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viernes, 25 de noviembre de 2011

NECROPOLIS DEL POBLE NOU

La Vila Joiosa es la capital histórica de la comarca costera de la Marina Baixa (Marina Baja), en la provincia de Alicante. Los primeros testimonios conocidos de la presencia humana datan de la Edad de Bronce (2º milenio a. C.), pero se conoce mejor el poblamiento a partir de la Época Ibérica (desde el s. VI a. C.). Entre los principales poblados de esta cultura destaca el del Barri Vell, o casco antiguo, cuyos cementerios, el de Casetes y el del Poble Nou, están en proceso de excavación. En ellos se han encontrado abundantes objetos de uso militar y cotidiano, entre los que cabe hacer especial mención de varios collares orientales en oro del s. VI a.C. Y otros objetos de procedencia fenicia y egipcia.
En la margen derecha del río Amadorio, serca de la desembocadura, se han hallado vestigios de un núcleo de población ibérica desde al menos el siglo VII a. C., con fuerte presencia de materiales de procedencia griega. Las primeras menciones a la ciudad datan del siglo I a. C. El geógrafo Artemidoro de Éfeso la describió como «isla y ciudad de Massalia», lo que retrotrae la existencia del establecimiento al siglo V a. C. Estrabón, por su parte, no la cita directamente en su Geografía, pero sí habla de «tres fundaciones massaliotas [de las cuales] [...] la más conocida es Hemeroskopeion» (Geografía, III, 4, 6), por lo que se acepta sin dudas que Alonis y Akra Leuké serían las otras dos.

Se ha discutido mucho sobre las características de las colonias griegas de Iberia y su relación con los pueblos ibéricos, así como sobre la propia helenización de estos últimos. Parece bastante posible que este tipos de poblamientos, en los que se incluiría Alonis al menos en una primera fase, se tratara de barrios helénicos de carácter comercial inmersos en mayor o menor grado en poblaciones ibéricas de la costa.
Se han documentado dos necrópolis en la comarca de Villajoyosa: La necrópolis del Poble Nou situada en el margen derecho del río Amadorio y la necrópolis de les Casetes al Norte del Casco Antiguo de la actual Villajoyosa. La ubicación de ambas áreas funerarias sin duda viene determinada por las vías de comunicación de la época, ya que las sepulturas se distribuyen en estrechas franjas a los lados
de estas, hecho que se confirma claramente con los datos arqueológicos obtenidos. Estos caminos conectarían la necrópolis del Poble Nou con el santuario costero del Tossal de la Mallaeta, Y la necrópolis de les Casetes con los valles del interior, y desde ellos hacia la comarca de l’Alcoià, de la que Villajoyosa ha sido históricamente la salida natural al mar. No descartamos que en un futuro se pueda identificar una tercera calzada que se dirija hacia el nordeste, en dirección a las ensenadas de Benidorm y Altea.
Ante dos grandes necrópolis como estas, de tan amplia cronología, la cuestión que surge de forma inmediata es la ubicación del núcleo al que pertenecen.
En primer lugar en los refugios excavados en la última Guerra Civil en la base de las murallas de la Costera de la Mar, cuyo techo es claramente un potente estrato ibérico en el que, durante los trabajos de restauración de 1992, se recogieron numerosos materiales cerámicos. Tratándose en su mayor parte de fragmentos de ánforas ibéricas, junto con numerosos pithoi de cerámica ibérica pintada y algunos fragmentos informes de cerámicas áticas de barniz negro. Las decoraciones geométricas características del Ibérico Pleno y Antiguo, y los fragmentos de ánforas importadas nos llevan a un amplio periodo dentro de la época ibérica: abarcando desde el siglo V al siglo II a.C
Aunque la epigrafía todavía no ha desvelado su nombre, se cree que es Alonis la ciudad que hacia el año 74, bajo el emperador Vespasiano, alcanzó la categoría de municipium. De ésta, situada a unos 3 km de la actual Villajoyosa, se han encontrado menciones a cargos municipales (duumvires y flámines), así como una mensa cuya inscripción conmemora la reconstrucción del mercado municipal (macellum).Bajo el casco urbano de la propia Villajoyosa se han excavado recientemente distintas villas y dos grandes necrópolis de la época, asociadas al puerto histórico conocido como «Playa de la Vila», que probablemente constituía un gran barrio industrial y comercial de Allon. Independientemente de su ubicación exacta, Alonis debió ejercer un papel central en la región de la actual comarca de la Marina Baja.[
Ritual funerario
Todos los enterramientos ibéricos localizados hasta la fecha en las necrópolis de Villajoyosa pertenecen a incineraciones secundarias. Lo que implica que el difunto era cremado en una pira funeraria y posteriormente trasladado a la sepultura en si.
Reflejo de este hecho, es la localización en la necrópolis del Poble Nou de un ustrinum o Crematorio, de época ibérica, consistente en una fosa de 2 m. de largo por 70 cm de ancho y similar profundidad, que se hallaba algo separada del área cementerial, a siete metros y medio de distancia de la tumba más próxima. Sus paredes y el fondo tenían un revestimiento de barro aplicado con las manos (a juzgar por las improntas de dedos) y contenía un gran depósito de cenizas junto con fragmentos de madera carbonizada. Tras la cremación, los restos óseos eran cuidadosamente recogidos junto con los elementos personales del difunto y trasladados a las sepulturas.

