistemas de fortificación defensivos. Ello conduce a pensar que tendrían lugar situaciones de confrontación armada con relativa frecuencia. Se trataría de comunidades uniformes entre sí en cuanto a la estructura social y las costumbres y modos de vida cotidianos, pero con identidades políticoterritoriales diferenciadas.
Partiendo de una base económica agropecuaria de explotación intensiva, llegaron a desarrollar un alto grado de especialización artesanal (producían cerámica de muy diversos tipos, textiles, ofebrería, armamento de hierro…). Se organizaban internamente de forma jerárquica con un modelo de los denominados “jefaturas complejas” controlado por un estamento nobiliar de carácter guerrero. Hacia el s. I a. C. asumen la escritura ibérica con adaptaciones al sistema fónico celtíbero, apareciendo los primeros textos en esta lengua en las terseras de hospitalidad  halladas en algunos yacimientos. En cuanto al mundo de las creencias parece que otorgaban existencia al “más allá”, a la inmortalidad del espíritu y que desarrollaron una religión organizada en torno a un panteón divino de carácter astral. Los ritos funerarios más frecuentes eran la exposición del cadáver a los buitres y la incineración simple (sin preparación posterior de los restos como el caso íbero). A éstos se asociaban las libaciones,  sacrificios de animales, ofrendas y la deposición de ajuar. Es bastante probable que se realizaran banquetes funerarios como el rito ibérico y juegos en honor del difunto, en el caso de pertenecer éste a la elite guerrera.
Destaca la abundante presencia de cerámicas pintadas con decoración geométrica, así como estampilladas y producciones en cerámica gris, junto a paredes finas y cerámicas campanienses de tipo A y B fechadas desde inicios del siglo II hasta el I a.C. (Gras et alii, 1984, 52s.; Mena, 1988, 32), situándose   primeras emisiones montéales de la ciudad, posiblemente, a comienzos de la segunda mitad del siglo II a.C. (Abascal y Ripollès, 2000, 32). El final
de la ciudad se ha vinculado con las Guerras Sertorianas, lo que parece confirmarse a partir de los materiales cerámicos y numismáticos, aunque para la última emisión monetal se haya propuesto una fecha de mediados del siglo I a.C.
El yacimiento fue objeto de diversas campañas de excavación en las décadas de los años setenta y ochenta del siglo XX, de las que únicamente se conoce algún avance (Gras et alii, 1984; Mena et alii, 1988). Por su parte, el Museo de Cuenca alberga un interesante conjunto de materiales, en su mayoría bronces, pro cedentes de donaciones de hallazgos casuales, realizadas por particulares. Entre tales objetos destaca el conjunto de posibles bronce, que vendrían a confirmar la existencia de un taller de orfebre en el oppidum.
El conjunto comprende un total de diez matrices de bronce realizadas a molde y dos fragmentos de plata, que cabe interpretar como piezas de desecho. Dos de las matrices son conocidas solamente por fotografías, estando actualmente en paradero desconocido.
La mayoría de las piezas presentan re lie ves fi gurados en el anverso, que reproducen cabezas antropomorfas (tres) o zoomorfas (seis), y reversos planos.
En cuanto a las matrices de bronce halladas se han encontrado tanto cabezas masculinas   como cabezas femeninas. Aparecen también representaciones con cabeza de león y otras figuras  zoomorfas, al igual que bronces con cabeza de felino. Todos estos bronces nos dan la idea que allí había un taller de orfebre. Se han encontrado también fragmentos de torques  y algún material de deshecho de plata.
 La riqueza de la Península Ibérica en oro y plata permitió desarrollar desde muy pronto una rica orfebrería, que, en la Edad del Hierro, surge como especialidad independiente de otras actividades metalúrgicas. Es en el período orientalizante (siglos VII-VI a.C.) cuando se introducen una serie de innovaciones técnicas: las grandes piezas macizas desaparecen, sustituyéndose por otras laminares, huecas o rellenas, bellamente decoradas con  finísimos hilos de oro trenzados o con granulados, que forman motivos diversos, trabajados mediante embutido, troquelado y repujado; así mismo, se introducen nuevos tipos de joyas como las diademas de placas articuladas, a nuevas formas se añaden nuevas decoraciones, documentándose la presencia de motivos figurados, utilizando tanto diversos temas vegetales -palmetas, rosetas, roleos u ovas- como humanos o animales, destacando en este punto las placas decoradas con granulado y  filigrana envolviendo máscaras humanas y cabezas de felino del tesoro de Segura de León, cuyo origen se encuentra en la iconografía oriental y griega, evidenciándose un nuevo gusto estético en la sociedad que usaba estas joyas.
En este yacimiento se puede observar claramente el carácter orientalizante de los diferentes hallazgos. Al final de la Cultura Ibérica (siglos II-I a.C.) se observa una preferencia por la plata, tanto para la vajilla como para las joyas.
Por el contrario, en el mundo celtibérico, la orfebrería se manifiesta como un fenómeno tardío, siendo excepcional el hallazgo de joyas de oro y plata durante las primeras etapas de la Cultura Celtibérica.
Aparecen algunos ejemplares de fíbulas con esquema de La Tène decorados con representaciones zoomorfas brazaletes de carácter orientalizante..
Las representaciones de animales constituyen el con junto más abundante entre los hallazgos de Contrebia Carbica, habiéndose identificado cinco pertenecientes a felinos, en concreto leones, y una de carnicero. Nuestros ejemplares re pre sen tan, pues, dos especies frecuentemente el león y el lobo.
 Las representaciones de león se documentan en la Península des de el Período Orientalizante. El león tenía un significado ligado a la expresión del valor, siendo frecuente su utilización como guardián de tumbas, templos o ciudades, lugares en los que se resalta su figura apotropaica como protector contra el peligro externo; este sentido se ampliará en época helenística, apareciendo el león, que personifica la muerte, doblegando entre sus garras a su víctima, el hombre, que no es sino un ser débil a manos de una fuerza devoradora
Estas piezas debieron fabricarse durante un amplio período cronológico, entre los siglos VI-II a.C. con un significado concreto que sería asimilada por el indígena.
  Aparece una Cabeza de carnicero. El lobo era en la Antigüedad el modelo mítico de guerrero, por su fuerza, astucia y ferocidad en el ataque y por su capacidad de actuar en grupo siguiendo a su jefe, hecho que es fácilmente asociado a cofradías guerreras y ritos iniciáticos; de esta forma, el lobo, en el arte prerromano debe re la cio nar se con la mitología indoeuropea, tratándose de un animal del Más Allá. Simboliza la divinidad infernal y guerrera y la idea de invisibilidad, de furor y muerte para el enemigo, así como al dux heroizado y al jefe de la iuventus, ideologías asociadas a mitos indoeuropeos y célticos.
Se encontró una pieza que se puede interpretar como una matriz para la decoración de vajilla metálica fina. Esta pieza, de tendencia circular, podría haber servido para la decoración del borde, mediante filas de triángulos troquelados, de ciertos vasos argénteos, tesoros que integrarían lo que se ha denominado como orfebrería celtibérica meridional.
Se producirían también vasos argénteos para el servicio de mesa, con decoración troquelada geométrica, frecuentemente con triángulos rellenos de puntos.
La existencia de talleres de orfebre en el interior de oppida, como sería el caso de Contrebia Carbica, debió ser un fenómeno habitual, aunque, al menos en el ámbito peninsular.

