Las excavaciones en Los Villares (Caudete de las Fuentes) se iniciaron en los años 1950-1960 y desde 1980 están dirigidas por Consuelo Mata, de la Universitat de València.


La población que se instala, a principios del siglo
VII a.C., en el cerro de Los Villares
tiene una cultura material característica de un Bronce Final avanzado que
recibe de forma casi inmediata productos procedentes de la costa.
Hasta inicios del VI a.C. existe una secuencia
ininterrumpida de fases constructivas y remodelaciones de los espacios
habitados y de circulación que apenas se intuyeron en las publicaciones
anteriores (Mata, 1991, 24; Mata et alii, 1999).
Las viviendas son alargadas, separadas en algunos casos
por estrechos pasillos, sin apenas divisiones internas y con un hogar circular,
plano o en cubeta. Las paredes son de adobe sobre un zócalo de dos hiladas de
piedras pequeñas.



El poblado tan sólo conserva posibles tramos de muralla o de muro perimetral en su lado oeste y todavía no ha sido localizada su necrópolis. Por otro lado, tal y como era práctica habitual entre los iberos, se han hallado algunos enterramientos infantiles en el interior de las casas, normalmente bajo pavimentos y/o muros.
Se conoce su existencia desde mitad del siglo XVIII, aunque no fue hasta mediados del siglo XX cuando comenzaron las excavaciones arqueológicas.

Su larga ocupación permite ver la evolución de su estructuración interna y su arquitectura. En los niveles fundacionales del siglo VII a. C. se observa un urbanismo incipiente, con habitaciones rectangulares sin divisiones internas separadas por estrechos pasillos. En el Ibérico Pleno (siglo IV-III a. C.),


La agricultura sigue teniendo como cultivos principales los cereales junto a algunas legumbres y una