Medallón fenicio decorado con símbolos faraónicos Esfinge alada con cabeza de Bes


Dos amuletos de esteatita: uno de ellos representa a Anubis de pie y el otro una esfinge alada

Esfinge alada cuya cabeza es la del dios egipcio Bes, con un tocado formado por tres altas plumas. Está colocada en posición semirrecostada sobre una base rectangular anepígrafa, y presenta dos orificios para ser ensartada en un collar, como suele ser habitual en este tipo de amuletos: uno entre el tocado y las alas, y otro entre las patas delanteras y las traseras. El paralelo más próximo a esta pieza lo encontramos en el museo de Cagliari: se trata de un amuleto casi idéntico al nuestro, catalogado con el número 833 por Enrico Acquaro (Acquaro, 1977). El nombre de esta divinidad parece provenir del verbo egipcio bs3, cuyo significado es “proteger”, “vigilar”, lo cual nos indica la función del dios, protector de la familia y, especialmente, de las mujeres y de los niños, asistiendo a éstas en los partos y protegiendo a los recién nacidos, por lo que se vinculó a Isis y a su hijo Harpócrates.

Esfinge de esteatita


Esfinge alada cuya cabeza es la del dios egipcio Bes, con un tocado formado por tres altas plumas. Está colocada en posición semirrecostada sobre una base rectangular y presenta dos orificios para ser ensartada en un collar. La función del dios Bes se relaciona con la protección de la familia y, especialmente, de las mujeres y de los niños, asistiendo a éstas en los partos y protegiendo a los recién nacidos, por lo que se vinculó a Isis y a su hijo Harpócrates. El carácter protector del dios Bes se encuentra reforzado en nuestro amuleto por su cuerpo de esfinge. Si en el caso de las esfinges con cabeza humana encontramos una conjunción de las cualidades humanas con la fuerza, el poder y fiereza del león, en este caso a las cualidades del león se añaden las de protección de Bes.

El carácter protector del dios Bes se encuentra reforzado en nuestro amuleto por su cuerpo de esfinge. Si en el caso de las esfinges con cabeza humana encontramos una conjunción de las cualidades humanas con la fuerza, el poder y fiereza del león (Castel, 1999, 167), en este caso a las cualidades del león se añaden las de protección de Bes.

Representación del Dios Anubis de forma antropomorfa con cabeza de perro. Pasta blanca con vidriado verdoso muy perdido (Fernández, 1992). A semejanza de las representaciones de Horus, aparece puesto en pie y en actitud hierática; adelanta la pierna izquierda en posición de marcha y los brazos aparecen rígidamente extendidos hacia abajo, pegados al cuerpo; viste un faldellín plisado, anudado en torno a la  cintura. La figura del dios descansa sobre un pedestal y se apoya por detrás en una pilastra dorsal lisa, que presenta una perforación transversal para utilizarlo de colgante.
Este Dios presidía las momificaciones y era guardián habitual de las necrópolis. Guiaba el alma del difunto en el más allá. Quedó relegado a un segundo plano cuando el culto a Osiris otorgó a éste el papel principal en el Mas Allá.
LA FALCATA  IBERICA
Una falcata ibérica (sable) en buen estado de conservación de entre los siglos V y IV antes de Cristo ha sido descubierta en la necrópolis del Poble Nou de Villajoyosa (Alicante).
Según el ayuntamiento, la restauradora municipal, María José Velázquez, se ha hecho cargo de la restauración de esta pieza, que constituye la primera falcata hallada en la localidad y que es ejemplo de armamento propio de la panoplia (conjunto de armas de ataque y defensa) del guerrero ibérico.
La hoja del sable, decorada con acanaladuras, tiene 44 centímetros, medida que normalmente coincidía con la longitud del antebrazo del guerrero al que estaba destinado, ya que generalmente se fabricaban por encargo. Este arma era utilizada por los jinetes iberos contra la infantería enemiga, ya que desde una posición mas elevada que el contrario se duplicaba la potencia de corte.
Se aprecia claramente como este sable se fabricó martillando en un yunque tres láminas de hierro, que se unieron por los golpes recibidos al rojo en la fragua, hasta formar una sola pieza.