sábado, 3 de diciembre de 2011

ERCAVICA




Su ubicación exacta se desconoce aunque muchos historiadores consideran que se trata del yacimiento de el Castro de Santaver , en el término municipal de Cañaveruelas.
Se nos habla poco de ella y algunas fuentes nos dicen que tras cinco días de asedio y cerco a la población, tuvieron, al final que pactar con los romanos, siendo premiada por estos por su acción en el 179 a de C, que fue cuando se destruyó o se tomó la fortaleza más importante de los olcades Althia. 
La ciudad ibero-romana de Ercavica (Cañaveruelas, Cuenca) se ubica en un cerro alargado en sentido norte-sur conocido como el Castro de Santaver, que, a modo de península, se eleva sobre la margen izquierda del río Guadiela, afluente del Tajo. El cerro, a 820 m. s. n. m., ofrece una excelente posición estratégica, con un destacado control visual sobre su entorno, situándose en sus inmediaciones el tramo de la calzada que unía Segobriga y Segontia, de gran interés pues comunicaba las ambas submesetas.
La monumentalidad y entidad de los espacios y edificios públicos de Ercávica, la singularidad de sus vías porticadas, la regularidad de su entramado urbano, el conjunto de edificios residenciales, conforman la imagen de una ciudad próspera y romanizada.
     Siempre según Osuna (1997: 171 y 184), tales construcciones, que él tiene por prerromanas, «se han hecho en una zona que fue basurero y en donde han sido hallados materiales pre y protohistóricos, así como de los siglos II-I a. C., donde abundan las cerámicas pintadas, griegas, campanienses, paredes finas y en menor proporción, aretinas, así como algún epígrafe ibérico y una gran diversidad de objetos de lo más variado», materiales de amplia cronología que, con la excepción de los supuestos productos griegos, resultan semejantes a los documentados en la Campaña de 1998, en contextos nunca anteriores a mediados del siglo I a. C.
Asimismo, la existencia de áreas arqueológicas de diferentes características y naturaleza permite ofrecer una visión de conjunto de los diversos componentes de una ciudad romana al visitante. A todo ello se suma la buena conversación de los restos arquitectónicos, como algunos alzados con alturas de más de dos metros.
 