Los materiales encontrados son, sobre todo, cerámicos,
aunque también hay una varilla de hierro y un fragmento de molino barquiforme.
Todas las cerámicas hechas a mano son toscas con escasa variedad tipológica;
mientras que las torneadas son de clase A, gris y oxidante, entre las que hay
ánforas, tinajas, platos y una mano de mortero, así como escasos
fragmentos de ánforas fenicias.
Kelin acuña moneda propia durante un corto periodo de
tiempo entre la segunda mitad del siglo II y comienzos del I a. C. Las monedas,
ases y semis, son de bronce y formarían parte de una emisión muy limitada,
destinada a usos locales y cotidianos.
La economía es básicamente agrícola.
La economía es básicamente agrícola.
El cultivo del cereal (principalmente
trigo desnudo y mijo) y la arboricultura (viña e higuera), proporcionan
productos básicos para el consumo humano y otros destinados al ganado. El
territorio inmediato de explotación de Kelin cuenta con un importante
potencial pecuario (oveja, cabra, cerdo y bóvido), pues dispone de una amplia
zona de pastos en la vega y en las dehesas, así como zonas forestales en La
Atalaya y La Bicuerca. Los productos obtenidos no solo sirven para cubrir las
necesidades básicas del enclave, sino que, al mismo tiempo, proporcionan
excedentes destinados al intercambio. Fruto de estas relaciones comerciales,
los habitantes de Kelin obtuvieron cerámicas procedentes de diferentes
puntos del Mediterráneo (cerámicas fenicio-púnicas, áticas e itálicas), a lo
que habría que sumar otro tipo de materiales, como el marfil o la pasta vítrea.
Asociados a cerámicas del siglo VI, hay dos hogares formalmente distintos a los datados en el siglo VII que en Los Villares son siempre circulares.
Asociados a cerámicas del siglo VI, hay dos hogares formalmente distintos a los datados en el siglo VII que en Los Villares son siempre circulares.
Otro equipamiento de interés fue el hallazgo de un ánfora
hincada en el suelo, cuyo contenido pudo ser el vino,
según el análisis de residuos hecho por Juan-Tresserras y
Matamala (2004, 286). En cuanto a su contenido, el vino, pudo ser tanto
importado como local puesto que el cultivo de la vid está ya consolidado, como
demuestra el aumento de semillas de vitis vinifera en Kelin.
En el siglo V ya han desaparecido las importaciones
fenicias y todavía no han llegado masivamente las púnicas y griegas, de ahí
alguna de las dificultades existentes para aislar ajuares y niveles de
esta cronología.
Las aproximaciones al cómputo demográfico apuntan a que el
poblado, durante esta fase, pudo contar con una población de entre 3.800 -
4.000 habitantes. La vida del mismo parece llegar a su fin de forma violenta en
torno al 80-75 a. C., tal y como se deduce del estudio de las importaciones y
la numismática. Se ha planteado la posibilidad de que Kelin tomara
partido en la guerra civil que sufrió la República romana durante esos años.
El material recuperado es, ante
todo, cerámica a torno de clase A –oxidante y reductora- y B, junto a un
pequeño porcentaje de cerámica a mano; entre las importaciones hay un fragmento
de cerámica ática y otro de ánfora fenicia; los objetos de hierro tienen una
presencia mayor que en el siglo anterior.
Los asentamientos son de nueva planta y buscan nuevos
emplazamientos, más cercanos a las tierras de cultivo.
Excepto dos de ellos, todos se sitúan en elevaciones más o
menos destacadas y son de tamaño medio o pequeño
(< 4 ha). El único lugar parangonable a Kelin por
tamaño, volumen y calidad de los materiales es Requena, pero dado el estado
actual de la información no se puede decir mucho más al respecto. En
consecuencia, se puede afirmar con rotundidad que el asentamiento mayor era Los
Villares, donde los materiales y construcciones de esta cronología se han
localizado en diversos puntos de su superficie (Mata, 1991, cuadro 1 y lám. I;
Mata et alii, 2001 a, 83 y b, 319), manteniendo las dudas razonables
sobre Requena.
Las ánforas fenicias llegan a casi todos estos lugares, pero
en Los Villares, además, se encuentran tinajas, trípodes, barniz rojo, así como
algunas imitaciones a mano y a torno; en Requena, hoy por hoy, falta el barniz
rojo. Es decir, se aprecia una distribución selectiva de productos desde los
centros mayores: Requena es el lugar más próximo a la vía de comunicación desde
la costa, por lo que el control de la misma le permite conseguir productos
variados; Los Villares es el destino principal de estos productos exóticos; los
demás asentamientos, situados al Norte y al Oeste de Los Villares, reciben vino
fenicio como forma de mantener fidelidades y asegurar una explotación adecuada
de las nuevas tierras.
El gran salto poblacional se produce a lo largo del siglo VI
contabilizándose 39 asentamientos de esta cronología.
La mayoría se ubican en el llano o sobre ligeras elevaciones
y se configuran como lugares abiertos, con escasa
densidad de material. Esto ha llevado a interpretarlos como
hábitats, con poca población, dedicados a actividades agrícolas que, en algún
caso, pudieron tener carácter estacional.
Es, en este momento, cuando en Los Villares/ Kelin se
producen las primeras transformaciones significativas
en la organización interna del asentamiento, cuando llegan
las primeras cerámicas griegas y los objetos de hierro son más numerosos. En
cuanto a la agricultura, el registro carpológico muestra una mayor presencia de
semillas de vitis, lo que significa que el cultivo de la vid se va
consolidando.
No es descabellado pensar que la fundación de nuevos
asentamientos se dirigió desde Kelin con el fin de ocupar nuevas tierras
para el cultivo, obtener recursos minerales y, con los lugares en alto, poner
las primeras bases de control del territorio. Las manifestaciones religiosas de
carácter
territorial quedan plasmadas en la frecuentación de la cueva
del Puntal del Horno Ciego (Martí Bonafé, 1990).
Su destrucción podría ser consecuencia del correctivo que
Roma aplicó a aquellas ciudades iberas que apoyaron al bando derrotado, el
sertoriano.