El mango tiene forma de cabeza de caballo, como es frecuente, y las dos caras de la hoja están decoradas con finas acanaladuras destinadas a meter aire dentro de la herida causada, lo que favorecía posteriormente el desarrollo de gangrena.
La restauración ha sido especialmente delicada porque, a la vez que se eliminaban las concreciones, había que ir consolidando la superficie con resina acrílica, con el fin de que la pieza no se desmenuzara.
El proceso está muy adelantado, aunque quedan las fases finales de protección que darán aislamiento a la pieza de la humedad ambiental, que resulta muy nociva para su conservación.
Junto a la falcata han aparecido otros elementos de la panoplia guerrera, como la cantonera metálica de la vaina del sable en buen estado, el primer mango de escudo ibérico del Museo de Villajoyosa, también de hierro, y un cuchillo de combate.
La excavación de la tumba donde se documentó esta espada se realizó en 2003, momento en el que se extrajo dentro de esta misma sepultura una lanza de hierro (soliferreum).
Para la restauración del sable ha sido necesario realizar una radiografía de la pieza, con el fin de determinar su estado de conservación y, particularmente, la posible existencia de fisuras o grietas y el estado del núcleo de metal.
La radiografía ha revelado, por ejemplo, pequeños orificios a simple vista inapreciables en la guarda o varilla metálica de la vaina en la que se enfundaba la espada, y que servirían para coser el cuero a la misma.

LA CERÁMICA IBERICA


Las figuras halladas están decoradas con grandes lobos y figuras humanas que representan guerreros con espadas o lanzas, similares a las armas halladas en numerosas tumbas del mismo cementerio de Poble Nou.
Las figuras forman frisos alrededor de los vasos, “en una especie de danza ritual en honor de alguna persona fallecida”, al igual que los famosos vasos que se hallaron en un pozo sagrado del santuario íbero del Tossal de Sant Miquel de Lliria (Valencia).
Este tipo de decoración, conocida como estilo narrativo u Oliva-Liria, es excepcional en el mundo íbero y suele estar asociada a edificios o lugares religiosos.
Los fragmentos de piezas de cerámica estaban en una zanja excavada hacia el siglo II A. C. junto a la gran necrópolis de Poble Nou.
El Museo Municipal de La Vila, que no había registrado todavía en sus colecciones piezas de este tipo, ha catalogado 200 frascos de perfume y docenas de copas de vino, jarras y otras vasijas de cerámica de este yacimiento.
La responsable de inventarios y catálogos de fondos del Museo de La Vila, Amanda Marcos, y la restauradora, María José Velázquez, están seleccionando las piezas más interesantes para su restauración y catalogación.
Numerosas cerámicas ibéricas de Villajoyosa presentan un estilo de decoración pintada diferente a los ya conocidos. Este nuevo estilo, denominado “estilo simbólico levantino”, se ha detectado por Miguel F. Pérez, en su memoria de licenciatura leída en 2010 en la Universidad de Alicante sobre las cerámicas ibéricas pintadas de un sector del cementerio antiguo de Poble Nou. El autor plantea que es muy probable que hubiera un taller importante de este estilo en la ciudad ibérica de Villajoyosa, dado que el 37% de todos los vasos estudiados de este estilo en España se encuentran en la Vila, y este porcentaje será mucho mayor cuando se publiquen el resto de sectores de las necrópolis de Casetes y Poble Nou.
 Fotografía:el Vaso del Umbral del Más Allá, con la escalera de siete peldaños, la puerta del paraíso y el ave que conduce el alma hasta ese lugar. (Fotografía: Llorenç Pizà)
Sus decoraciones no suelen narrar episodios o escenas humanos o divinos, sino que contienen imágenes simbólicas, que transmiten directamente un mensaje. La mayoría de esas decoraciones se han encontrado en vasos de cerámica procedentes de tumbas de los cementerios de Poble Nou y Casetes de los siglos II y I a. C., por lo que su significado tiene relación con el viaje al más allá y la vida eterna. Destaca la figura de la paloma como símbolo de la Diosa ibérica de la fecundidad y de la muerte, que protegería y guiaría al alma del difunto durante su viaje al Más Allá. Estas pinturas, dentro de su contexto funerario, reflejan una religión ibérica impregnada del lenguaje helenístico (es decir, de la cultura griega de los siglos III a I a. C.), muy difundido por el Mediterráneo. La exposición supone la “presentación en sociedad” de este nuevo estilo decorativo de la cerámica ibérica recién descubierto en los fondos del Museo de la Vila.
Una de las piezas más importantes que se van a poder contemplar en la exposición es el llamado “Vaso del Umbral del Más Allá” (técnicamente, la olpe, o jarra nº inv. 14924 de la tumba 23 de Poble Nou). Es un magnífico reflejo de la obsesión de guiar al difunto en el viaje al otro mundo, común a todas las culturas mediterráneas. Las imágenes que se emplean en esta pieza sirven de explicación didáctica al difunto sobre cómo llegar al paraíso.
Sobre esta pieza se plasma a la manera ibérica una narración del recorrido y elementos que necesitaría el alma del ibero para llegar a su descanso eterno. Resalta la presencia de la paloma como animal psicopompo (conductor de almas), a su vez imagen-símbolo de la divinidad ibérica y que al mismo tiempo podría representar al alma del difunto. La unión del mundo de los vivos y del mundo de los muertos estaría simbolizada por la escalera de siete peldaños, que da acceso al Más Allá, y que aparece mencionada en textos de diferentes religiones antiguas, como en la Biblia (la “escalera de Jacob” del Libro del Génesis 28, 11-19, por la que los ángeles ascendían y descendían del cielo), y que más tarde recogerá Dante en su “Divina Comedia”.
En este destino ultraterreno representado en el Vaso del Umbral del Más Allá, la exuberante vegetación crece en forma de vides y hiedras, plantas muy relacionadas con la vida eterna, que se expanden sin límite para recrear un ambiente paradisíaco. Junto a ellas emerge un árbol que podría simbolizar el motivo oriental del árbol de la vida o los bosques que se representan en el imaginario greco-itálico para figurar los Campos Elíseos o los bosques de Perséfone que se citan en la Odisea. En esta región, similar al paraíso cristiano, está separada del Hades o inframundo (similar al infierno cristiano),  habitaban los mortales afortunados que podían gozar de una vida eterna feliz. 
Por último, las puertas a las que conduce la escalera indican el destino del alma y separan el mundo de los vivos del de los muertos, igual que sucede en las imágenes egipcias, púnicas, itálicas y griegas.