El Foro: Complejo arquitectónico monumental, que constituía la plaza pública y el centro cívico de la ciudad, integrado por los edificios propios de un municipio: la Basílica, la Curia y otras dependencias municipales. En el lado oriental de la plaza se articula el desnivel del terreno con un espléndido Criptopórtico, mientras que en su lado occidental una serie de tabernae (locales de diverso uso), flanquean el Cardo Máximo.
Urbanismo: Se han documentado diferentes tramos de calles empedradas y porticadas (cardines y decumani), que delimitan manzanas (insulae) regulares, definiendo la trama urbana ortogonal de la ciudad. Éste constituye un ejemplo privilegiado de urbanismo romano en el centro de la Península.
     La noticia de mayor antigüedad sobre Ercavica se remonta al primer cuarto del siglo II a. C., cuando la ciudad, calificada como nobilis et potens civitas, se rindió a T. Sempronio Graco el 179 a. C. (Livio 11, 50, 1). Ptolomeo (2, 6, 57), por su parte, menciona dos ciudades con ese nombre, una entre los Celtíberos y otra entre los Vascones. Con la ciudad celtibérica se han vinculado las monedas con la leyenda en alfabeto ibérico erkavika, aceptando de forma general la ubicación de esta ceca, así como de la ciudad citada por las fuentes, en el Castro de Santaver, solar de la ciudad romana del mismo nombre, asumiendo por tanto la continuidad topográfica entre ambas entidades urbanas, sin otros argumentos que el hecho de utilizar ambas el mismo topónimo.
     La escasa entidad de los materiales aparecidos en el Castro de Santaver con cronologías anteriores a la segunda mitad del siglo I a. C., unido a la existencia de un importante yacimiento con entidad urbana a pocos kilómetros aguas arriba del Guadiela, desaconseja ubicar el núcleo celtibérico en el solar donde se levanta la ciudad romana, en la que, con la excepción de algunos raros materiales pertenecientes a la Edad de Bronce o de cerámicas celtibéricas de amplia cronología, los contextos significativos más antiguos remiten a época tardorrepublicana, hacia la segunda mitad del siglo I a. C., llegando hasta época augustea temprana.
     El desarrollo urbanístico de la ciudad comenzaría en época de Augusto, cuando debió programarse su monumentalización, de modo semejante a lo identificado en otras ciudades del entorno, como Segobriga o Valeria. Con dicho programa cabría relacionar, igualmente, la construcción de la muralla. La construcción de una obra de tal envergadura podría tener que ver, tal como se ha señalado para Segobriga, con la obtención por parte de la ciudad del estatus municipal, lo que debió de producirse durante el principado de Augusto.
     Plinio (N. h. 3, 24) proporciona información sobre el estatuto jurídico de la ciudad en fecha anterior al año 12 a. C., incluyendo a Ercavicaentre los municipios del Conventus Caesaraugustanus que denomina latini veteres, esto es, municipios de derecho latino cuyo privilegio sería anterior al otorgamiento general del ius Latii en Hispania por Vespasiano. El rango municipal de la ciudad, adscrita a la tribu Galeria, es indicado por las leyendas monetales desde las emisiones de Augusto, que se sitúan a partir de los años 17-15 a. C., (11-10a. C., según otros autores). Por su parte, la presencia de magistrados municipales (IIviri) está documentada por la epigrafía desde la época de Tiberio. Con el programa de monumentalización augustea cabe relacionar, también, la organización del conjunto foral, aunque la actividad edilicia se mantendría en época julio-claudia, momento en el que se construirían las Termas de la ciudad. La pujanza de Ercavica durante este período queda puesta de manifiesto por la numismática, ya que el municipio ercavicense fue centro emisor de moneda durante los reinados de Augusto, Tiberio y Calígula.
Tampoco deben considerarse las monedas de cecas ibéricas y celtibéricas recuperadas en el Castro de Santaver en número reducido (Gomis, 1995: 101 s.) como un argumento sobre la antigüedad de la ciudad, pudiendo ser interpretadas como una muestra de la circulación residual existente en la zona en la segunda mitad del siglo I a. C., similar a lo identificado en otras ciudades de la zona, como Segobriga (Almagro-Gorbea y Abascal, 1999: 