FRAGMENTOS LIRIA - OLIVA


Las figuras halladas están decoradas con grandes lobos y figuras humanas que representan guerreros con espadas o lanzas, similares a las armas halladas en numerosas tumbas del mismo cementerio de Poble Nou.
Guerrero en cerámica pintada.
Las figuras forman frisos alrededor de los vasos, “en una especie de danza ritual en honor de alguna persona fallecida”, al igual que los famosos vasos que se hallaron en un pozo sagrado del santuario íbero del Tossal de Sant Miquel de Lliria (Valencia).
Este tipo de decoración, conocida como estilo narrativo u Oliva-Liria, es excepcional en el mundo íbero y suele estar asociada a edificios o lugares religiosos.
Los fragmentos de piezas de cerámica estaban en una zanja excavada hacia el siglo II A. C. junto a la gran necrópolis de Poble Nou. Se han catalogado 200 frascos de perfume y docenas de copas de vino, jarras y otras vasijas de cerámica de este yacimiento. La responsable de inventarios y catálogos de fondos del Museo de La Vila, Amanda Marcos, y la restauradora, María José Velázquez, están seleccionando las piezas más interesantes para su restauración y catalogación.

KALATOS ELCHE ARCHENA EN VILLAJOYOSA


El colofón del proceso evolutivo en las producciones cerámicas del Sudeste lo tenemos en la aparición de la decoración figurada, tanto animal como humana. La cronología de ambos elementos parece tardía, y no puede datarse antes del siglo II a. C., aunque con anterioridad puedan existir ejemplares aislados.
Cuando la cerámica con decoración figurada irrumpe con toda su fuerza en los yacimientos ibéricos del sureste es a lo largo del siglo II a. C., adquiriendo un predominio que continuará manteniendo durante el siglo I a. C.; se trata, por tanto, de una cerámica que es en realidad contemporánea de la presencia romana en la Península.
Recipiente de pequeño tamaño que constituye la versión tardía de la cerámica del tipo Elche-Archena; han desaparecido las decoraciones figuradas y su lugar queda ocupado por decoraciones vegetales y geométricas más simples, algunas de las cuales existían ya en el momento anterior; los motivos más característicos son las guirnaldas de tres hojas con frutos -posiblemente granadas-, el reticulado, los arquillos secantes y los frisos de SSS. Estas decoraciones seguirán en uso durante algún tiempo, y reaparecerán periódicamente sobre formas ya plenamente romanas.
El conjunto principal de esta pieza de estilo Elche-Archena presenta como elemento definidor un animal característico: un pájaro que en ocasiones se ha identificado con un águila, aunque sus rasgos son lo suficientemente indefinidos como para permitir casi cualquier adscripción dentro de su género. Aparece en actitud agresiva, con las alas desplegadas el ave  pero su forma no es real; la realidad ha dejado paso al detallismo, a un dibujo preciosista y minucioso que convierte en elementos decorativos una buena parte de los rasgos anatómicos de los animales. Va envuelto en por motivos de relleno de carácter  vegetal y geométricos. Todo ello confiere un aspecto característico e inconfundible a estos vasos, que por lo común son recipientes de mediano o gran tamaño, con múltiples formas: ánforas, cálatos, jarros, urnas, etc. Es posible que en ellos pueda verse la mano de uno o varios decoradores, e incluso de varios talleres, aunque la identificación de éstos es objeto de un estudio en vías de realización.

CERÁMICA GRIEGA


CRATERAS


Crátera de campana con decoración de figuras rojas, representa una escena ritual de un jabalí. De izquierda a derecha: figura joven masculina desnuda portando un jabalí, figura masculina barbada, laureada, togada portando un kylix, a la derecha figura masculina de un joven laureado y togado portando una bandeja, figura masculina de un joven laureada y togada tocando el aulos (doble flauta), delante de ellos un altar, tres figuras femeninas togadas, dos a la derecha una de ellas con un bastón y una a la izquierda portando un kylix. Toda la escena está enmarcada por un friso vegetal superior y una cenefa interior.  Se utilizaba para preparar y mezclar bebidas (sobretodo vino y agua).
La cerámica ática llegó desde la región de Atenas entre los siglos VI y IV aC. Podía estar toda barnizada de negro, o bien decorada con figuras negras (entre 600 y 450 aC) o rojas (más adelante, entre 500 y 300 aC). La mayor parte de las piezas se utilizaban para servir o beber líquidos, sobretodo vino. Los habitantes de nuestras tierras (los iberos) solían depositarlas como ofrenda en las tumbas.