160).
     Osuna (1993: 19 y 1997: 170 s.) se refiere, asimismo, a la existencia de una necrópolis, actualmente bajo las aguas del pantano de Buendía aunque su localización exacta sea desconocida, en la que en 1992 se recuperó un lote de cerámicas griegas pertenecientes a talleres del siglo V a. C. como Saint Valentin, Fat boy o áticas de barniz negro. La falta de materiales de cronología similar en el Castro de Santaver, así como el fuerte desnivel y la distancia existente entre éste y la zona donde al parecer se localizaría la necrópolis, desaconseja la vinculación entre ambos yacimientos, frente a lo sugerido por Osuna, para quien se trata de «la necrópolis de la Ercávica prerromana». Tampoco parecen aceptables otras propuestas (Burillo, 1998: 221 s.) que consideran la posibilidad de que dicha necrópolis pudiera depender de otro núcleo prerromano próximo, interpretado como la Ercavica indígena, dada la excesiva distancia, como se verá a continuación, existente entre ambos.
     La existencia de un importante yacimiento prerromano con entidad urbana a sólo 6 km. aguas arriba del Guadiela, en el término municipal de Alcocer (Guadalajara) ya había sido advertida en diferentes ocasiones (Bendala et alii, 1987: 132; Fuentes, 1993: 173 s.; Burillo, 1998: 232). El lugar, conocido como La Muela (Alcocer, Guadalajara), se localiza en la margen derecha del río, ocupando una extensa península amesetada, de superficie prácticamente llana, ligeramente basculada hacia el sureste, con una superficie de unas 37 ha. Presenta marcados desniveles hacia el río, situado al sur, destacando apenas del terreno hacia el norte (figs. 1 y 2). Su proximidad a la Ercavica romana, en la margen contraria, permite sugerir su identificación con la ciudad indígena epónima.
  Tal ubicación responde a lo que Burillo (1998: 258 ss.) ha denominado «ciudades de llano», en las que las cualidades defensivas del terreno no priman al elegir el emplazamiento. Dichas ciudades surgen en el Valle Medio del Ebro con posterioridad a las Guerras Celtibéricas, teniendo como ejemplos de las mismas, la Bilbilis celtibérica, en Valdeherrera
 Referencias a la ciudad:
-Las fuentes antiguas:
La noticia más antigua conocida sobre la ciudad de Ercavica la proporciona Tito Livio, en relación con la conquista romana del siglo II a. C., al referirse a la campaña de Tiberio Sempronio Graco en el 179 a. C., indicando que éste se dirigió a Ercavica, nobilis et potens ciuitas, que tras cinco días de resistencia se rindió los romanos, temiendo lo sucedido a otros pueblos vecinos. No obstante, tras la retirada de las tropas romanas, los de Ercavica se sublevaron, siendo finalmente derrotados por Graco en una gran batalla librada contra las ciudades celtibéricas, cerca del Mons Chaunus.
Las restantes noticias de las fuentes literarias se refieren ya a la ciudad romana, señalando Plinio su adscripción jurídica al Conuentus Caesaraugustano, y apuntando Ptolomeo la existencia de dos ciudades de nombre Ercavica, una entre los Celtíberos y otra entre los Vascones.

-La numismática: Se conocen sólo unas treinta monedas, sin procedencia, con la leyenda en alfabeto ibérico erkavika, pero sus características metrológicas y estilísticas lleva a reconocerla como ceca celtibérica. Se acepta la existencia de dos emisiones monetales en bronce, habiendo diferencias entre los autores en su atribución cronológica, ya que unos sitúan estas emisiones en la segunda mitad del siglo II a. C. y otros las llevan a mediados del siglo I a. C. Las monedas de cecas ibéricas y celtibéricas recuperadas en el Castro de Santaver, en número reducido, no ofrecen un argumento contundente sobre la antigüedad de la ciudad, ya que pueden ser interpretadas como una muestra de la circulación residual existente en la zona, en la segunda mitad del siglo I a. C., similar a lo identificado en otras ciudades próximas, como Segobriga.
No obstante, sí parece aceptada la identificación de la ciudad, citada por Livio, con la ceca celtibérica de erkavika, pero no tanto su localización, ya que aunque se suele considerar como más probable su reducción al Castro de Santaver, otros autores creen que la ciudad debe buscarse en la margen derecha del Ebro, identificando la población vascona, mencionada por Ptolomeo, con la citada por Livio y con la ceca indígena.

CARRASCOSA DEL CAMPO

Almagro Gorbea identificaba como olcades a las gentes enterradas en la necrópolis de Carrascosa del campo.




En tiempos prerromanos, se tiene constancia de una necrópolis celtibérica, de entre el siglo VI a. C. al siglo III a. C. del pueblo de los Olcades, en el paraje llamado de Las Madrigueras, en la que se hallaron importantes enterramientos, como sesenta y cinco sepulturas funerarias, y también se encontraron importantes vestigios arqueológicos del pueblo de los Olcades, del cual no se tiene mucha información, como objetos de bronce, hierro, cerámica griega, cerámica hallstáttica (uno de los ocho yacimientos de España en los que se han encontrado restos de esta cultura, además de ser el primero en toda la Península Ibérica), cerámica ibérica, gris, etc.
 Este fue uno de los yacimientos más importantes de los olcades estudiados por investigadores y arqueólogos canadienses.
Este yacimiento arqueológico es de gran importancia para el estudio del conocimiento de la población prerrománica de la Meseta Sur, en especial del pueblo de los Olcades que aparecen en la Edad del Hierro y que según los clásicos, dos son las comunidades que habitaron estas tierras en los siglos anteriores a la romanización: los Lusones, de origen Ibero, y los Olcades de origen Celta.
 Se puede decir que este poblado era un centro fabril por la abundancia de hallazgos encontrados en hierro, vidrio y cobre,

 Como la mayoría de los pueblos o poblados de la zona, se podría decir que una de sus principales actividades económicas era la producción y el trasporte de vino hacia todas sus redes de comercio, así como los cereales, y a partir de los cuales fabricaban la famosa bebida fermentada que decían que era  la bebida de los dioses, la caelia, actualmente se trata de cerveza.
Los vestigios romanos son muy valiosos, con varios emplazamientos, el más importante es un municipio celtibérico-romano que data del siglo VIII a. C. al siglo III d.C., del cual se ha hallado el barrio de artesanos y necrópolis. También se han descubierto restos de vasijas enteras, restos funerarios, pequeñas cremaciones, ánforas de cristal que servían para albergar aceites aromáticos, etc.

 El poblado estuvo enclavado un centro de primordial importancia para la actividad metalúrgica y económica romana siendo uno de los más importantes de España con restos e indicios de su ocupación desde la edad de los metales por la cantidad de escorias de hierro y cobre encontradas. Las Madrigueras del pueblo de los Olcaldes fue descubierto en diciembre de 1963, es una necrópolis de campos de urnas de la época del hierro junto al cauce del río Valdejudíos de gran importancia para el estudio de la romanización de este territorio y para el conocimiento de la población prerrománica de la meseta sur. En la provincia de Cuenca aparecieron en la necrópolis de Las Madrigueras una cuenta de collar (Carrascosa del Campo) en la tumba LXII fechada en el año 550-500 a.C, la cuenta tiene el fondo azul verdoso y está decorada con «ojos» realizados mediante tonos azul oscuro, blanco y azul
Las perlas con "OJos»aparecen a partir del Hallstatt, pero el color azul es característico sobre todo de la etapa de La Tene, hacia la cual nos inclinaríamos a colocar nuestros ejemplares, sustituyendo el color amarillo que parece predominar en la época anterior. Esta hipótesis iría bien con la observación realizada en la necrópolis de Carrascosa donde las perlas de color amarillo parecen en la primera Fase Carrascosa I, mientras que las piezas de color azul intenso o
translúcido aparecen en la Fase Carrascosa II, y tal vez incluso en los últimos momentos, en todo caso no anteriores al siglo IV a.C .Fue castrum prerromano, centro fabril romano, luego poblado y también fortaleza visigoda y árabe. La vista área que nos proporciona la SIGPAC del Pulpón nos da la cota más alta del contorno con 894 metros y a 200 metros del arroyo de la Vega Seca que termina en el arroyo de la Vega que baja desde Loranca, permite apreciar con gran claridad las trazas en altura de su recinto amurallado con cubos de muralla bastante bien conservados en algunos de sus tramos delimitando restos de construcciones en un recinto prácticamente cuadrado. Se dedicaban a la minería, a extraer el lapis specularis, conocido como espejuelo en la actualidad, es un tipo de piedra de yeso selenítica especular traslúcido, siendo un mineral muy valorado en la Antigua Roma, En esta fortificación situamos un poblado habitado por los trabajadores del centro fabril y de las minas del llamado espejuelo.
 
El Cerro del Pulpón se encuentra a unos escasos siete kilómetros de Carrascosa del Campo por la carretera a Palomares del Campo, alzándose en la margen izquierda. De 859 metros de altitud lo localizamos a 1,5 kilómetros al sur del despoblado del Pulpón. No se deben olvidar los restos de trabajo de espejuelo encontrados en El Pulpón. Tanto es así que vías principales de comunicación y en especial la calzada que unía Segobriga con Cartago-Nova se articulaban en función del aprovechamiento de este material cuya explotación tenía tanta relevancia en la economía romana como la como en la íbera o celtíbera en cuanto al comercio de los metales existentes en la zona ( Lapis Speculum). El enclave metalúrgico de la Muela del Pulpón ofrecía servicio a la cercana ciudad de Segobriga y a las de Erkavica y Valeria, al centro de la península y a enclaves romano de las tierras levantinas. Se han encontrado abundantes hallazgos en relación con la fabricación de armas, utensilios de metales así como trazas de acuñación de monedas.
En tierras de Carrascosa llegaron a existir hasta doce pequeños poblados surgidos en las inmediaciones de recursos de agua, pozos, arroyos y fuentes, que en la actualidad recuerdan sus nombres. Al sur de la cañada de Beteta, llegamos al despoblado del Pulpón siguiendo durante unos escasos seis kilómetros la carreta a Palomares y junto a ella encontraremos sus muy importantes restos en tierras conocidas como Hoya del Tesoro. Estaba situado en las inmediaciones de una laguna ya desecada; señalada en la cartografía como La Laguna. Al sur se encuentran el cerro del Pulpón y el cerro de la Muela en el paraje de Pozoamargo.