LOS KYLIX

Un kylix (plural kílix o kílices; a veces transcrito por error como kylix) es una copa para beber vino, con un cuerpo relativamente poco profundo y ancho levantado sobre un pie y con dos asas dispuestas simétricamente.

El círculo de interior casi plano sobre la base de interior de la copa, llamado tondo, fue la superficie principal para la decoración pintada en los kílix de figuras negras o figuras rojas del siglo VI y V a. C. Como las representaciones estaban cubiertas de vino, las escenas sólo se revelaban por etapas cuando el vino se apuraba. Fueron a menudo diseñados con esto en mente, con escenas creadas con el propósito de que sorprendieran al bebedor al quedar al descubierto.
Como el principal uso del kílix era en los simposios, a menudo se decoraban con escenas divertidas, románticas, o de naturaleza sexual, que se hacían visibles cuando el asistente se bebia la copa. Dioniso, el dios del vino, y sus sátiros eran temas corrientes. También se representaban escenas de amor heterosexual o pederástico, sexo u orgías. La forma del kílix permitía al bebedor beber mientras estaba recostado, como se hacía en los simposios. La palabra kílix procede del griego κύλιξ "copa".
Kylix de figuras negras. Escena de una biga conducida por dos figuras femeninas togadas a la derecha, enmarcada por dos motivos vegetales, representa a una diosa en carro con Apolo tocando la lira (Kytara).
Copa de figuras negra s (kylix-skyphos) del pintor de Haimon, con escena de diosa en carro con Apolo tocando la lira ("kytara") (475-425 aC).
Las escenas preferidas de los pintores cerámicos griegos eran los mitos griegos y el deporte. La pieza muestra una diosa, seguramente la de la guerra (Atenea) o la de la caza (Ártemis), sobre un carro, con Apolo (que suele acompañar otros dioses) tocando la lira.
Kylix de figuras negras. La escena representa  en el fondo interior se trata de un banquete del dios Dionisos tumbado en una cama acompañado de una mujer sentada (Ariadne, su esposa) y otro dios. En el interior restos de un sátiro del séquito de Dionisos.

LOS SKYPHOI

Los primeros skyphoi se comenzaron a realizar durante el Periodo Geométrico (900-700 a.C.). Su forma quedaría establecida en Corinto y posteriormente fue exportada a Atenas y seguida por los maestros cerámicos de esta polis. Durante un largo tiempo su forma se mantuvo mientras que la decoración fue cambiando, y fue durante el periodo de dominación romana cuando la forma se fue haciendo cada vez menos común y perdiendo relevancia hasta desaparecer.
En la clasificación de cerámica de la Antigua Grecia, un skyphos (griego: σκύφος; skyphoi, plural) es una taza de vino profunda con dos asas con una base baja y ancha, o sin base. Las asas pueden ser pequeñas y horizontales proyectadas desde el borde (en formas corintias y atenienses) o pueden ser en forma de lazo que se colocan en el borde o que sobresalen de la base. Los skyphoi del tipo llamado glaux (búho) tiene un pequeña asa horizontal y una vertical.
El Skyphos es una copa profunda, generalmente usada para beber vino. Sus asas parten del borde del vaso y son horizontales, diferenciándose así de otros tipos de vasos como el kantharos.
Los skyphos más antiguos son del período geométrico. Corinto estableción las convenciones de diseño que siguió Atenas. Durante un largo periodo la forma siguió siendo igual mientras que el estilo de decoración cambió.
 Esta copa de de vino de figuras negras (skyphos) del pintor de Haimon muestra al dios inventor de esta bebida, Dionisos, subido a un mulo y acompañado por dos ménades ébrias (mujeres de su séquito), danzando.

El skyphos pertenece a un gran conjunto de vasos llamados Calcis taller de Magna Grecia, el centro de la producción es aún desconocido.

ASKOS ATICO DE BARNIZ NEGRO



 JOYAS


Se exponen una serie de collares, pendientes, anillos y colgantes fenicios, de estilo orientalizante. Los collares originales se exponen durante algunos períodos del año, con especiales medidas de seguridad, y durante el resto se sustituyen por un holograma (fotografía en tres dimensiones a tamaño real) del collar del Poble Nou.