OBJETOS HALLADOS EN EL YACIMIENTO
Objetos de Bronce:
En esta necrópolis se han recogido hasta 15 fíbulas entre ejemplares completos y fragmentados de identificación segura.
Un ejemplar de broche de garfio, en la sepultura III que se puede fechar hacia finales del siglo V antes de Cristo.
Cerámica a mano:
Son algunas las sepulturas que han proporcionado cerámica hecha a mano.
Estos vasos cerámicos nos hablan sobre la fase más arcaica de la Necrópolis.
Todos los vasos de esta especie de cerámica están hechos con barros poco depurados y en muchos casos con la pasta mal cocida. Los colores varían éntrelos rojizos a los más o menos negruzcos o pardos, predominando estos últimos.
Cerámica Importada:
 Esta es la cerámica que pudo ser traída a este yacimiento desde otros puntos. Entre estas piezas podemos citar cerámica griega que su descubrimiento es de gran interés, pues nos sitúa en el punto más apartado de la cuenca del Mediterráneo, donde han aparecido cerámicas griegas de esta época.
Cerámica de tipo Ibérico:
 Es el conjunto más numeroso que ha proporcionado la Necrópolis y representa la llegada a estas regiones de una técnica de cerámica al torno, que se denomina de "tipo Ibérico".
Cerámica gris:
Son muchas las piezas que se caracterizan por ofrecer unas pastas de color gris, como consecuencia de la técnica empleada, realizada en un horno de reducción procedente del Mediterráneo Oriental. La mayoría de las piezas ofrecen barros bien depurados, compactos y duros con algo de mica.
Objetos diversos:
Cuentas de collar, FUSAYOLAS que son barros bastante finos, que han sido alisados en la superficie y en algunos casos cuidadosamente bruñidos.
Canteros de piedra, o pomos de una piedra blanca y blanda, seguramente un alabastro yesoso.
Objetos de hueso que aparecieron en el pequeño cuenco de la sepultura XLV,y a ellos podemos unir una toba perforada. Conchas.- Una concha marina apareció entre los huesos calcinados de una urna.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

KELIN


Las excavaciones en Los Villares (Caudete de las Fuentes) se iniciaron en los años 1950-1960 y desde 1980 están dirigidas por Consuelo Mata, de la Universitat de València.

El yacimiento de Los Villares, identificado como la antigua ciudad ibérica de Kelin a partir de los estudios numismáticos, se encuentra en el término municipal de Caudete de las Fuentes (Valencia) y tiene una extensión aproximada de 10 hectáreas. Se sitúa cerca del nacimiento del río Madre, en una loma que se eleva 800 m.s.n.m., destacando sobre el llano circundante. El carácter estratégico de su ubicación viene marcado por su proximidad a dos vías de comunicación que permitían el contacto entre el litoral mediterráneo y la meseta interior, de Este a Oeste, y entre Aragón y la Alta Andalucía, de Norte a Sur.
La población que se instala, a principios del siglo VII  a.C., en el cerro de Los Villares tiene una cultura material característica de un Bronce Final avanzado que recibe de forma casi inmediata productos procedentes de la costa.
Hasta inicios del VI a.C. existe una secuencia ininterrumpida de fases constructivas y remodelaciones de los espacios habitados y de circulación que apenas se intuyeron en las publicaciones anteriores (Mata, 1991, 24; Mata et alii, 1999).
Las viviendas son alargadas, separadas en algunos casos por estrechos pasillos, sin apenas divisiones internas y con un hogar circular, plano o en cubeta. Las paredes son de adobe sobre un zócalo de dos hiladas de piedras pequeñas.
Las cerámicas están hechas a mano y algunas de ellas imitan piezas a torno; hay, también, escasos objetos de hierro que no siempre se pueden identificar por su estado de conservación; y un porcentaje reducido de cerámicas importadas como ánforas y tinajas fenicio-occidentales, trípodes y barniz rojo. La agricultura se basaba en los cereales junto a una tímida introducción de frutales (higuera y vid); los recursos cárnicos se obtienen de los ovicaprinos, seguidos de cerdos y bovinos, algo de caza y caballo; el antracoanálisis muestra unpaisaje de maquia o garriga junto a un bosque caducífoleo
Los olcades de Kelin se cree que eran de etnia o estirpe celta, pero con costumbres íberas ya fueran edetanas o contestanas, es decir, procedían de la cultura de la Tene asentados cerca de la Comunidad Valenciana. Así  vemos que eran fronterizos con la Edetanía o Contestanía. Son más bien lo que llamamos Celtíberos, ya que eran como hemos dicho pertenecían a las antiguas oleadas de pobladores llegados a la península que posteriormente adquirieron la cultura de los íberos.
Alcanzó su máximo esplendor en torno a los siglos IV-III a. C., llegando a convertirse en capital de un amplio territorio ibero que superaba los actuales límites administrativos de la comarca de Requena-Utiel. Como lugar central, Kelin estructuró su territorio mediante una red de asentamientos interdependientes con funciones diversas y complementarias, tanto defensivas como productivas.
El poblado tan sólo conserva posibles tramos de muralla o de muro perimetral en su lado oeste y todavía no ha sido localizada su necrópolis. Por otro lado, tal y como era práctica habitual entre los iberos, se han hallado algunos enterramientos infantiles en el interior de las casas, normalmente bajo pavimentos y/o muros.
Se conoce su existencia desde mitad del siglo XVIII, aunque no fue
hasta mediados del siglo XX cuando comenzaron las excavaciones arqueológicas. En él se han realizado, entre 1956 y 2002, 23 campañas centradas en una superficie de unos 1000 m2, en los que se ha podido constatar una dilatada cronología. La loma de Los Villares se ocupa ininterrumpidamente desde inicios de la Edad del Hierro (aproximadamente en el 680 a. C.) hasta época iberorromana (75 a. C.), ofreciendo una horquilla cronológica excepcional en el registro arqueológico valenciano.