COLADOR ETRUSCO


A partir del segundo cuarto del siglo V hasta finales del siglo IV nuestras necrópolis van a sufrir un cambio. Al mismo tiempo que siguen perviviendo las sepulturas de fosa simple con revoco de arcilla, se conservan evidencias de una monumentalización del área funeraria mediante enterramientos en forma de túmulo escalonado de piedras trabadas con barro y fosa central, que sin duda estarían coronados por pilares estela y rematados por esculturas. Aunque las tumbas tumulares son bastante frecuentes en este periodo, los restos escultóricos documentados son escasos, reduciéndose a 4 fragmentos todos ellos del Poble Nou; la cabeza de un toro localizado de forma casual en la década de los 70 y tres fragmentos escultóricos documentados en el 2001, todos ellos pertenecientes a diferentes toros de piedra arenisca, destacando por su estado de conservación el que representa los cuartos delanteros de este animal.

jueves, 24 de noviembre de 2011

PORTUS ILLICITANUS


El Portus Illicitanus fue en tiempos romanos uno de los puertos comerciales más importantes del Mediterráneo occidental. Era el centro de importación y exportación de la ciudad romana de Illici (La Alcudia, Elche).
  Mencionado desde la antigüedad por geógrafos, historiadores, cronistas y arqueólogos, las fuentes hablan incluso de un episodio de importancia histórica que sin duda tuvo que ver con la decadencia de la ciudad. En su lucha contra los vándalos, el emperador Mayoriano perdió en esta rada gran parte de su flota en el año 460 d.C.
Aunque la ciudad que se formó al amparo de esta actividad portuaria en buena parte ha sido destruida debido a la construcción de nuevos bloques de viviendas en Santa pola, todavía podemos disfrutar de varios yacimientos que se salvaron de la especulación gracias a una mejor valoración de los restos y al firme propósito de la población para proteger su pasado.
 Hoy se pueden visitar tres áreas donde se conservan estructuras arquitectónicas de época romana.
 Si bien el periodo de esplendor de esta ciudad portuaria fue durante la época imperial romana, entre los siglos I al IV d. C, su origen es bastante mas antiguo, ya que anteriormente existía bajo la urbe romana un poblado ibérico, del cual han aparecido materiales y estructuras que llegan al siglo V. a. C.


La zona que primero se habitó se encuentra al Oeste del cementerio, entre éste y el campo de fútbol. El yacimiento se encuentra en un amplio descampado vallado. Aunque lo que se ve en la actualidad es casi en su totalidad romano, también se hallaron estructuras arquitectónicas y cerámica iberas junto con varios ejemplares de cerámica griega. Era un poblado fortificado que se ha identificado como Alonai o Alone y hacía de lugar de contacto entre el comercio griego y púnico y la ya entonces importante ciudad íbera de Illici hacia el siglo V a.C. El poblado ibérico se desarrolló entre el 430 y el 350 a.C. abandonándose posteriormente por causas desconocidas. Hoy se distinguen varios muros y balsas relacionados con la industria de los salazones de pescado de época romana pertenecientes al Portus Illicitanus, cuyas estructuras se superponen a las íberas.
         
El segundo y más importante de los yacimientos lo encontramos dentro del parque “El Palmeral”, en el mismo centro de Santa Pola, donde se encuentran los restos de una lujosa villa señorial del Bajo Imperio datada en el siglo IV d.C.


La vivienda se distribuye alrededor de un gran patio-peristilo de catorce metros de lado, rodeado por un corredor pavimentado con mosaicos que aún se conservan “in situ”, lo que le da una especial importancia dentro de la arqueología alicantina. Al peristilo comunican varias estancias con diferenciación de tratamiento según tengan más o menos importancia dentro del conjunto. Así, las más importantes también tienen recubrimiento de mosaico, mientras que en las habitaciones secundarias el pavimento era de tierra apisonada.


El ornato de los mosaicos lo componen motivos geométricos a base de grecas y nudos de Salomón, decoración en boga en el siglo IV d.C.

Destacan las dos estancias principales de la casa por su amplitud y su profusa decoración musiva. Son el salón de estar (oecus) orientado al NO y el triclinium (comedor) situado en el ala NE. Estas habitaciones eran el centro social de la casa, donde se reunía la familia, pero también se recibían invitados y se cerraban negocios, siendo el escaparate de la riqueza de los poseedores de la villa de cara al exterior.
Sólo hay que salir del parque y cruzar la Avenida Portus Illicitanus para dar con el tercer yacimiento visitable. En un amplio recinto protegido con una valla permanecen los zócalos de numerosas estructuras arquitectónicas que se pueden dividir en dos grupos. Unas son domésticas, pequeñas viviendas. Las otras nos hablan del Portus Illicitanus mercantil e industrioso. Son estructuras rectangulares de grandes dimensiones que se han identificado como almacenes de mercancías. En estos depósitos se guardaban los productos llegados al puerto para su distribución o bien para su exportación por vía marítima a otras provincias del Imperio.