Su larga ocupación permite ver la evolución de su estructuración interna y su arquitectura. En los niveles fundacionales del siglo VII a. C. se observa un urbanismo incipiente, con habitaciones rectangulares sin divisiones internas separadas por estrechos pasillos. En el Ibérico Pleno (siglo IV-III a. C.),
por contra, el poblado se caracteriza por presentar un urbanismo mucho más complejo, lo que se traduce en calles anchas que permiten el tránsito de carros. Éstas se entrecruzan formando un plano ortogonal con manzanas constituidas por grandes viviendas, de entre 80-100 m2. Su espacio interior aparece dividido en varias estancias, algunas de ellas con una funcionalidad específica. La habitación principal de las viviendas se dedica a múltiples labores (cocina, descanso, etc.), puesto que es donde se encuentra el hogar central, mientras que los departamentos más alejados de las puertas actúan como almacenes y/o despensas. Una de las viviendas ha sido interpretada como la casa de un rico comerciante, ya que cuenta con una bodega donde se han documentado más de 70 ánforas fragmentadas. En toda la casa hay un total de 98 recipientes grandes, entre ánforas y tinajas, lo que permitiría el almacenaje de unos 7.460 litros. Además, también cuenta con un pequeño taller de forja, así como otro tipo de bienes que denotan su elevado estatus (una pulsera de plata, cerámicas de importación, etc.).
La agricultura sigue teniendo como cultivos principales los cereales junto a algunas legumbres y una
consolidación progresiva de la vid; en la ganadería, destaca el descenso del bovino y de los caballos como aporte cárnico; y en cuanto al paisaje vegetal se observa un aumento de las especies de garriga, lo que significa una mayor antropización del territorio respecto a los siglos anteriores debido al aumento de los lugares habitados, que ejercen una mayor presión sobre la vegetación (madera, minería, nuevas zonas cultivadas y nuevos cultivos, aumento de la ganadería).
El hallazgo, en 1979, de una copa jonia sirvió para identificar y datar el primer lote cerámico indígena del siglo VI; en cambio, el espacio donde se encontraron apenas aportó información al estar muy incompleto. Estos materiales ya se han publicado con anterioridad por lo que no se van a tratar con detalle pero, por su interés, se recogen aquí algunas de las piezas a torno por ser las más significativas del siglo VI: dos tinajas pintadas, una de ellas con hombro carenado como las ánforas, un plato gris y una urna de orejetas también en gris.
Los materiales encontrados son, sobre todo, cerámicos, aunque también hay una varilla de hierro y un fragmento de molino barquiforme. Todas las cerámicas hechas a mano son toscas con escasa variedad tipológica; mientras que las torneadas son de clase A, gris y oxidante, entre las que hay ánforas, tinajas, platos y una mano de mortero, así como escasos fragmentos de ánforas fenicias.
Kelin acuña moneda propia durante un corto periodo de tiempo entre la segunda mitad del siglo II y comienzos del I a. C. Las monedas, ases y semis, son de bronce y formarían parte de una emisión muy limitada, destinada a usos locales y cotidianos.
La economía es básicamente agrícola. 
 