Las estructuras en su mayoría pertenecen al siglo IV d.C. como la villa señorial, si bien se han constatado restos y materiales desde el siglo I d.C. Viviendas y almacenes tienen el mismo sistema de construcción: sobre un zócalo de piedras se levantaban paredes de adobes que estaban enlucidas en su cara interna y pintadas en rojo, negro y amarillo. La techumbre era de tejas. Los suelos se pavimentaban con tierra apisonada o pequeños cantos rodados.
Junto a una de las viviendas apareció un aljibe de dos metros de diámetro con brocal de piedra que serviría para recoger el agua de lluvia que escurría por los tejados de las casas próximas. También se han hallado conducciones y canales de desagüe que vertían sus residuos al mar, que entonces llegaba prácticamente hasta esta zona.


En esta zona es donde más abundancia de materiales se han hallado, lo que ha permitido concretar los contactos y rutas marítimas de las que participaba el Portus Illicitanus.
Cerámica itálica y sudgálica, lucernas, cerámica africana y ánforas nos hablan de una intensa actividad comercial amparada por la Paz Augustea que promovió el desarrollo industrial y comercial de las provincias. Los barcos que salían de este puerto llevaban vino, aceite, trigo, salazones, cuero, esparto y lanas a los puertos romanos y volvían cargados de productos manufacturados y de lujo. Dos rutas tenían en su recorrido una parada obligada en este enclave. La primera venía de Andalucía y bordeando la costa española mediterránea llegaba al litoral alicantino, de donde partía a Roma pasando por las Baleares. Una segunda ruta seguía desde Santa Pola hacia el Norte, pasando por Cataluña y el Sur de Francia y desde allí por los ríos Ródano y Rin alcanzaba el limes germánico. A partir del siglo III se añadieron a este trasiego substanciales importaciones desde las provincias africanas.
El Portus Illicitanus fue por tanto una escala fundamental en las rutas comerciales de la época y al mismo tiempo un centro de redistribución de los productos importados, siendo un polo romanizador de primer orden.
No hay que dejar de visitar el Museo arqueológico de la localidad, donde se pueden ver los hallazgos encontrados en las excavaciones y maquetas y reproducciones del aspecto que debió tener la villa romana.

No es segura su identificación con la factoría griega de Alonis, pero en todo caso sí que pudo tratarse de un puerto indígena frecuentado por comerciantes y artesanos imbuidos de “helenismo”, tanto griegos como fenicios.

Con arcilla menos vasta y con cerámica romana aparecen unos olpes pintados al estilo  de lo que se ha venido a llamar "cerámica romana de tradición ibérica".
En Alhama de Murcia aparece un olpe con las mósmas características que los e Santa Pola, pero con motivos  alegóricos al culto del  falo, típico de las sociedades antiguas del Mediterráneo y de otras culturas como en sudamérica. 

miércoles, 23 de noviembre de 2011

LA ALCUDIA

Se ha erigido un aparatoso decorado en el lugar donde fue hallada el 4 de agosto de 1897 la Dama de Elche, en el Yacimiento de L'Alcudia. Es éste un yacimiento humilde pero con bastantes posibilidades.

Sólo hay que dar un paseo por el Museo con el que cuenta el propio yacimiento (independiente del Museo Arqueológico de Elche o del MARQ) y uno cae enseguida en la labor realizada hasta ahora y en las sorpresas que puede deparar el futuro en un lugar en el que se han hallado restos prehistóricos, íberos, romanos, visigóticos y medievales de cierta importancia.

Sin lugar a dudas, el reclamo del yacimiento es el hallazgo de la famosa Dama de Elche que realizó fortuitamente un agricultor adolescente cuando finalizaba el siglo XIX. Existen versiones que tratan de hacer ver que la Dama de Elche no es más que una muy cuidada imitación que realizaría un artesano de la zona aprovechando la estancia en Elche de Pierre Paris, arqueólogo frances que negoció su compra para el Louvre.

En la actualidad se la considera un busto íbero realizado, posiblemente,entre los siglos III al V a.C. El análisis de la pigmentación que aún cubre alguna parte junto con el análisis comparativo de alguna de las joyas y fíbulas que decoran a la Dama (que difícilmente podrían reproducir tan exactamente los artesanos estafadores de moda en aquella época) son algunas de las más evidentes pruebas a su favor. Es muy posible que la Dama de Elche sirviera como reservorio donde ubicar las cenizas de algún difunto, alguna reliquia o un objeto sagrado (dado el agujero practicado en su espalda).

A pesar de lo estrambótico del templete de homenaje, en la visita a L'Alcudia uno no puede más que sentirse emocionado ante el significado que representa el área arqueológica: nos encontramos ante una de las más importantes ciudades íberas de la Contestanía, antecesora de la ciudad romana Illici Augusta Colonia Julia, la futura Elche que se construiría un poquito más al norte heredaría su nombre.

El yacimiento cuenta con un foro, algunas domus, un aljibe, unas termas y otras estructuras entre las que destacan los restos de una basílica paleocristiana (construida sobre un templo íbero reconstruido al lado).

Pero algunas de las cosas más sorprendentes se ubican en el Museo cercano al yacimiento. Una de ellas, la reproducción de un Calamón (Porphyrio porphyrio) entre la decoración de uno de los mosaicos romanos de los que dispone el Museo. Se trata de un mosaico de los habitualmente dedicados a motivos acuáticos y de fauna.