El cultivo del cereal (principalmente trigo desnudo y mijo) y la arboricultura (viña e higuera), proporcionan productos básicos para el consumo humano y otros destinados al ganado. El territorio inmediato de explotación de Kelin cuenta con un importante potencial pecuario (oveja, cabra, cerdo y bóvido), pues dispone de una amplia zona de pastos en la vega y en las dehesas, así como zonas forestales en La Atalaya y La Bicuerca. Los productos obtenidos no solo sirven para cubrir las necesidades básicas del enclave, sino que, al mismo tiempo, proporcionan excedentes destinados al intercambio. Fruto de estas relaciones comerciales, los habitantes de Kelin obtuvieron cerámicas procedentes de diferentes puntos del Mediterráneo (cerámicas fenicio-púnicas, áticas e itálicas), a lo que habría que sumar otro tipo de materiales, como el marfil o la pasta vítrea.
Asociados a cerámicas del siglo VI, hay dos hogares  formalmente distintos a los datados en el siglo VII que en Los Villares son siempre circulares.
Otro equipamiento de interés fue el hallazgo de un ánfora hincada en el suelo, cuyo contenido pudo ser el vino,
según el análisis de residuos hecho por Juan-Tresserras y Matamala (2004, 286). En cuanto a su contenido, el vino, pudo ser tanto importado como local puesto que el cultivo de la vid está ya consolidado, como demuestra el aumento de semillas de vitis vinifera en Kelin.
En el siglo V ya han desaparecido las importaciones fenicias y todavía no han llegado masivamente las púnicas y griegas, de ahí alguna de las dificultades existentes para aislar ajuares y niveles de esta  cronología.
 
Las aproximaciones al cómputo demográfico apuntan a que el poblado, durante esta fase, pudo contar con una población de entre 3.800 - 4.000 habitantes. La vida del mismo parece llegar a su fin de forma violenta en torno al 80-75 a. C., tal y como se deduce del estudio de las importaciones y la numismática. Se ha planteado la posibilidad de que Kelin tomara partido en la guerra civil que sufrió la República romana durante esos años.
El material recuperado es, ante todo, cerámica a torno de clase A –oxidante y reductora- y B, junto a un pequeño porcentaje de cerámica a mano; entre las importaciones hay un fragmento de cerámica ática y otro de ánfora fenicia; los objetos de hierro tienen una presencia mayor que en el siglo anterior.
Los asentamientos son de nueva planta y buscan nuevos emplazamientos, más cercanos a las tierras de cultivo.
Excepto dos de ellos, todos se sitúan en elevaciones más o menos destacadas y son de tamaño medio o pequeño
(< 4 ha). El único lugar parangonable a Kelin por tamaño, volumen y calidad de los materiales es Requena, pero dado el estado actual de la información no se puede decir mucho más al respecto. En consecuencia, se puede afirmar con rotundidad que el asentamiento mayor era Los Villares, donde los materiales y construcciones de esta cronología se han localizado en diversos puntos de su superficie (Mata, 1991, cuadro 1 y lám. I; Mata et alii, 2001 a, 83 y b, 319), manteniendo las dudas razonables sobre Requena.
Las ánforas fenicias llegan a casi todos estos lugares, pero en Los Villares, además, se encuentran tinajas, trípodes, barniz rojo, así como algunas imitaciones a mano y a torno; en Requena, hoy por hoy, falta el barniz rojo. Es decir, se aprecia una distribución selectiva de productos desde los centros mayores: Requena es el lugar más próximo a la vía de comunicación desde la costa, por lo que el control de la misma le permite conseguir productos variados; Los Villares es el destino principal de estos productos exóticos; los demás asentamientos, situados al Norte y al Oeste de Los Villares, reciben vino fenicio como forma de mantener fidelidades y asegurar una explotación adecuada de las nuevas tierras.
El gran salto poblacional se produce a lo largo del siglo VI contabilizándose 39 asentamientos de esta cronología.
La mayoría se ubican en el llano o sobre ligeras elevaciones y se configuran como lugares abiertos, con escasa
densidad de material. Esto ha llevado a interpretarlos como hábitats, con poca población, dedicados a actividades agrícolas que, en algún caso, pudieron tener carácter estacional.
Es, en este momento, cuando en Los Villares/ Kelin se producen las primeras transformaciones significativas
en la organización interna del asentamiento, cuando llegan las primeras cerámicas griegas y los objetos de hierro son más numerosos. En cuanto a la agricultura, el registro carpológico muestra una mayor presencia de semillas de vitis, lo que significa que el cultivo de la vid se va consolidando.
No es descabellado pensar que la fundación de nuevos asentamientos se dirigió desde Kelin con el fin de ocupar nuevas tierras para el cultivo, obtener recursos minerales y, con los lugares en alto, poner las primeras bases de control del territorio. Las manifestaciones religiosas de carácter
territorial quedan plasmadas en la frecuentación de la cueva del Puntal del Horno Ciego (Martí Bonafé, 1990).
Su destrucción podría ser consecuencia del correctivo que Roma aplicó a aquellas ciudades iberas que apoyaron al bando derrotado, el sertoriano.