En una esquina se sitúa un ave, muy posiblemente un calamón, que de acuerdo con las últimas teorías quizá fuese domesticada en época romana. Ello hace más sorprendente la situación de peligro de extinción que esta especie vivió en los años 60-70, situación que afortunadamente parece haber superado.

El Museo cuenta con una buena colección de piezas neolíticas, ibéricas y romanas. Entre las ibéricas están piezas muy conocidas como el torso del guerrero con el peto en forma de cabeza de lobo.
Pero son quizá las cerámicas decoradas en estilo elche-archena las que más nos entusiasmaron.

Contestania es el nombre que dan los autores antiguos (Estrabón, Plinio en su Historia Natural, Ptolomeo) a la región sureste de la península ibérica (equivalente al Alicante actual) donde vivía la tribu ibera contestana, cuya cultura está muy influida por la cercanía a la costa y la facilidad que ello suponía para el comercio con fenicios y griegos.

Entre las manifestaciones artísiticas más sobresalientes de los contestanos, además de la Dama de Elche, se encuentran los motivos decorativos de sus cerámicas que han dado nombre incluso a un estilo, el de Elche-Archena (antes llamado de Archena a secas) que incluye abarrotadas escenas, especialmente zoomorfas, que apabullan al observador entretejiendo las figuras con motivos geométricos y vegetales. Es asimismo habitual la presencia de figuras humanas en estas cerámicas (al lado, una figura femenina monta a pelo sobre un caballo). En el Museo de L'Alcudia hay una buena representación de todo ello.

La cerámica ibérica, según el arqueólogo Ruiz Molinos, pasa por seis fases en función de la época en la que fue realizada. Muchas de las cerámicas del Museo de L'Alcudia pertenecerían a la etapa Ibérico IV (350/300- 175/150 a.C.) o Ibérico pleno-tardío, etapa en la que aparece el estilo Elche-Archena.

Entre las más sorprendentes, el impresionante kalathos llamado de "la tonta del bote", nombre procede de los rostros que aparecen bajo las asas de este enorme vaso ibérico y cuya imagen, después de un curioso juicio por sus derechos, es en este momento el logotipo del Museo.

Este vaso presenta una riquísima decoración simbólica, por lo que pudo tener un uso cultural o ritual.




En realidad, llaman la atención todas las vasijas y jarras ibéricas con este tipo de decoración. Algunas de ellas son realmente fascinantes. Por ejemplo, el vaso en el que aparece una figura humana envuelta en un manto con capucha sujetando las riendas de un caballo ensillado que camina detrás de él.

Según la documentación, esta escena responde bien a un tema de la vida cotidiana o bien una escena de tipo funerario, en el que un ibero conduce el caballo de un difunto cuya alma, en forma de pájaro con las alas extendidas, les sigue.


En cualquier caso, es una imagen muy poderosa y muy relacionada con el resto de imágenes zoomorfas tan abundantes en esta estética ibérica.




El ave con las alas extendidas es uno de esas imágenes y, además, una de las más extendidas. Posiblemente se trate de un ave rapaz (un águila, por ejemplo).

El que el pico no se corresponda con estas aves más bien se puede deber al simbolismo que busca el dibujo.


Además de estas aves, en las cerámicas aparecen jabalíes, peces, conejos o liebres, caballos, toros, cabras y un largo etc de fauna que, acompañados por la decoración típicamente vegetal de zarcillos y hojas de hiedra, representan la significación que los pueblos ibéricos le concedían a la naturaleza que les rodeaba.


Pero son los lobos los verdaderos protagonistas de estas cerámicas. El lobo representa un verdadero icono religioso o social para los iberos. Aparecen lobos en sus escudos, en algunas lápidas funerarias, en las grandes esculturas tan representativas de la época... y por supuesto, en la decoración de las cerámicas de Elche-Archena.


Aquí el lobo, interepretado como el "carnicero", aparece siempre en actitud fiera y desafiante, con las fauces abiertas, como figura completa o en protomo, siendo "domado" o cazado por el hombre o manifestando su poder y gran presencia apareciendo como figura que ocupa mayor espacio en muchas de las cerámicas del Museo de L'Alcudia.


Estos carniceros, al igual que las aves con alas extendidas, son muy representativos del estilo Elche-Archena y fueron pintados utilizando pigmentos basados en óxidos de hierro, manganeso y aluminio.


Una de las cosas más curiosas que se pueden observar en los amplios fondos del museo es, precisamente, la evolución de esta cerámica ibérica. Tras la conquista por parte de Roma y la consiguiente romanización de los pueblos indígenas de la península, la decoración ibérica va desapareciendo poco a poco.

Aún se pueden hallar vasos y platos del siglo I a.C con alguna decoración que recuerda a la ibérica pero que paulatinamente se irá basando en figuras geométricas y vegetales no quedando rastro siquiera de carniceros, aves o jabalíes.

Al final de época romana no hay huella de los estilos iniciales de época íbérica, ni de su abarrotado y barroco imaginario.